Tres muertes que caen como una bomba en El Alquián

Los vecinos de los niños fallecidos no podían creer lo sucedido: “Eran muy buena gente“

Los vecinos de la calle Euro, en el centro de El Alquián, escucharon cerca de las doce de la noche del martes, una especie de explosión, como una bomba. Cuando salieron a la calle observaron una densa humareda procedente del ático en el que vivían Ahmad y Habiba Ouatara, un matrimonio procedente de Costa de Marfil con sus dos hijos pequeños.


Pocos minutos después comenzaron a llegar coches de bomberos y policías y más tarde conocían ya la trágica noticia: Habiba había fallecido junto a sus dos hijos, de once y cuatro años de edad en el incendio, que había afectado solo a una habitación de la casa. 


Una vecina cuenta en la calle que minutos antes de que se declarase el fuego había escuchado aporrear una puerta en el ático. Según sospechaba, podía tratarse del hermano de Ahmad, que no habría podido acceder al dormitorio afectado por el fuego. Mientras, el marido, camionero de profesión, estaba de viaje en Alemania, según algunos de sus vecinos.



El hermano del marido de la mujer, que según ha informado este jueves la policía vivía en el mismo bloque y al percatarse del incendio subió al piso de su cuñada "bajó de la casa con agentes después de que el fuego estuviera apagado y habló con ellos en la calle”, mantenía la mañana de este miércoles Ramón, antiguo repartidor de La Voz de Almería, quien decía conocer al matrimonio desde hacía más de una década, cuando se establecieron en El Alquián. Al menos aquí había nacido, asegura, el hijo menor de la pareja, que estudiaba segundo de Educación Infantil en el Colegio San Bernardo de la barriada, muy próximo a la casa en la que vivían. También estudiaba en este centro su hermano mayor, que cursaba quinto de Educación Primaria. 


Simpáticos y sociables



“Los dos niños eran muy simpáticos y sociables, sobre todo el menor, que siempre me sonreía y saludaba”, dice con pena Carmen, vecina del primer piso. Carmen también solía hablar con la madre cuando se la encontraba en la escalera. “Tenía un nombre muy raro, extranjero”, apunta. 


Muchos vecinos del barrio estaban en su misma situación, conocían de vista a Habiba, e incluso habían hablado con ella, pero desconocían su nombre. La mujer era conocida sobre todo en tiendas cercanas a su casa y al colegio donde estudiaban sus hijos. 


Los propietarios de la Carnicería El Alquián, situada junto a la guardería municipal, estén entre los pocos que nos dieron su nombre, así como el de su marido. “Habiba era buena persona, puede que un poco rara, porque de pronto hablaba o reía sola”, dice Luna, la propietaria de la tienda. 


También sostiene que en los últimos tiempos había notado un cambio importante en ella: “Cambió de look, se puso una peluca y vestía mucho más elegante que antes”, afirma. Otras fuentes  aseguran que Habiba, de unos 40 años, había tomado otras serias decisiones sobre su vida personal recientemente.


 “Era una mujer introvertida, antes había trabajado en los invernaderos con su marido, pero ahora no. Él se sacó hace poco el carné para conducir camiones y ahora trabaja como camionero”, sostiene Ramón, que solía encontrarse con Ahmad por las mañanas cuando él repartía periódicos y su amigo se preparaba para ir al campo. 


Viaje a Alemania

Ilie, el encargado de un locutorio cercano, también conocía bien al matrimonio. “Ahmad estuvo aquí el sábado pasado. Trabajaba como camionero en una empresa de Níjar. Me dijo que este pasado domingo por la tarde o el lunes por la mañana tenía previsto salir para Alemania, donde solía viajar con frecuencia”, explica. 


Habiba acudía al locutorio a menudo: “Venía a por pan, agua, leche y solía comprar muchas chucherías para sus hijos. También acostumbraba a mandar desde aquí dinero a su familia en Costa de Marfil”. Ilie la describe como una persona “normal” aunque en alguna ocasión tenía comportamientos “algo extraños”. 


Fuentes de una asociación de inmigrantes subsaharianos en Almería han informado a este diario de que Habiba sufría problemas de salud mental por los que estaba siendo tratada. 


No me lo puedo creer, era una familia de muy buena gente, muy trabajadores, nunca he escuchado nada malo de ellos en todo el tiempo que han vivido aquí”, se lamentaba Ramón ante un numeroso grupo de cámaras y periodistas de todos los medios nacionales que han acudido a El Alquián por esta tragedia.


Otro golpe para el barrio

La muerte de Habiba y sus dos hijos ha vuelto a llevar la tragedia al barrio de El Alquián, que había vivido hace muy pocos días otra dolorosa muerte, la del portero de su equipo juvenil de fútbol, Raúl Martínez Capel, quien falleció con solo 17 años el pasado viernes en un accidente de moto en la capital. Raúl acababa de llegar esta temporada al Español de El Alquián.


Conmoción en el colegio

Los escolares de El Alquián conocían la mañana de este miércoles la trágica muerte hacía apenas unas horas de dos de sus compañeros, dos niños marfileños de 11 y 4 años, que estudiaban quinto de Primaria y segundo de Infantil, respectivamente.  Al igual que sucedía en todo el barrio, y especialmente entre los vecinos de las víctimas, muchos de los escolares también se mostraron conmocionados por el suceso. 


Tras conocer la noticia, el equipo directivo del CEIP San Bernardo ha puesto en marcha el protocolo de duelo de la Consejería de Educación, establecido para estos casos. Para ello se ha trasladado al centro María del Carmen Contreras, responsable del Equipo Técnico Provincial de Orientación Educativa. Contreras ha coordinado el trabajo que ha realizado una orientadora de Educación, Ángeles Martínez, con los compañeros de los dos niños fallecidos. 


“Nos acercamos a los niños para acompañarles en el duelo, para contestar a sus preguntas y para ayudarles a asumir que es verdad, que dos compañeros han fallecido, y que la muerte también forma parte de la vida”, dice.


En este trabajo de duelo se favorece que los niños expresen sus emociones, bien de forma verbal, con escritos o dibujos y que realicen actividades didácticas en las que suelen expresar la huella que los fallecidos han dejado en ellos. “Los niños, aún los más pequeños, suelen comprender esta realidad muy bien, de forma incluso relajada”, asegura María del Carmen Contreras. De esta forma, todos los alumnos que han querido participar de una manera u otra lo han hecho, y el centro realizará un mural en recuerdo de las víctimas.

 

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