La Voz de Almeria

Tal como éramos

El castigo de ser guardia en el Parque

El peor destino que había para un guardia de tráfico era el de los conflictivos cruces del Parque y el puerto

La meseta donde se colocaba el guardia de tráfico en el cruce del Parque con la Carretera de Ronda cuando la circulación todavía no había empezado a ser un problema.

La meseta donde se colocaba el guardia de tráfico en el cruce del Parque con la Carretera de Ronda cuando la circulación todavía no había empezado a ser un problema.

Eduardo de Vicente
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Para colocarlos por encima de los conductores, a los pobres guardias de tráfico los subieron en unas mesetas de cemento redondas pintadas con franjas rojas y blancas, desde donde dirigían la circulación sin el peligro de ser atropellados. En aquella tarima ganaban autoridad para enfrentarse a la dura tarea de poner orden entre los conductores.

Aquel trabajo, más que un oficio era un suplicio, en una ciudad que empezó a transitar por los años sesenta con un problema que no conocía, el del aumento feroz del tráfico de vehículos. En menos de una década se pasó de los cuatro coches de los médicos y de los personajes importantes, de la moda de las motos Vespa, de la tradición de los carros tirados con mulas y las bicicletas, a multiplicar por diez el número de automóviles, lo que se tradujo en un aumento de la circulación desmesurado en una ciudad que seguía conservando su entramado de calles estrechas y avenidas concebidas para pasear. No es de extrañar que la profesión de guardia de tráfico fuera para muchos un castigo, sobre todo cuando al municipal lo colocaban en los llamados puntos estratégicos, es decir, en las zonas calientes donde confluía el tráfico de varias direcciones distintas.

Uno de los destinos más temidos era el del Parque y el puerto, porque obligaba al policía a tener que poner orden en ese punto donde la Carretera Nacional 340 se mezclaba con los coches que venían de la Carretera de Ronda y con los que bajaban por el Paseo. Qué mal rato pasaban los guardias, sobre todo en los meses de verano, cómo sudaban debajo de aquella escuálida sombrilla que le colocaban para que no le reventara el cerebro debajo del casco. No sabían lo que era una tregua, no tenían ni diez minutos de descanso tratando de poner orden para que los coches pudieran convivir con los viejos medios de transporte.

Los primeros guardias de circulación que se vieron en Almería aparecieron en la Puerta de Purchena y en el Paseo, cubriendo los cruces con las principales bocacalles. Los elegidos tuvieron que hacer un curso acelerado para poder desempeñar el servicio. Además de conocer todos los secretos del código de circulación tenían que ser pacientes para poder lidiar con los conductores, que en muchos casos eran debutantes con un volante en las manos.

La generalización del servicio sirvió para ordenar el tráfico en el centro y llegó a hacerse indispensable, tanto que en el verano de 1955 el Ayuntamiento aprobó que para los meses de agosto y septiembre, fechas de gran bullicio en Almería, se estableciera la jornada de ocho horas para los agentes de la circulación, que hasta entonces tenían turnos de seis horas y que se les gratificara con ocho pesetas diarias. En aquellos primeros tiempos de servicio de los agentes, su labor no fue la de imponer la ley a base de multas a los conductores, sino la de ejercer una misión pedagógica, enseñando a los ciudadanos las principales normas de circulación. No es de extrañar que en las fechas navideñas los almacenes más importantes de comestibles: Núñez, Alemán, Góngora, los obsequiaran con cestas suculentas que iban depositando en medio de la calzada donde el policía hacía su trabajo.

Fue en 1960 cuando en el Ayuntamiento se planteó por primera vez la instalación de semáforos para dedicar a la guardia municipal a otros menesteres, iniciativa que no se pudo desarrollar debido a los escasos recursos económicos de los que disponían las arcas municipales. A comienzos de 1964 fueron suprimidos los guardias de circulación de algunos puntos como el Puente de la Estación y el del 18 de Julio, y de los cruces de la Carretera de Ronda con el Barrio Alto y con la calle de Paco Aquino. En su lugar colocaron señales de ‘Stop’. Siguieron en sus puestos los agentes del Paseo y de la Puerta de Purchena, en cuyo islote central el Ayuntamiento instaló un improvisado aparcamiento de motocicletas.

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