El calor hace daño a la hostelería, que ya prefiere la Semana Santa
Muchas terrazas del centro se quedan vacías al mediodía

Bares de la Plaza de la Administración Vieja completamente vacíos por el calor.
Ya no cabe hablar de la llegada de olas de calor porque hemos pasado a vivir en una ola de calor permanente que azota con intensidad y sin apenas tregua durante tres meses. Un respiro ahora es no sobrepasar los treinta grados en los termómetros de la ciudad, cuando hace cincuenta años superar esa barrera era todo un acontecimiento que se daba como noticia estelar en los periódicos. Vivimos con el viento de levante como compañero inseparable esperando que una semana cambien las tornas y entren esas rachas de poniente que tanto se agradecían en Almería y que tanto echamos ahora de menos.
Los veranos se están convirtiendo en una travesía del desierto para los que tenemos que soportar el calor de la ciudad y también están comenzando a ser duros para algunos sectores como el de la hostelería, que ha dejado de mirar al calendario esperando con los brazos abiertos la llegada de junio porque les ha bajado el negocio por culpa del calor. Los bares del centro que tienen en las terrazas su mayor aliado y la base de su supervivencia se están viendo afectados por las altas temperaturas, de tal forma que se puede decir que muchos han perdido buena parte de sus ingresos en esa franja horaria que va desde las una a las cuatro de la tarde. Basta darse una vuelta un viernes o un sábado cualquiera, que en otra época del año son días fuertes, para comprobar el desolador panorama que presentan algunos establecimientos con sus terrazas completamente vacías.
En la calle Jovellanos, que está dentro de lo que se ha denominado ‘la milla de oro de la tapa’ las terrazas se han quedado sin clientes porque es imposible soportar el calor. Los hosteleros intentan paliar el problema con grandes sombrillas, pero la temperatura ambiente y la humedad golpean con tanta crudeza que las tímidas sombras de los parasoles no son una solución. Este excepcional aumento de las temperaturas, que ya se está convirtiendo en algo habitual todos los veranos, afecta también de forma negativa a la Feria de Almería, concretamente a la del mediodía, que en los últimos años ha perdido un número importante de parroquianos que buscan más el interior de los bares y el milagro del aire acondicionado y huyen del jolgorio y el bochorno de los chiringuitos de la calle.
Las altas temperaturas que han venido para quedarse entre nosotros han provocado que cada vez sean más los dueños de establecimientos hosteleros que prefieran la festividad de la Semana Santa que el verano, y más concretamente que los diez días de Feria. La mayoría de los bares del centro de la ciudad trabajan mejor en Semana Santa, salvo que vengan días de lluvia, algo que no suele ocurrir por esta tierra. En los últimos años, la Cuaresma ha conquistado el estatus de fiesta mayor y es una auténtica mina para los empresarios, que trabajan prácticamente con la misma intensidad desde el mediodía hasta la madrugada. En el último mes de abril los bares han tenido las mesas de las terrazas reservadas tanto de día como de noche y se han llegado a ver colas de clientes esperando su momento para poder tener su oportunidad. Las procesiones se han convertido en los últimos tiempos en las grandes aliadas del sector hostelero, bajo el amparo de un clima que al menos en primavera sí permite echarse a las calles para poder disfrutar. En esta nueva realidad que viven los bares, la Navidad también ocupa un puesto de honor. Ahora que se han terminado los inviernos, las terrazas son más habitables para los clientes en el mes de diciembre que en julio.