El Lugarico: Un almeriense en la corte de Picasso

José Antonio Ramón Parra Menchón ha pasado a la historia del arte como Ginés Parra

Guernica de Picasso.
Guernica de Picasso. La Voz
Francisco Giménez-Alemán
19:33 • 04 feb. 2023 / actualizado a las 19:34 • 04 feb. 2023

José Antonio Ramón Parra Menchón ha pasado a la historia del arte como Ginés Parra, nombre que adoptó en recuerdo de su hermano fallecido, y así firmaría sus cuadros a lo largo de una ajetreada vida. Nacido en Zurgena en 1896, pronto su familia se trasladó a Argelia y algún tiempo después a Buenos Aires. Nueva York y finalmente París serían otros destinos del joven Ginés, cuya obra pictórica empezaría a ser muy valorada en los círculos artísticos de la capital francesa donde convivió en la corte de Pablo Ruiz Picasso, junto a Manuel Ángeles Ortiz, Julio González y otros artistas españoles.



Parra llegó a tener amistad muy cercana con Picasso. Era habitual de su estudio y uno de los pocos que soportaba de buen grado el mal humor del malagueño y su falta de empatía. Pero este nuestro paisano, buen hombre, cazurro y listo como él solo, le tenía tomada la medida al gran genio de la pintura del siglo XX y entre café y café le comentaba noticias de España apostando siempre por la pronta caída del régimen de Franco. Fue en una de esas conversaciones más o menos relajadas cuando Picasso le dijo a Parra que había firmado un documento notarial según el cual el Guernica, su obra mundialmente famosa, permanecería en depósito en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) hasta la restauración de la República en España. Parra, que había escapado de Madrid a la entrada de las tropas nacionales, entendía desde su pragmatismo político que con esa condición sería muy difícil, por no decir imposible, que la obra maestra del genio malagueño volviese a España proclamada una hipotética III República.



Según testimonios de algunos corresponsales de prensa en París, años cincuenta, Ginés Parra encontró la fórmula para convencer a Picasso de que debería reformar el documento y condicionar el regreso del Guernica a la instauración de la democracia en nuestra nación. Esta nueva cláusula del testamento fue la clave para que el ministro de Cultura Íñigo Cavero y su director general de Bellas Artes, Javier Tusell, lograsen vencer la resistencia del MOMA y poder traer a Madrid en 1981 el cuadro que presidió el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937. Fue un éxito total del último Gobierno de Adolfo Suárez que tuvo enorme repercusión mundial en favor del nuevo régimen, la Monarquía Parlamentaria, percibida ya en el concierto de las naciones como el sistema que había devuelto las libertades a España, tal como había exigido Picasso para la restitución del cuadro al Estado español.



Tuve ocasión de contemplar el Guernica en el Museo neoyorquino en 1981, meses antes de su viaje a Madrid, y luego lo he vuelto a ver en su primitiva exhibición del Casón del Buen Retiro y en su definitiva y grandiosa sede permanente del Museo de Arte reina Sofía. Siempre me pareció un cuadro asombroso que refleja como ninguna otra obra pictórica el drama secular de España, la tragedia que vivieron nuestros antepasados, nuestros abuelos y nuestros padres en los años convulsos de la reciente historia. Y cada vez que lo veo no puedo por menos que recordar al almeriense Ginés Parra quien con mano izquierda aseguró el porvenir de un cuadro que de otra forma hubiese quedado a perpetuidad en Estado Unidos.



Ginés Parra fue un sobresaliente pintor de la llamada Escuela de París hasta su muerte en 1960. Sinceramente yo no sabía de su existencia hasta que un día hablando con Luis Miguel Dominguín en Sevilla le comenté que yo era de Almería y me dijo que tenía un cuadro de un pintor “paisano tuyo”, Ginés Parra, siempre presumía de haber nacido en Zurgena. La gran figura del toreo fue amigo de Picasso y conoció a toda esa corte que le



rodeaba en Francia. Por cierto, Luis Miguel, se refirió a alguna de sus tardes en nuestra Feria cuando cortó las dos orejas a uno de los peores toros de su vida, según me dijo. Ciertamente lo pude comprobar en la crónica del Yugo (antecesor de LA VOZ DE ALMERÍA) firmada por Volapié, el gran maestro del Periodismo almeriense Juan Martimar, mi primer redactor-jefe en esta profesión.



No creo equivocarme mucho si expreso mi opinión sobre la ingratitud de nuestra tierra con muchos de sus hijos más ilustres. El caso de Ginés Parra es paradigmático. De cien almerienses a los que preguntásemos hoy por este gran artista que se codeaba con Pablo Ruiz Picasso, posiblemente cien no sabrían responder. Bien es verdad que la dictadura actúo como una losa sobre nombres y personalidades dignas de ser recordadas por el pecado de pensar distinto a lo que ordenaba el Movimiento Nacional. Pero ello no es óbice para que restaurada la democracia y vuelto a España el Guernica también hagamos memoria en nuestra capital de almerienses como Ginés Parra, natural de Zurgena. Su pueblo sí que lo tiene presente, tanto en un centro de adultos como en el parque que lleva su nombre.




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