El tubo de plomo de la estatua de la Caridad

Meseta entre las escaleras, donde se colocóa la piedra con el tubo de plomo.
Meseta entre las escaleras, donde se colocóa la piedra con el tubo de plomo. La Voz

Ya se ha hablado en numerosas ocasiones de la grave inundación que sufrió Almería el 11 de Septiembre de 1891. Es de sobra conocido lo que supuso para la ciudad esta inundación, que no solo causó cuantiosos daños materiales, además, se llevo la vida de varias personas.


Las crónicas de la prensa antigua recogen algunos relatos de aquellos que vivieron la catástrofe en primera persona.


Joaquín Peralta Valdivia, escribe una carta de agradecimiento al Director de La Crónica Meridional, en Septiembre de 1891. En ella alaba la hospitalidad de este con la Beneficencia Provincial y la Tienda Asilo, tras los daños sufridos por la inundación del 11 de Septiembre de 1891. Así describía Peralta Valdivia lo ocurrido aquel día:


“Un metro de agua invadía todas las habitaciones del Asilo. El agua de la rambla, que rompiendo por el huerto de la Sra. Viuda de Giménez y por la finca del Sr. González Canet, contigua al Establecimiento, se unía con la mucha que cruzaba la carretera de Murcia formando en torno de esa casa un triángulo formidable imposible de vadear, no diré por débiles y achacosos ancianos, como son los aquí asilados, ni tampoco por hombres fuertes y robustos…”




En el mismo diario, José Sánchez, agradecía al carabinero de caballería, Francisco Hernán López, por haber salvado la vida a su mujer y a sus cinco hijos, menores de edad, que se encontraban inundados en el patio de la calle Borja, a los que rescató y dio auxilio y alojamiento.


Antonio Abad, agradece a Cecilio Córdoba, por haber salvado de una muerte cierta, a su esposa y a su hija de 2 años. Madre e hija estuvieron media hora luchando con las aguas, asida a una ventana con la niña en brazos. Una hija de Cecilio se asomó al terrado y al ver a la mujer e hija de Antonio Abad corrió a llamar a su padre, que salvó a las dos. Antonio Abad era pobre, y lo poco que tenía se lo llevó el agua, y mostraba su tristeza por no poder pagar a Cecilio tan grata obra de caridad.  En homenaje a las víctimas de las inundaciones, se construyó la estatua de la Caridad, que actualmente se encuentra en la calle Reina Regente, al final del paseo, en su ubicación original con la diferencia de que cuando se colocó la estatua, esta miraba hacia la calle, y actualmente mira hacia la rambla.


La canalización de la rambla, construcción de puentes, presas, y todas las mejoras que se hicieron para evitar que esta catástrofe se repitiera son tantas, que necesitaría cientos de páginas para describirlas.


Hay un dato, quizás menos conocido, que es de lo que quiero hablar en este breve artículo.


Se trata de la meseta inferior de los dos tramos de escaleras que subían desde la rambla hasta la calle reina Regente. En el cimiento de esta meseta se enterró un tubo de plomo. Fue colocado el 19 de Mayo de 1895 con asistencia de José Batles, Alcalde accidental, D. Valero Rivera, D. Antonio Gómez, D. José de Quiñones, ayudante encargado de la inspección de obra, y D. Francisco Tortosa, contratista de la misma


 ¿Qué contenía este tubo?


La relación del contenido era la siguiente:


Un ejemplar de la “Gaceta de Madrid”, del 16 de septiembre de 1891


Una monedas de plata con el busto de Don Alfonso XIII, y la relación siguiente:


“El día 11 de Septiembre de 1891, reinando Don Alfonso XIII, y en su nombre su Augusta Madre Doña María Cristina, una avenida extraordinaria destruyó en la ciudad de Almería multitud de casas, pereciendo entre las aguas desbordadas unas 16 personas. La nube produjo también en otros pueblos de la Provincia, y singularmente en Albox, considerables daños.


Casi al mismo tiempo una inundación horrorosa del torrente Amarguillo en la provincia de Toledo destruyó 500 casas de Consuegra, entre cuyos escombros perecieron cerca de 400 personas.

En la imagen la estatua de la Caridad actualmente.
En la imagen la estatua de la Caridad actualmente.La Voz


La Reina Regente inició una Suscripción Nacional con objeto de socorrer tantas desventuras, y de construir los edificios de manera a evitar en lo posible la repetición de tan lamentables catástrofes.


El Gobierno secundó poderosamente la magnánima iniciativa de S.M. la Reina.


Con fondos allegados por la Caridad universal se están construyendo estas obras de encauzamiento y desviación de la Rambla del Obispo rn Almería.
Creóse una Comisaría Regia para administrar e invertir los fondos de la Suscripción Nacional.


El primer Comisario Regio, D, Ventura García Sancho, Marqués de Aguilar de Campoó, dispuso la redacción del proyecto de encauzamiento y desviación de las ramblas del Obispo, Alfareros, Belén, Amatisteros e Iniesta, es decir, las obras necesarias para la defensa de Almería y del Barrio Alto y del Grillo.


El Comisario Regio que suscribe dispuso la ejecución de las de la Rambla del Obispo.


El proyecto general lo redactó el Ingeniero D. Luís Olanda. En él se han introducido modificaciones propuestas por el Ingeniero D. Francisco Albacete, y aceptadas por D. Valero Rivera, Jefe de la Administración de Almería, y por D. Javier Sanz, Inspector General de la Comisaría.


Está ejecutando las obras D. Francisco Tortosa, bajo la dirección de los Ingenieros D. Valero Rivera y D. Antonio Gómez.


Esta sucinta noticia, la “Gaceta de Madrid” de 16 de Septiembre de 1891, que publica el Real decreto abriendo la Suscripción Nacional, y algunas monedas de plata con el busto de S. M. El Rey Don Alfonso XIII, serán encerradas en tubo de plomo, y este en una de las piedras del muro, ara perpetuar el agradecimiento de los almerienses a los generosos donantes, cuya caridad ha permitido ejecutar estas obras.


“Madrid 12 de Mayo de 1895 – El Comisario Regio nombrado por Real decreto de 21 de Septiembre de 1893, Manuel de Eguilior.


La pregunta es la siguiente, ¿Dónde está el tubo actualmente? No lo sé (de momento) desconozco si se encontró y se guardó, o alguien se la llevó. Quizás esté en la base de la estatua, o quizás , lo más probable, que la piedra que lo contenía se llevase a una escombrera tras la remodelación de la rambla hace unos años. Lo deseable sería que estuviese en el lugar en el que se colocó.

 

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