El encantador pueblo de Almería donde se come muy bien: platos de siempre con sabor a tradición
Ubicado en la parte norte de la provincia, es uno de esos municipios que aún conservan la esencia de antaño en sus calles y gastronomía

Vista de Vélez-Blanco con su característico Castillo de los Fajardo.
Es uno de esos pueblos que aún conservan la esencia de aquella Almería de siempre. En sus calles parece que no ha pasado el tiempo, y su gastronomía y tradiciones las guardan como si fuese uno de sus tesoros más preciados. Coronado con un majestuoso e imponente castillo, Vélez-Blanco es uno de esos municipios que, siendo almeriense, roza el sacrilegio no haberlo visitado.
Turismo Rural
El castillo de Almería cuyo patio de mármol blanco de Macael se exhibe en el museo de Nueva York
Trinidad Rodríguez
Considerado por muchos como uno de los pueblos más bonitos y con más encanto de Almería, Vélez-Blanco es todo un ejemplo de la riqueza histórica y cultural de la comarca de Los Vélez. Quizás el atractivo principal de este pueblo es su castillo, una fortaleza de estilo renacentista del siglo XVI construido sobre una alcazaba musulmana que hoy es la huella más visible de la historia de la zona.
Un castillo imponente y el origen de Almería
Divisa el pueblo desde las alturas, y es tanta la importancia de este castillo que, de hecho, una de sus partes figura entre las propiedades de uno de los museos más famosos de todo el mundo. El Museo Metropolitano de Nueva York expone de manera permanente el Patio de Honor del castillo, vendido a principios del siglo XX –piedra a piedra– y reconstruido al otro lado del charco.
Aquí no acaba la historia de este pueblo. Si puede decirse que Vélez-Blanco conserva aún la esencia de la Almería de siempre, es por algo. Y es que, este municipio tiene un papel esencial en la manera en la que hoy entendemos el ser almeriense. Fue en su término municipal, en concreto, en la Cueva de los Letreros, donde se encontró la representación rupestre que dio origen al Indalo, el símbolo por excelencia de la provincia.

Patio del castillo de Vélez Blanco
Todo esto, y mucho más, es lo que a día de hoy convierte a Vélez-Blanco en uno de los imprescindibles de los 103 municipios que integran la provincia de Almería. Sus calles, su gente, su historia, pero también su gastronomía disparan el atractivo de uno de los pueblos con más encanto.
Comer en Vélez-Blanco, volver a la comida de siempre
Si Vélez-Blanco aún conserva su historia, tradiciones y orígenes, no iba a ser menos con su gastronomía. Este pueblo del noreste de la provincia esconde entre sus calles algunos de los mejores bares y restaurantes de la zona. Las migas de harina, servidas con uva, tomate crudo o aceitunas picadas y aliñadas, son uno de los platos típicos del lugar. También los gurullos, hechos con perdiz o liebre.
Si ponemos nombre a alguno de los establecimientos que destacan en el municipio y que siguen triunfando con esa cocina de siempre, el Restaurante El Molino no puede faltar. La hospitalidad y la buena atención de este lugar complementan una cocina repleta de opciones para todos los gustos.
Desde exquisitas carnes a la brasa como costillas de cordero hasta las croquetas o los postres. Todo merece la pena en este lugar, y así lo expresan algunos de sus comensales, que aseguran en las reseñas del local que comer en El Molino es "una experiencia que va más allá de la gastronomía".

El Restaurante El Molino, en Vélez-Blanco.
De un estilo similar, y también muy aplaudido por los comensales que lo han visitado, destaca El Palacil. Un hotel y restaurante que gana puntos, según ellos mismos, por su carne a la brasa, el vino, y una comida variada de otras partes del mundo.
A estos dos establecimientos, se suman otros muchos como el Mesón Antonia o el Bar Rinconcillo, auténticas joyas gastronómicas que forman parte de la esencia del lugar y, por qué no decirlo, de la memoria colectiva de quienes han crecido, vivido o simplemente pasado por este rincón del interior almeriense, donde la buena mesa es casi una forma de identidad.