La banda sonora del lejano Oeste vuelve al desierto de Tabernas con músicos de todo el mundo
El Festival Internacional de Música de Sorbas convierte el The Yellow Rose Saloon de MiniHollywood en el escenario de un viaje por las melodías de Morricone, Chaplin o Fellini
El sol ya se había escondido, pero el calor seguía suspendido sobre la arena del desierto. El sonido de unos disparos rompía el silencio mientras los visitantes recorrían las calles de MiniHollywood Oasys entre diligencias, fachadas de madera y sombreros de ala ancha. Todo parecía indicar que, una vez más, el lejano Oeste había regresado a Tabernas. Sin embargo, ayer por la tarde, los revólveres dejaron paso a los instrumentos musicales.
Bastaba con cruzar las puertas del The Yellow Rose Saloon para comprenderlo. Allí, donde durante décadas se han recreado duelos, persecuciones y asaltos, los arcos comenzaron a deslizarse sobre las cuerdas y las bandas sonoras que hicieron inmortal el wéstern volvieron a la vida en pleno corazón del desierto almeriense. El Festival Internacional de Música de Sorbas (FIMSAL) transformó uno de los escenarios más emblemáticos del cine europeo en un auditorio improvisado en el que la música se convirtió en la auténtica protagonista.
La propuesta, incluida en la programación de la nueva edición del festival, reunió a profesores y alumnos llegados de diversos países en una velada que unió la música de cámara con el universo del cine, desde las composiciones de Ennio Morricone hasta las melodías de 'Los siete magníficos', pasando por la obra de Nino Rota y Charles Chaplin. Al frente de esta particular expedición musical se encontraban el violinista almeriense Juan Andrés Carmona Valdivia y el pianista y gestor cultural José María Casanova Ródenas, impulsores de un proyecto que consiguió reunir en Tabernas, como cuenta Carmona a LA VOZ, a intérpretes procedentes de Hong Kong, Inglaterra, Eslovaquia, Italia, Montenegro, Grecia y distintos puntos de España, entre ellos Almería, Murcia, Extremadura y Albacete. Una auténtica torre de Babel en la que el lenguaje común no era otro que la música.
El público fue ocupando poco a poco las sillas del histórico salón mientras el atardecer se adueñaba del desierto. Entonces comenzaron a sonar los primeros acordes y el escenario se transformó en un viaje por algunas de las bandas sonoras más emblemáticas de la historia del cine. El programa arrancó con los violines junto a 'The Buffalo Bill Horse' y 'Far West', de Joan Alfaras, dos composiciones que trasladaron a los asistentes a la época de las grandes expediciones y los interminables horizontes del Oeste americano. Los violinistas y el piano, tocado por Manos Kitsikopoulos, tomaron el relevo de los caballos y las diligencias en un espacio que parecía haber sido creado para albergar aquel repertorio.
Uno de los momentos más celebrados de la velada llegó con 'Orange Blossom Special', la célebre composición de Ervin T. Rouse inspirada en el legendario tren que cubría el trayecto entre Nueva York y Miami. La rapidez de la interpretación y la energía de la pieza arrancaron los aplausos del público. La música de Ennio Morricone ocupó buena parte del concierto, bajo la batuta del músico almeriense Francisco Escobar. Entre ellas destacó 'Gabriel's Oboe', una de las melodías más célebres del compositor italiano. También sonaron varias de las composiciones que marcaron para siempre la historia de la 'Trilogía del dólar' y del spaghetti wéstern, el subgénero que encontró en el desierto almeriense uno de sus escenarios más reconocibles. Asimismo, hubo espacio para la música de Elmer Bernstein en 'Los siete magníficos', otra de las partituras imprescindibles del género wéstern.
El concierto no se limitó al universo del Oeste. El violonchelista Miguel Baró interpretó parte de la banda sonora de '8½', la obra maestra de Federico Fellini compuesta por Nino Rota, y el programa incluyó una pieza perteneciente a 'A Dog's Life', el cortometraje dirigido y protagonizado por Charles Chaplin en 1918. La historia del vagabundo Charlot, de su perro Scraps y de una joven artista obligada a abrirse camino en medio de las dificultades parecía encerrar también un pequeño homenaje a la vida de quienes dedican su existencia al arte: horas de estudio, viajes constantes y la perseverancia necesaria para convertir la pasión en un oficio.
Baró explicó que, en parte, la intención del programa era mostrar otra faceta de algunos compositores conocidos por sus trabajos para la gran pantalla, acercando al público obras menos populares escritas para pequeñas formaciones. Y quizá ese sea el gran acierto del festival: demostrar que la música puede aparecer en cualquier lugar. También en mitad del desierto. Allí donde durante décadas se escucharon disparos, galopes y el sonido de las cámaras de cine, los aplausos del público pusieron el punto final a una noche en la que Tabernas volvió a demostrar por qué forma parte de la historia del séptimo arte.

El Festival Internacional de Música de Sorbas transformó el The Yellow Rose Saloon de MiniHollywood en un escenario en el que sonaron algunas de las bandas sonoras más emblemáticas del cine del Oeste.

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