Una histórica taberna almeriense, premio 'Hostelería de Andalucía'
Manuel y Curro Leal recogerán el galardón como herederos del bar que fundó su padre Juan

El Quinto Toro, Manolete en la pared y Curro en la barra.
Manuel y Curro Leal Guirado, herederos de barra y mantel de aquel Juan Leal que fundó el almeriense Quinto Toro en 1949, recibirán un galardón en la II Gala de Hostelería de Andalucía que se celebrará el próximo día 10 de marzo en Granada. Se trata de un reconocimiento a las trayectorias labores y personales de ocho históricos empresarios y sus equipos -uno por provincia- que han contribuido con su pasión y dedicación a elevar la categoría y la calidad del sector en las últimas décadas.
Junto a los hermanos Leal, recibirán premio también Andrés Rodríguez Sánchez y Carmen Prieto González (Cádiz, restaurante Venta La Duquesa); Jesús Zaiño Rodríguez (Huelva, Casa Rufino); José Álvarez Baena (Granada, restaurante Las Tinajas); familia Rosales (Córdoba, Grupo Rosales); familia Montes Montero (Málaga, Los Mellizos); Juan Robles Pérez (Sevilla, Casa Robles), y Manuel Valderas Montes (Jaén, Tabernas Panaceite).
Estos galardones se van a entregar en “un contexto muy favorable para la actividad en el conjunto de la región, pues es un sector económico básico que mantiene más de 322.000 empleos de media al año, según datos oficiales”, han detallado desde la Federación de Empresarios Hosteleros de Andalucía.
El Quinto Toro, en la calle consagrada a su fundador, es un santuario del tapeo local que fundó Juan Leal Espinar (Melilla, 1925-Almería, 1994) en 1949, un arrepentido novillero que no consiguió sentar cátedra en los ruedos, pero sí tras la barra, cambiando el traje de luces por el mandil blanco inmaculado y los trastos de matar por el trapo con el que niquelaba las copas de vino hasta dejarlas de estreno.
Comprobó que iba a ser muy difícil vivir del toreo y decidió abrir una taberna de vinos, en un local que era la cochera del psiquiatra José Arigo, en una casa que había sido también la de la familia de consignatarios López Gay. Juan se fue ganando poco a poco a la clientela, con su bonhomía y como templo de reuniones de aficionados al toreo y de catadores de buen fino y manzanilla.