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Plantar cara a la fibromialgia abriendo una tienda de comestibles latina a los 50 años

La historia detrás de la tienda Gourmet Global Angélica en Roquetas de Mar

Angélica, en su tienda.

Angélica, en su tienda.Cedida

Melanie Lupiáñez
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Llegó a Roquetas de Mar hace dos años y medio por amor, con su hijo, sus gatos y lo que cabía en un coche. A sus 50 años, esta enfermera y contable colombiana decidió empezar de nuevo y abrir Tienda Gourmet Global Angélica, un comercio de alimentación internacional que nació de una necesidad muy personal: encontrar en Roquetas los sabores de su tierra. Hoy reúne más de 200 productos de distintos países y aspira a convertir su pequeño negocio en un punto de encuentro para la comunidad latinoamericana.

¿Cómo llega una colombiana de Cali a Roquetas de Mar?

Por amor. Yo vivía en Menorca, enviudé y el mejor y único regalo que me dejó mi marido fue su mejor amigo. Le pidió que se hiciera cargo de mi hijo y de mí, que estuviera pendiente de nosotros. Él se había separado recientemente, empezamos una amistad y terminamos enamorándonos. Es médico traumatólogo y estaba aquí. Me dijo que me viniera y no lo pensé dos veces.

¿Y qué encontró al llegar?

Me enamoré de Almería y de Roquetas. Aquí me siento como si estuviera en mi Cali. El clima, la gente… Lo único que le falta a Cali para parecerse a Roquetas es tener playa. Por lo demás, todo es muy parecido y me siento muy a gusto.

Usted es enfermera y contable, pero terminó emprendiendo. ¿Por qué?

No quise homologar mis estudios porque es un trámite muy caro, engorroso y lento. Además, mi titulación allí es de auxiliar de enfermería, aunque hago muchas de las funciones de una enfermera jefe. También he trabajado siempre como comercial. Después tuve un problema de salud, fibromialgia, estuve cuatro o cinco meses en cama y, cuando me recuperé, terminó la campaña en la que trabajaba. Mi marido me dijo: “Así no te van a dar trabajo en ninguna parte, vamos a poner un negocio”.

Y con 50 años vuelve a empezar. ¿Da vértigo?

No le tengo miedo a nada. Tengo fe en que mi negocio va a ir bien. Es el único de este tipo en Roquetas y mis coterráneos y otros latinoamericanos están felices de tener un lugar donde acercarse un poquito más a su tierra a través del paladar.

¿Cómo nació la idea?

De una necesidad mía. Si quería comprar determinados productos tenía que irme a El Ejido o a Almería. Yo pensaba: «¿Por qué no hay aquí un sitio donde pueda venir con mi carrito de la compra y encontrar lo que necesito?». El plátano macho, los frijoles, el maíz, los chontaduros… No es lo mismo el producto de aquí que el de Colombia. El sabor se nota muchísimo.

¿Cuántos productos tiene ya?

He perdido la cuenta, pero pueden ser más de 200. Tengo salsas, empanadas, helados, galletas, patatas, bebidas, pisco peruano, aguardiente, Pony Malta, agua de aloe vera, frijol colombiano, maíz para hacer arepas y hasta un molino para que el cliente pueda molerlo.

¿Quiere ser una tienda colombiana?

No. Quiero que sea global. Hay productos de Colombia, pero también de Perú, Ecuador, Argentina, Honduras, Nicaragua y otros países. Estoy intentando tener algo representativo de cada uno. Y más adelante quiero incorporar productos de otros países europeos.

En su nombre aparece la palabra «Gourmet». ¿Qué significa para usted?

Yo soy, como decimos en Colombia, «boquisabrosa». Me encanta la buena comida y probar cosas nuevas. Y «gourmet» significa que quiero traer lo mejor de cada país, productos originales y de calidad.

¿Qué diferencia su tienda de la sección internacional de un gran supermercado?

Primero, los precios. Por ejemplo, una botella de aguardiente antioqueño que en Carrefour puede costar más de 25 euros, aquí la tengo a 15. Y quiero que la gente pueda comprar sin dejarse medio sueldo en una salsa o una harina.

Lleva apenas unas semanas. ¿Cómo está funcionando?

Al principio, suavecito, porque nadie nos conocía. Pero ayer tuve un día fenomenal, con gente esperando en la puerta. Estoy moviendo Facebook, Instagram, TikTok y WhatsApp. Hay que estar todos los días haciendo algo en redes.

¿Y qué ha significado personalmente abrir esta tienda?

No te imaginas. Desde que estoy aquí no he vuelto a sentir el dolor que sentía antes. Me levanto temprano, hago las cosas de casa, vengo a la tienda, atiendo, limpio, vuelvo a casa, cocino y regreso si hace falta. Llego cansada, pero tranquila. Para mí esto ha sido una bendición.

¿También es una forma de sentirse más cerca de Colombia?

Sí. Aquí no solo vendo productos. También vendo recuerdos. Cuando alguien entra y encuentra algo que le recuerda a su país, la cara le cambia. Y eso es lo más bonito que me está dando este negocio.

Angélica se despide con su guardián de cuatro patas, mucha ilusión y esperando que llegue el cartel de la entrada que la posicione en la avenida Sabinar. Le deseamos la mayor de las fortunas.

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