La Voz de Almeria

Tal como éramos

La mujer que ‘creó’ el cerro de ‘el Santo’

Ángela Fornovi fue la promotora espiritual para que en el Cerro de San Cristóbal se levantara el Corazón de Jesús

Ángela Fornovi Martínez batalló durante años para propagar en Almería la devoción por el Corazón de Jesús. Su lucha culminó con el monumento que se levantó junto a la antigua ermita de San Cristóbal.

Ángela Fornovi Martínez batalló durante años para propagar en Almería la devoción por el Corazón de Jesús. Su lucha culminó con el monumento que se levantó junto a la antigua ermita de San Cristóbal.

Eduardo de Vicente
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La plazoleta que corona la subida al Cerro de San Cristóbal muestra una placa con un nombre: Ángela Fornovi, recordando a la mujer que hizo posible la construcción del Sagrado Corazón de Jesús que desde hace un siglo custodia la ciudad desde las alturas. Ella fue quien trajo a Almería la devoción por el Santísimo y la que mantuvo una estrecha relación con los Padres Jesuitas para propagar la fe por una de las devociones más importantes del catolicismo, que simboliza el amor divino, la misericordia infinita y la entrega total de Jesucristo por la humanidad.

Doña Ángela Fornovi (1883-1978) fue una cristiana de lucha, de las que hizo de la religión una forma de entender la vida y comunicarse con el prójimo. Su insistencia fue creando una ilusión colectiva que se plasmó con el acuerdo del Pleno del Ayuntamiento del 30 de junio de 1926, en el que se aprobó la consagración de la ciudad al Sagrado Corazón de Jesús y la erección de una escultura en el cerro de San Cristóbal.

Desde aquel día, el cerro donde subía la gente una vez al año para celebrar la romería junto a la ermita, se iba a transformar en un referente religioso, en un lugar de peregrinación para varias generaciones de mujeres que durante décadas subieron hasta los pies del santo para cumplir sus promesas.

El 13 de abril de 1928, el entonces Obispo de Almería, don Bernardo Martínez Noval, bendijo el solar donde se iba a levantar el monumento. La campana de la ermita repicó incesantemente y se dispararon numerosos cohetes. El Padre Alfonso Torres, toda una institución de la Compañía de Jesús, dirigió unas palabras a todos los que se congregaron aquel día en la cumbre del cerro: “Que el Corazón de Jesús sea el faro que nos señale, como a los navegantes, nuestro seguro puerto de refugio”, dijo,

Durante un año, el tiempo que tardó en culminarse la obra, el boceto del monumento estuvo expuesto en el escaparate de la Papelería Sempere, en el Paseo de Almería, para que todos los almerienses pudieran disfrutar del proyecto que ya estaba ejecutando en sus estudios el escultor granadino Navas Parejo.

Ese mismo día de la bendición del solar, la comisión encargada de realizar el proyecto se comprometió a poner en marcha la construcción de un camino que partiendo del final de la calle de Antonio Vico llegara hasta la explanada que se extendía delante de la ermita. Hasta ese momento, la subida al cerro de San Cristóbal se hacía a través de las estrechas veredas que el tiempo y la gente había ido abriendo por las laderas del monte, entre chumberas y piedras. Para facilitar el acceso y que en un futuro pudieran subir también los coches, las autoridades asumieron el reto de levantar la ansiada carretera.

El domingo 27 de abril de 1930 llegó el gran día de la inauguración y la bendición del monumento que consagraba definitivamente la ciudad al Sagrado Corazón de Jesús. Para un acto de tanta importancia se rehabilitó la ermita y la casa del santero, se abrió el nuevo camino de subida y las casas amanecieron engalanadas: “Todos los edificios del recorrido aparecieron como palomas blancas, higienizados, revocados y adornados”, contaba una crónica de aquel día.

Desde la calle Antonio Vico hasta la cumbre, jalonaban el camino catorce monolitos con las estaciones del Vía Crucis y los habitantes del cerro de las Peñas sacaron a las puertas de las casas las imágenes de sus santos y sus vírgenes para que los prelados las bendijeran a su paso.

A las ocho y media de la mañana se celebró una misa pontifical en el altar construido al pie de la estatua, a la que asistieron entre otras personalidades el Cardenal Primado de Toledo, don Pedro Segura y los obispos de Almería y Guadix, don Bernardo Martínez Noval y don Manuel Medina Olmos. En el momento en el que fue elevada la hostia hubo un repique general de campanas, que destacaban entre las voces de los niños cantores y los coros del Seminario, dando comienzo una comunión general exclusivamente para hombres.

Por la tarde se celebró una procesión multitudinaria que salió de La Catedral y sus alrededores, en la que ya pudieron participar las mujeres, y en la que tomaron parte miles de almerienses.

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