Medio siglo detrás de una barra
La otra cara de Juan Martínez, camarero de Casa Puga

Juan Martínez Miralles.
Juan Martínez Miralles, uno de los iconos de la hostelería almeriense, nació el 10 de abril de 1956 en la barriada de Chamberí. No hay antecedentes gremiales en sus tres hermanos, ni en sus padres. A los 8 o 10 años la familia se fue a vivir a la plaza de San Antón y en sus primeros años de adolescencia con 15 años recién cumplidos, se mudaron a la calle general Luque a un edificio colindante con la iglesia de San Juan. El pequeño hizo la EGB en el colegio obispo Diego Ventaja sito entonces en la calle de la Reina, donde permaneció hasta octavo y duramente esos años estuvo en una clase para los Seises de la catedral, siendo entonces obispo de Almeria Angel Suquía Goycoechea y Juan López Martin, archivero. Para Juanito Martínez Miralles coloquialmente conocido como “Juanico el del Puga” los estudios empezaron a pasar pronto a un segundo plano y fue entonces cuando tras dejar atrás la etapa del pantalón corto, se le presentó su primer trabajo en lo que ha sido la actividad que ha estado desarrollando durante más de medio siglo.
¿Recuerda de cuando es su primera nomina?
La guardo aún con mucho cariño y como oro en paño. Está fechada el 1 de mayo de 1971 estando en la cafetería “El Paso” de la calle Mariana siendo su propietario Pepe Montes y en donde estuve durante doce años hasta mayo de 1983, cuando Montes y su socio Pepe Padilla fundaron la cafetería Roypa en la calle Juan Lirola.
Y estando allí, le llega la oportunidad de empezar a trabajar en Casa Puga. ¿Es así?
Yo, ya conocía a su dueño Leo Martin y a sus hijos, Leito y Jose y un buen día, en las horas libres que me quedaban del Paso iba a echarles una mano y así como quien dice estuve unos cinco años, hasta que a mediados del mes de junio del 83 me quedé definitivamente en el Puga. En esa casa y con el cambio de titularidad de la empresa en 2015, estuve trabajando cuarenta y cinco años hasta 2021 cuando me llegó la hora de la jubilación.
Cómo camarero. ¿Cuál ha sido su mayor habilidad?
Je je. Tener siempre un buen humor, ser sociable y muy presente en todo momento de las necesidades del cliente.
¿Qué importancia tiene la imagen de un camarero en este trabajo?
Es un detalle muy importante. Pulcritud, limpieza y sobre todo empatía con el público, manteniendo discretamente un contacto visual para saber en qué momento es necesaria nuestra intervención.

Juan, mítico camarero de Casa Puga.
O sea. ¿Qué para usted la atención al cliente ha sido un pilar firme en su profesión?
Por supuesto y se lo resumo tal y como se dice en nuestro argot. “Estar siempre encima del cliente”…sin agobiar, je je
Trabajar de camarero es muy sacrificado. ¿Está bien remunerado?
Particularmente en mi caso, no tengo queja, aunque en general siempre todo es susceptible de mejorar, tanto los intereses de los profesionales como los de la propia empresa.
Usted ha estado medio siglo detrás de una barra. ¿Si volviera a nacer seria camarero?
Rotundamente sí. Y le digo más, volvería a trabajar en Casa Puga. Tanto Leo Martin y sus hijos antes, y como sus actuales dueños para mí han estado sido siempre como parte de mi familia.
¿Qué edad tenía cuando puso su primer café o tiró su primera caña de cerveza?
Sobre los 15 años en la cafetería El Paso. Guardo buenos recuerdos de su clientela. Iba mucha gente del Ayuntamiento, los juzgados y de Radio Juventud de Almeria. Al ser el benjamín de los camareros todos los clientes me apreciaban y se portaban muy bien conmigo.
Para usted ¿Cuál es su tapa favorita de Casa Puga?
Creo que coincido con una gran parte del público. Las populares gambas rebozadas o “gambas a la gabardina” son una autentica obra de arte en la cocina. Se elaboran de una forma artesanal y las de Casa Puga tienen fama internacional.
¿Quién ha sido su mejor maestro?
Sin género de duda el recordado Leonardo Martin el gran alma de “Casa Puga” en todos los aspectos y que fue una autentica figura, también sus hijos Leito y Jóse y ya en esta época actual Jose Angel Pastor.
¿Cuál es la mayor dificultad que tiene que superar un camarero?
Mas que dificultad, solventar situaciones más o menos delicadas. Siempre no perder las formas, buena dosis de paciencia y tener controlada la situación. El público no es siempre fácil. Ahí la experiencia es muy importante y el aplicar ese conocido lema tan usual de “ver oír y callar”.
¿Ha cambiado mucho el mundo de la hostelería desde que usted empezó?
Por supuesto que sí. Y de manera personal puedo decir que hoy no es fácil encontrar camareros que conozcan bien este oficio. Aquí las escuelas profesionales de hostelería como centros de enseñanza juegan un papel muy importante.
Imagino que en los cuarenta y cinco años en el mostrador de Casa Puga, uno de los bares más emblemáticos de Almeria habrá tenido oportunidad de haber conocido a numerosos personajes populares.
Creo que he perdido la cuenta. Bastantes. Así a buena vista, el cantante Manolo García, los hermanos de Estopa, el locutor Carlos Herrera -un asiduo-, la desparecida Concha Velasco. Sean Connery, Claudia Cardinale, Paco Rabal, Terece Hills, el mítico portero de la selección española Jose Angel Irtibar, Enrique Ponce, el presidente Adolfo Suarez, Juanma Moreno antes de ser presidente de la Junta de Andalucia, un largo etcétera.
¿Y hubo algún personaje que le impresionara más?
Por sus modales, su exquisita educación y de la forma como nos trató al personal fue sin género de duda el genial dramaturgo y poeta Antono Gala.

Juan Martínez.
¿Y tiene alguna anécdota que se le haya quedado marcada?
También hay bastantes. Aunque hay una especialmente curiosa. Una noche vino a cenar el que fuera presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves y al terminar se levantó y vino hacia mí, me pidió el delantal, se lo puso, se metió en la barra y me sirvió una cerveza por mi atención agradeciéndome todas las muestras recibidas. Me dejó sorprendido.
¿Y usted como se entendía con los extranjeros? Las visitas a Casa Puga son de obligado cumplimiento.
Con el tiempo uno se acostumbra y logré aprender lo más básico de las apetencias que querían. Así que le fui cogiendo el ritmo y chapurraba el inglés, francés y hasta alemán. je je
Tantos años trabajando de pie. ¿Le ha pasado factura?
En esta profesión, en cuanto avanzan los años, tarde o temprano, las piernas son las que más sufren. Tuve problemas en la pierna derecha y fui intervenido quirúrgicamente del menisco teniendo que implantárseme una prótesis.
¿Usted ha tenido tiempo para hacer algo más que no se sea trabajar?
Hombre, naturalmente. Aparte de disfrutar de la familia, tengo que decir que fundé las cofradías de la Santa Cena y la de La Salud de Oliveros, sin olvidar las escapadillas a lo que considero mi retiro espiritual, mi casa de Aulago donde soy “hijo adoptivo” desde hace más de treinta años.
Juan Martínez Miralles, además de ser un gran profesional es una persona muy querida dentro del gremio y por los miles de clientes a lo que en su inmensa mayoría los considera amigos. Ha tenido reconocimientos y premios entre otros de Asahal y de distintas asociaciones del gremio. Con motivo de su jubilación la actual empresa que gestiona casa Puga, el 26 de noviembre de 2023 le dio un sentido homenaje en el hotel Catedral recibiendo el cariño de todos sus compañeros y amigos.