Buen músico y mejor persona

Julián Fernández Goya

Tomás Ruiz

Dice el rico y sabio refranero español que ‘ni por joven te aventures ni por viejo te apresures’. Amigo Julián, tengo la sensación de que se ha apresurado tu ida ya que el hecho de tener 80 años no era obstáculo para toda la actividad y ganas de vivir y de hacer cosas que tenías. 


Hace casi doce años que, junto a tu Manoli de tu alma y desde tu querido Elorrio, precioso pueblo vizcaíno, recalaste en Garrucha y aquí echaste el ancla, nunca mejor dicho, en un pueblo marinero. Y como buen vasco eras un gran aficionado a la música en general y a las corales en particular. Eso hizo que pronto  te vieras formando parte de la Asociación Musical Ex Mari Orta y de la coral Virgen del Carmen, amén de pertenecer al Club de Mayores, todas ellas de la localidad. 


Ya se vislumbraban las ganas de hacer cosas que tenías, en la banda de música te hiciste, nada más y nada menos, que con el instrumento más grande y pesado, la tuba. Con ella estuviste luchando hasta que las fuerzas ya te decían que no podías estar cuatro horas de procesión con dicho instrumento, pero el tiempo que estuviste en dicha asociación musical mostraste un gran interés, de ahí que el director actual de la banda comentase que “en los parciales de graves ponía un gran interés y entusiasmo por aprender cada vez más”. Y hablando de la banda de música, cuantos ratos buenos echaba Julián con todos los jóvenes de la asociación musical en esas fiestas de pueblo en las que compartía unas extraordinarias dianas en pueblos como Nacimiento, Castro de Filabres o Alcudia de Monteagud, entre otros. En Nacimiento gozaba con ese ambiente juvenil de las dianas, compartiendo con los buenos habitantes de esa preciosa localidad, su famosa palomilla, el buen consomé de Ángel y lo que nos ofrecían sus buenas gentes.


Paralelamente a su actividad con la banda de  música, el bueno de Julián, junto a su querida Manoli, formaban parte de la coral Virgen del Carmen, actuando tanto en Garrucha como en las localidades donde era requerida. 


Y en el Club de Mayores pronto se enrolaron también los dos, formando parte Julián de la junta directiva y teniendo una gran actividad en la misma, colaborando en lo que fuese necesario en el seno del mencionado club. 


Hoy se nota ya su ausencia en compañeros de la banda, de la coral y del club de mayores, así como en amigos inseparables como Eduardo, Guillermo, Félix o Martín, con quienes tantos ratos buenos y felices ha compartido. 


Pero la vida es así y ha querido que la muerte le sorprenda precisamente en su Vizcaya natal, en uno de los periodos en los que se desplazaba hacia el norte para compartir unos días con su familia. 


Estimado Julián, buen músico pero mejor persona, descansa en Paz y siempre nos vamos a acordar de ti.