Las fuentes de las fotos y de los pies
En las fuentes del Parque los jóvenes se quitaban la arena y la sal cuando venían de la playa

Hubo una época en la que se puso de moda ir los domingos a echarse fotos delante de la estatua de los Peces de Perceval.
Las fuentes no eran solo un adorno que daba vida a las principales plazas de la ciudad y al Parque. Hubo un tiempo en que las fuentes eran utilizadas por la gente; el ejemplo más rotundo era el de la fuente con estanque del Parque Nuevo, que los jóvenes de los años setenta la usaban como un oasis en medio del desierto cuando regresaban de la playa llenos de arena y de alquitrán. Se acomodaban en el muro y metían las piernas hasta las rodillas para quitarse el salitre del cuerpo y así no tener que ducharse después.
El único obstáculo era el de los guarda jardines que estaban al acecho, tratando, sin éxito, que se cumpliera la ley. El problema de aquellos vigilantes que puso en escena el Ayuntamiento era que nadie los consideraba como autoridad, que como eran mayores y siempre iban en son de paz, no asustaban a nadie, por lo que más de uno disfrutaba doblemente en la fuente del Parque cuando se bañaba en la misma cara de los vigías.
Otro surtidor que se utilizaba con frecuencia era la histórica fuente de la Puerta de Purchena, que en la Feria adquiría un protagonismo mayor cuando era costumbre que después de la traca final de fiesta los almerienses se dieran un baño reconstituyente tras las carreras delante del toro de fuego. Como antes la gente era menos delicada que ahora, nadie miraba si el agua estancada estaba clara o turbia como la del puerto. Lo que importaba era el ritual del baño que ponía el punto y final a las fiestas de agosto.
El agua de la fuente de la Puerta de Purchena era una bendición en aquellos tiempos cuando era habitual que se fuera el agua en los meses más secos del año, cuando más apretaba el calor. Una escena que se repetía cada temporada era la de los camareros del restaurante Imperial dando vueltas a la fuente, cargados con cubos de agua, para poder usarla en las tareas de limpieza del establecimiento.
Las fuentes que disfrutaban de mejor vida eran las que estaban situadas en las plazas, lugares propicios para el reposo y la vida tranquila. La de la Plaza de San Pedro y la que había en la Plaza de la Catedral eran un placer para los sentidos y un alivio para los niños cuando las utilizaban para quitarse los churretes del sudor. La que había en la Plaza de Santo Domingo era una fuente con vocación escolar, ya que siempre estaba llena alumnos del colegio del Milagro que jugaban alrededor en los ratos del recreo.
Había fuentes más solemnes, fuentes de domingo, como la de La Alcazaba, donde acudían los almerienses con sus ropas limpias a echarse fotografías. Si hay una imagen repetida en los años cincuenta es la de los grupos de jóvenes y las familias enteras retratándose en los jardines del monumento que entonces estaba siendo restaurado.
El otro surtidor que fue tendencia entre los almerienses durante una década fue la fuente de los Peces en la rotonda de unión de los dos parques.
La fuente de los peces fue recibida como una bendición. Cuando la instalaron y los peces de piedra empezaron a surtir por la boca chorros de agua que no cesaban ni de día de noche, la gente programaba visitas y celebraba sus sesiones fotográficas frente a la monumental fontana, que en 1957 se convirtió en un gran espectáculo para los paseantes que frecuentaban el Parque.
Allí iban los almerienses a retratarse: las familias con los coches de los niños recién nacidos; las parejas de novios en las tardes de los domingos para sellar su enamoramiento a la vista de todos; los reclutas que bajaban del Campamento hambrientos de ciudad y se acercaban a la fuente sabiendo que por allí revoloteaban las muchachas con sus mejores vestidos, buscando también la inmortalidad de una fotografía..
La construcción de la fuente humanizó aquella pequeña plazuela al sur de la ciudad y sirvió para unir los dos parques, tal y como se pretendía. Sin embargo, siempre tuvo que batallar contra la dura competencia de la carretera nacional que la rozaba. Enfrente de la fuente sobrevivió durante décadas un viejo surtidor de gasolina que era el mejor ejemplo del sitio estratégico que la zona representaba en el camino hacia Málaga.
La fuente de los Peces vivió sus días de gloria en los tiempos en los que la Feria se hacía en el puerto y en el Parque. En 1983, fue elegida por el artista Rafael Santiago para concursar en el cartel de Feria. Se llevó el primer premio con un dibujo de la fuente que simbolizaba el retorno del recinto ferial a la zona del Parque.
Antes, en 1978, la popular Guía Telefónica había escogido el monumental surtidor como imagen de portada. La guía la llamaba ‘la fuente del olvido’ porque según contaba, cuando la hicieron olvidaron colocar el mecanismo necesario para llevar el agua hasta los peces que la coronaban.