En casa - Día 34

“Confinados, los artistas de la Ópera de París no dejan de bailar”

Teatro de la Ópera de París.
Teatro de la Ópera de París. Pixabay

Se cuela en la habitación nada más abrir la ventana. Es un abejorro. Da vueltas y más vueltas zumba que zumba. De cuando en cuando sale, debe darse varios paseos florales, regresa colmado de polen y de nuevo continúa "El vuelo del moscardón”, el interludio orquestal de Rimski-Kórsakov, al que ambos, el abejorro y yo nos estamos acostumbrando. Me hago el distraído, no le miro; él se pavonea en círculos a mi alrededor. Ni caso. Nos hacemos mutua compañía. Llegado un momento se marcha. Algunos días me pregunto si no será un artefacto espía. Cosas del confinamiento.


Hasta el nueve de mayo no te quites el sayo, o ya puestos hasta el treinta y cuatro de juliembre, si total. El pasado sábado me arrellané en el sofá, se trataba de ver y escuchar la cuarta o quinta o más comparecencia de nuestro presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. Mi dosis de crédito se consumía en la misma proporción que se alargaba la parrafada. ¿Entre tanto asesor no habrá quien le diga que es más eficaz fijar tres conceptos, en lugar de desparramar diez mil palabras que no son sino ruido? Llegado el turno de intervenciones, a la pregunta de un colega del diario 'El País' el presidente no quiso explicar por qué no levanta el teléfono y llama directamente a Pablo Casado, líder de la oposición. Ahí se me cayó el sombrajo. El coronavirus no da licencia para la prepotencia. Me dije para mis adentros y ahora para mis afueras, que si Sánchez no llama a Casado bien pudiera ser porque no le da la gana. Bueno. Abundando en la cuestión me vinieron algunas palabras recientes de Felipe González, -referente del PSOE y estadista de verdad-, digo que aquel fetén presidente socialista ha venido a dejar constancia de lo siguiente: "Si durante el diálogo, alguno de los socios o no socios del Gobierno creen que es el momento para cambiar el modelo constitucional o romper las reglas de juego con la UE, estos se están autoexcluyendo y el Gobierno no puede ni debe tolerarlo”, quizá esta sea una de las claves de las no llamadas telefónicas de Pedro Sánchez a Pablo Casado, el de la ‘reconstrucción nacional’ alejada de la Constitución. Ahí lo dejo. Ambos se verán hoy las caras. Tal vez nos aclaren algunas dudas.


De Sevilla me llega una joya. La envía mi amigo Gabi. Los bailarines de la Ópera de París ofrecen un videoconferencia de ballet dirigido por Cédric Klapish. Una maravilla. Si pueden y quieren entren en YouTube, busquen Ballet Ópera de París, disfrutarán de magnífico Arte Contemporáneo. Confinados, los artistas de la Ópera de París no dejan de bailar, rinden homenaje a todos los que luchan en la primera línea contra la pandemia de coronavirus. Un gesto de esperanza y solidaridad, semejante a los que en nuestro país propagan grandes nombres de la cultura que, altruistamente, nos sirven su arte a domicilio. Para mí es un premio recibirlos en mi salón porque, yo, sin dudarlo, me quedo en casa.




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