La Voz de Almeria

Tal como éramos

Ya tenemos el Paseo ‘perfecto’ para que pase de noche El Perdón

La falta de iluminación convierte el lugar en un refugio perfecto para las parejas

La oscuridad reina en distintos puntos de nuestro remozado Paseo de Almería.

La oscuridad reina en distintos puntos de nuestro remozado Paseo de Almería.Eduardo de Vicente

Eduardo de Vicente
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El que monte un puesto de velas en el Paseo se ‘pone las botas’. A los que nos gustan las tinieblas, a los que nos encontramos más cómodos bajo el manto de la oscuridad, el nuevo Paseo que nos están dejando nos parece la reencarnación del paraíso. Todo a media luz como cantaba Gardel, como si viviéramos instalados en un Martes Santo perpetuo y estuviera a punto de pasar el Cristo del Perdón para iluminarnos con la luz de su rostro y sus antorchas. Los responsables de esta iluminación surrealista han debido de pensar que para qué necesitábamos los almerienses unas farolas potentes cuando ya tenemos bastante con la luz cegadora del sol que nos azota de día y con la luz de las pantallas de los móviles que cada ciudadano lleva instalada en la palma de la mano como si portara un cirio.

Ha sido un trabajo lento, casi místico, un año y medio de obras, pero ha merecido la pena esperar porque nos están dejando un Paseo de película, aunque se trate de una película de aquellas de Serie B que veíamos en las terrazas de verano dando cabezadas en la silla. Esta iluminación de capilla de posguerra, esta luz que parece sacada de un lienzo tenebrista, no impresiona únicamente por el ambiente de penumbra que crea, también destaca por la estética de las farolas que han elegido para decorarnos nuestra gran avenida, que son todo un derroche de modernismo y mal gusto, un elemento que le pega al Paseo como a un Santo dos pistolas. Se nos está quedando un Paseo que parece sacado de un cuadro del Greco, el lugar soñado por los niños de antes cuando jugábamos a las tinieblas de la noche, la pasarela perfecta para que crucen los entierros.

La mala iluminación es el nuevo disparate que se suma a una lista donde destaca el asunto de los parterres, que en cualquier ciudad con un sociedad menos apagada y conformista que la nuestra hubiera obligado a dimitir a más de uno, o por lo menos a que algún responsable saliera a la palestra y pidiera disculpas. Se construyeron esos parterres que eran un canto a la exageración y al mal gusto, tuvieron que destrozarlos después para recortarlos y que pudieran pasar las procesiones, y a ninguno de nuestros ilustres políticos se les ocurrió hacer un Tik-Tok informando a los almerienses y entonando el mea culpa. Esta generación de políticos exhibicionistas que se graban vídeos continuamente para decirnos lo guapos y guapas que son y lo bien que lo están haciendo, carecen no solo del sentido del ridículo al no ser conscientes de lo mal que lo hacen como actores del Tik-Tok, sino que tampoco saben lo que es el valor de la autocrítica.

No voy a ser yo el que dude de que el Paseo va a ganar mucho como vía peatonal, eso parece incuestionable, pero las cosas se podrían haber hecho mucho mejor. Más luz, unos jardines integrados en la grandeza de los ficus, una fuente más visible y un pavimento más acorde con un escenario que no olvidemos que tiene una historia y fue concebido como la avenida burguesa de la ciudad. Esos adoquines que le han colocado son piedras que quedan medio bien en los callejones del casco antiguo, pero que chirrían en un espacio tan grande. Además, al tratarse de una piedra absorbente que se impregna con facilidad parece que el suelo siempre está sucio, por mucho que se empeñen los equipos de limpieza en demostrarnos lo contrario.

Para aquellos vecinos exigentes que se están quejando amargamente de la escasa iluminación de su Paseo, yo les diría, por si les sirve de consuelo, que ya hubiéramos querido los adolescentes de hace cuarenta años haber contado con la complicidad de este escenario, con esta luz y con estos bancos que parecen camas, y no haber tenido que aventurarnos en la oscuridad del Parque Viejo donde a más de uno nos quitaron la cartera mientras estábamos entregados en los brazos de Cupido.

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