Nace el primer vermut almeriense

Un comerciante roquetero lo fabrica en Alhama y lo vende en Mojácar en tres variedades

José Antonio Moya (a la derecha) junto a dos colaboradores en un stand de degustación, Al lado, un cartel de su vermut.
José Antonio Moya (a la derecha) junto a dos colaboradores en un stand de degustación, Al lado, un cartel de su vermut.

José Antonio Moya González, un emprendedor roquetero afincado en las alturas de Mojácar, ha comenzado a comercializar el primer vermut genuinamente almeriense con etiqueta propia, una bebida alejada de los circuitos habituales de la hostelería provincial - sin ninguna razón aparente- y que en otras décadas gozó de una gran popularidad en bares y restaurantes.


Este nuevo producto, que  ya recetaba el célebre Hipócrates en la Antigüedad clásica, se fabrica en la planta industrial de Diego Gómez, en Alhama de Almería, en el Polígono de Huéchar quien popularizó hace años el célebre licor de chumbo almeriense. 

José Antonio lo vende en su tienda de Mojácar, en la calle Alcalde Jacinto y en el quiosco de productos gourmets del Paseo de Almería, junto a la Plaza del Educador. Esta nueva bebida almeriense, que cotiza a diez euros la botella, se presenta en tres variedades: blanco, rojo y rojo fuerte mezclado con enebro y con dos meses más en barrica.


Este comerciante abrió su gourmetería mojaquera,  hace diez años, huyendo de otros sectores como el de la hostelería y el inmobiliario y buscando la paz de esa montaña habitada del Levante almeriense. 


Poco a poco, se ha ido haciendo con un mercado fiel, en el que caben los nativos, turistas ocasionales  y visitantes asiduos que se decantan por los productos almerienses que vende durante los doce meses del año.


El último artículo de su portfolio ha sido el vermut, bajo la marca Glamour, por el que se pirran sobre todo sus clientes madrileños y navarros, pero antes se ha ido haciendo un hueco con su cerveza Moxácar, que fabrica en Huércal de Almería, en las instalaciones de la marca Origen, y también con la ginebra,  que también fabrica en Alhama de Almería, así como vodka y licores artesanales de varios sabores: tomillo, naranja,  vainilla, café y caramelo.


“La cerveza se la llevan sobre todo los jóvenes, la ginebra, el vermut y el vodka, los maduros y los licores, sobre todos los clientes del Imserso”, explica totalmente convencido. José Antonio es un firme paladín de los productos almerienses, “prácticamente solo vendo productos de la provincia y siempre introduzco logotipos de la tierra en las etiquetas, como la tortuga mora o el  pirata El Joraique". “Vermut puede haber algunos que se hacen caseros, pero el único con etiqueta industrial almeriense es el mío”, asegura con orgullo de comerciante diferenciado.


Ahora anda detrás de poder hacer un vermut con sifón, “como los de toda la vida”, señala, aunque reconoce que es difícil  meterse en el mercado de los bares y restaurantes, donde Martini copa el mercado y en menor medida Cinzano.


Para el vermut blanco utiliza la uva macabeo alpujarreña y para el tinto, la tempranillo y también tiene venta online.

“He intentado dos veces hacerme rico, y dos veces que he fracasado, ahora aspiro solo  a vivir tranquilo en la paz de Mojácar, vendiendo productos de mi tierra”, argumenta.


En su muestrario, junto a la Iglesia de Santa María, junto a la que fue la vieja taberna mojaquera del Rincón de Diego, no se le escapa ningún sabor urcitano: brilla en su mostrador el rojo de la sobrasada casera, el chocolate de Berja, la morcilla picante y sin picar, aquella sangría artesanal llamada Cuerva por los antiguos mineros de la Sierra de Almagrera, las patatas a lo pobre o la salsa de tomate frito y seco.


De los clubs nocturnos a la botillería gourmets
Nació José Antonio en la Roquetas pueblerina, la de hace 49 años, de una mezcla, como su vermut: su padre fogueado en el gremio de los pesca; y su madre, en la agricultura. Él, churrasquero, prefirió, desde casi imberbe, debutar en el mundo de la hostelería y ha sido su camino en este sector una carrera de fondo, tocando todos los palos,  nadando en todas las aguas. Empezó de camarero, poniendo copas en las discotecas Caribe y Crisis, conociendo al malogrado Giuseppe D’amico. Después se trasladó a la capital y abrió el Salón Venue, en lo que hoy es el Ay Carmela, frente a la Iglesia del Corazón de Jesús, y después, con el mismo nombre, en el Parque, en lo  que ha sido la Mae West después, y en el Puerto de Aguadulce, y gerenció después la bodega de Paco Ferre, que compró Cecilio Guillén (Agrupaejido).


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