La vecina almeriense que viste su rellano de feria y emociona a todo un edificio
Lidia de Haro transforma su bloque en Ciudad Jardín con flores, banderines y guitarras, todo hecho a mano

Izquierda, Lidia de Haro y su hijo, Alejandro, en su rellano decorado de Pascua. Derecha, el rellano decorado de Feria
Entrar en un edificio antiguo del barrio almeriense de Ciudad Jardín puede parecer, a primera vista, rutina: paredes gastadas, escaleras sin encanto, un bloque como tantos. Pero basta con subir al primer piso de una de estas moles, donde vive Lidia de Haro Fernández, para que la sorpresa te envuelva. Allí, donde debería haber un rellano corriente, aparece un rincón de feria.
Ramos de flores trepando por las paredes, abanicos abiertos como si esperaran aire, guitarras en miniatura, trajes de lunares, mantones que caen como cascadas de colores y hasta lazos verdes y blancos que recuerdan a la bandera de Andalucía. Aquí no hace falta llegar al recinto ferial para saber que la fiesta ha empezado: solo hay que abrir la puerta o subir las escaleras y dejarse llevar por un estallido de color.

Lidia con su hijo Alejandro en el rellano de casa en Ciudad Jardín
Una pasión que empezó en casa
Lo suyo con las decoraciones no nació de repente. Desde niña y adulta, Lidia ha pasado horas entre cartulinas, tijeras y pegamento junto a su tío, fallecido por cáncer, inventando adornos caseros para cualquier ocasión. Esa costumbre se convirtió en afición y, con el tiempo, en seña de identidad: lo que empezó como un par de flores en la puerta terminó extendiéndose al rellano entero, animada por las vecinas que veían cómo aquel rincón gris cobraba vida.

Rellano decorado con los motivos de la Feria de Almería
Hoy, dedica casi dos semanas a preparar cada detalle: recorta flores, cose retales de telas, coloca abanicos para darles una segunda vida y reutiliza otros materiales como la goma eva. Cada año rescata adornos de otras fiestas, aprovecha restos de manualidades, añade cintas, farolillos de papel o banderines que ella misma pega y recorta. Para ella, decorar no es cuestión de gastar, sino de ingenio y cariño: cambiar lo sencillo por lo festivo, dar nueva vida a lo que parecía inservible y contagiar alegría a quien cruza la escalera.
La Feria y mucho más
Esta vez, la Feria de Almería, que arranca el viernes, es la gran excusa. Y también un evento al que Lidia ha acudido desde que era pequeña. “Desde chica siempre he ido con mi familia. Me gusta recrear aquí el ambiente de las casetas: los lunares, la música, el color”, confiesa con una sonrisa. Es como traer un trozo de feria a casa. A su rellano.

La otra parte del rellano decorada por Lidia con motivo de la Feria de Almería 2025
Pero la feria es solo el principio. Cuando pasa agosto, el descansillo vuelve a cambiar de traje: en Navidad se llena de luces y espumillón; en Pascua, de conejitos y flores; en el Día de Andalucía, de verde y blanco; y en Halloween, de calabazas y telarañas de algodón. Cada fecha señalada es una nueva oportunidad para abrir las cajas, reciclar adornos y sorprender a los vecinos.

Rellano decorado por Navidad
Un arte compartido
Para Lidia, la decoración nunca ha sido solo un pasatiempo: es también un puente hacia una de las personas más importantes de su vida, su hijo Alejandro, un niño con autismo. Con cada adorno que colocan juntos, madre e hijo encuentran una forma distinta de comunicarse, de invertir tiempo de calidad y de transformar una simple entrada a casa en un espacio donde también caben la ternura y la complicidad. “A él le encantan las manualidades. Está deseando que llegue una festividad para poder adornar”, cuenta su madre con orgullo.
Entre cartulinas, pinturas y recortes, comparten un ritual que va más allá de lo ornamental: es aprendizaje, es paciencia y es también una manera de abrirse al mundo. Lidia participa en los talleres del aula específica de Alejandro, donde recoge ideas y técnicas nuevas que luego traslada al rellano. “Es algo que hacemos en familia y que nos ayuda a todos. Alejandro disfruta muchísimo”, explica con una sonrisa.
Los vecinos, encantados
Y ese esfuerzo no pasa desapercibido en el edificio. Cada vez que alguien sube al primer piso, la sorpresa se convierte en sonrisa. “Desde que empezó a decorar, el rellano es otra cosa”, asegura Carmen, la vecina de al lado. “Ha quedado precioso, todo cuidado y muy alegre. Da gusto abrir la puerta y encontrarte esto”.

Otra parte del rellano de Lidia con otro tipo de decoraciones
Y no es la única. Hay quien se detiene a curiosear los detalles, quien saca el móvil para hacer fotos y quien comenta con orgullo que parece que aquí la feria empieza antes que en ningún sitio. Incluso los recién llegados al bloque lo dicen sin rodeos: “Ahora se sube la escalera con otro ánimo”. Lo que antes era un espacio frío y anónimo es ahora un rincón con alma, un punto de encuentro que invita a detenerse, a charlar y a sentirse parte de algo compartido.
El sentido de un adorno
Para Lidia, adornar no es solo algo estético. Es regalar alegría a los demás, mantener viva la ilusión de esta semana grande para Almería y reforzar la convivencia en el día a día. “Cada año intento añadir algo nuevo. Lo importante es que los vecinos sonrían al verlo. Yo disfruto tanto como ellos”, confiesa.
Su rellano ya no es un simple espacio de paso: es un escenario que cambia con el calendario, un rincón que habla de tradición, de creatividad y de afecto compartido. Porque en cada flor, en cada mantón y en cada guitarra de goma eva hay también horas de dedicación y un mensaje sencillo: hacer la vida un poco más bonita.
Y así, en un bloque cualquiera de Ciudad Jardín, la feria comienza antes de tiempo. No hay farolillos oficiales ni música de orquesta, pero sí un rellano convertido en caseta, donde los lunares y los colores anuncian que la fiesta, como la alegría, puede empezar en casa.

Rellano decorado por el Día de San Valentín