Por empuje, por ambición, por brío...por casta y coraje
Balance después de dos triunfos sobresalientes en la Liga
El Almería está en un momento dulce, con diferencia en el mejor de la temporada. Ni los más optimistas podían pensar en una mejor despedida del 2014 y entrada del 2015 y que su equipo fuera capaz de superar a domicilio a dos equipos de la zona alta como Celta y Málaga, pero la realidad, la hermosa realidad del fútbol almeriense en las primeras fechas del calendario del nuevo año es que el equipo rojiblanco ha dado un giro de 180 grados en el desempeño de su trabajo y hoy es un equipo temido y respetado. Pero en el fútbol, como en la vida, todo efecto tiene sus causas. Y en este caso el gran ‘culpable’ de la metamorfosis sufrida por la escuadra rojiblanca tiene nombre y apellido: Juan Ignacio Martínez. Desde su primera aparición en el banquillo rojiblanco, con apenas unas horas de trabajo, el equipo ya mostró el talante del técnico en la vuelta de la Copa. Con el paso de los días se ha intensificado la huella de JIM en el equipo fruto de su trabajo. Cuando llegó no puso excusas sabía lo que tenía y pensaba que en sus manos estaba enderezar el rumbo del Almería, fue valiente y así lo manifestó desde el primer momento, sin buscar excusas ni ampararse en presupuesto. Mucho trabajo, ideas claras y saber que está al frente del club de Primera que menos ha invertido en su plantilla, menos incluso que el Eibar dado que el gasto de cantera del Almería es inmensamente superior al del cuadro vasco, han sido las premisas en las que se ha basado el trabajo de Juan Ignacio Martínez. Me comentaba un compañero y amigo de Valencia el domingo pasado que este Almería le recordaba a la mejor versión del Levante del JIM. Posiblemente lleve razón, porque el técnico alicantino ha logrado hacer del Almería un equipo serio, compacto, solidario, que sabe a lo que juega, que conoce sus virtudes y carencias y trata de sacar el máximo fruto de las primeras y minimizar las segundas. El trabajo defensivo de este equipo es sencillamente modélico, su capacidad de sufrimiento inmensa y su profesionalidad infinita. El Almería actual pone de manifiesto que si ha logrado en la aristocracia del balompié nacional ha sido por empuje, por brío, por ambición..., por casta y coraje y que esa es la línea y no ninguna otra. La afición hoy está ilusionada con su equipo y dispuesta a hacer de su Estadio un fortín.