La Voz de Almeria

Feria de Almería

Gran triunfo con lección incluida para el debutante López Simón

Julián López, el maestro, le enseñó cómo se abre una faena de pie y sin rectificar sobre el albero

López Simón vino a Almería a triunfar como corresponde a un joven diestro.

López Simón vino a Almería a triunfar como corresponde a un joven diestro.

Jacinto Castillo
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El debutante López Simón vino a Almería a triunfar porque es y se siente figura y se llevó el triunfo y una lección de parte de El Juli, con alguna apostilla firmada por Talavante.


Resuelto desde el primer lance, López simón abrió su faena de rodillas y Julián López, en su segundo, se plantó en el albero y demostró como se torea de pie con verdad y poderío. Y Talavante, por si acaso, optó también por el toreo genuflexo para arrancar su faena al quinto de la tarde, pero llevando al toro muy toreado sin muletazos por alto que no son, ni de lejos, tan valiosos como esos que se dan por bajo.


Desde sus primeros lances en la Plaza de Almería López Simón, el joven diestro dejó claro que había venido a reivindicar su condición de figura. Lanceó con enjundia y luego caminó muy despacio para brindar desde los medios el toro de su presentación. También por eso abrió su faena de rodillas, para aunar criterios en los tendidos y caldear el ambiente en ciertos sectores del respetable.  El levante no estaba de su parte, pero López Simón toreó todo seguido, sin arredrarse, dando muleta aquí y allá, y con destellos de valentía como hacen quienes lo quieren todo de esta genial locura que son los toros.


El zalduendo no se cansaba de repetir ni López Simón de desplegar argumentos, ora prolongando los derechazos, ora desgranando filigranas con la franela. A veces, olvidando que el toro pedía distancia y que tenía una tanda de naturales escrita en su testuz que se quedó en el tintero. Pero   la retórica es más poderosa  que la lógica y al torero debutante le salía a borbotones la torería por las costuras de la chaquetilla.
Para terminar, optó por el arrimón esperando que la geometría casi imposible de las astas a la altura del pecho consolidara su triunfo.


En su segundo la cosa no pasó a mayores, aunque  no perdió nunca ese empaque de torero con proyección. Quizás también porque el sexto, aunque salió encastado, fue perdiendo brillantez en la embestida y terminó contagiando a su lidiador.


Juli
La lección al debutante  la dio Julián López en el cuarto. Para empezar, dejó que su capote cruzara el albero a paso seguro y cadencioso, ganado pasos en cada lance y rematando en el tendido 7 con esa  suficiencia que sólo asiste a los maestros. Después, galleó con autoridad para llevar al toro al caballo y regaló un precioso quite por cordobinas  que devolvió al animal al rigor de la lidia después de la suerte de varas como si no hubiese habido castigo. El inicio de faena de El Juli fue la parte central de la lección al debutante. Con las zapatillas plantadas en la arena toreó por alto y por bajo dejando que la casta del toro de derramara sin tasa. Su enemigo estaba entregado en la muleta y el torero entregado en las tandas de derechazos precisas en tiempo y espacio. Sin rectificar apenas, firme, plantado. Dejando que la muñeca dirigiera las embestidas. Así, hasta los circulares rematando con el teléfono, un desplante de época. En su primero estuvo bien, pero sin conectar demasiado con los tendidos.


Talavante
Talavante demostró por qué domina el escalafón. A su primero le faltó algo de viveza y el extremeño supo sacarle todo el partido, hilando los muletazos uno con otro, a veces con sus elegantes cambios de mano. En su segundo, mostró algunas de las claves que le mantienen en lo más alto del escalafón. Bien en casi todo, pero sin romper más allá de lo mucho que se le exige.


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