Las farolas del dique de Levante
En marzo de 1906 se instalaron las primeros focos eléctricos en la zona del muelle de Levante

Primeras farolas de luz eléctrica que se instalaron en el muelle de Levante. Eran de hierro fundido y tenían un diseño esbelto, coronado con una lámpara dentro de un globo de cristal.
En el muelle de Levante, en los primeros años del siglo XX, convivían los barcos de vela y los pailebots que se utilizaban para el transporte de mercancías entre puertos cercanos con los vapores de carga que se encargaban de llevar el mineral de hierro al norte.
Los trabajos del mineral se prolongaban en intensas jornadas en las que había que echar horas extras de noche, por lo que cada vez se hacía más necesaria la instalación a lo largo del dique de farolas de luz eléctrica con la suficiente potencia como para poder prolongar los trabajos hasta el amanecer. En marzo de 1906 empezaron a funcionar los primeros focos eléctricos en aquella zona del puerto, gracias al suministro de la compañía Mengemor. Se trataba de báculos de hierro fundido con un diseño esbelto, coronados con un remate en la punta donde se alojaba la lámpara, que estaba protegida con un globo de cristal. Las farolas eléctricas funcionaban en invierno desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana, haciendo posible que las faenas de carga se realizaran también por la noche.
La llegada de la electricidad le dio una nueva vida al muelle de Levante, un escenario que desde su puesta en funcionamiento había sido elegido por los almerienses como uno de sus lugares preferidos para los paseos. En la primavera de 1891 una de las distracciones de la población era ir al puerto para ver la marcha de las obras del dique de Levante. Eran cientos los vecinos de Almería que se apostaban en las inmediaciones del muelle para asistir al desarrollo de las ansiadas obras, que en las primeras semanas de abril habían recibido un impulso importante. En aquellos días se arrojaban diariamente unas quinientas toneladas de piedra al mar. En ese afán de acelerar la marchas de las obras, se estaba a la espera de recibir de Inglaterra una moderna grúa flotante movida a vapor, de gran eficacia para la instalación de grandes bloques.
Pero como cualquier paso que se daba requería de mucho tiempo, como cada iniciativa se ralentizaba hasta el límite, la grúa tardó cerca de un año en llegar. Por fin, en enero de 1892 media Almería se dio cita en las inmediaciones del andén de costa para presenciar el espectáculo que suponía la instalación de la grúa a vapor de gran potencia que había sido fabricada en los acreditados talleres de los ingenieros Ransomes y Rapier de Londres. A la vez que se procedía al montaje de la grúa se terminaba de instalar la maquinaria destinada a la fabricación de bloques artificiales, que le darían un nuevo empujón a las obras.
Fue en ese invierno de 1892 cuando hicieron las gestiones para establecer un faro en el dique de Levante. Por Orden del 23 de marzo de 1893 se autorizó a la Junta de Obras del Puerto para que llevase a efecto la instalación provisional de una luz en el extremo del muelle. El farol fue encargado a la casa Agustín Santi, de Marsella, que lo suministró por el precio de 381,50 pesetas.
La luz se situó en el extremo en construcción del dique de Levante. a siete metros de altura con relación al nivel del mar. Daba una luz verde fija que iluminaba todo el horizonte, producida por una lámpara de parafina encerrada en un aparato lenticular que se izaba al anochecer por medio de una cadena. El faro se encendió por primera vez en la noche del 21 al 22 de octubre de 1893 y alcanzó una distancia de visión de más de tres millas.
El muelle de Levante iba avanzando sin que faltaran los problemas. Cuando parecía que las obras cogían impulso volvían a detenerse y de nuevo, durante semanas, los obreros se quedaban parados, aumentando la tensión social.
Se construía el muelle de Levante destinado al servicio del comercio y se afrontaba también otro gran reto para la ciudad y especialmente para la vida del puerto: la construcción del andén de costa. Por Real Orden del 4 de diciembre de 1892 se autorizó a Mister Richard Cook para la construcción en la parte exterior del puerto de un andén de costa y muelle. La ciudad se acercaba un poco más al mar, por donde entraba y salía casi toda su actividad económica.