La Voz de Almeria

Tal como éramos

La figura del costalero y su revolución

Los costaleros son los nuevos mesías de esta Semana Santa convertida en espectáculo

El Cristo del Camino de la hermandad del Silencio.

El Cristo del Camino de la hermandad del Silencio.La Voz

Eduardo de Vicente
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La revolución protagonizada por el fenómeno costalero ha transformado completamente la Semana Santa, convertida ahora en un gran espectáculo donde los protagonistas principales ya no son los que van encima del trono, sino los que van debajo. 

La moda del costalero ha llenado de vida joven las hermandades y ha creado una nueva casta social. Las pandillas de adolescentes que hace medio siglo crecimos como grupo alrededor de la música, los bailes y en muchos casos del fútbol, ahora se forjan en torno al movimiento costalero, un acontecimiento extraordinario y digno de estudio que trasciende la propia religión.

Recuerdo aquellos cargadores desgarbados y apáticos que llevaban los tronos por fuera por unas cuantas monedas, hombres curtidos en la dureza del trabajo que llevaban a hombros el paso del Nazareno que salía de las Claras y la Oración del Huerto de la hermandad del Silencio. 

Les colocaban una túnica, les cubrían la cabeza con un pañuelo a la usanza egipcia y los convertían en costaleros sin vocación que arrastraban su desgana por el Paseo. En aquellos años había algunos pasos que se llevaban con andas, donde se podía ver la figura del cargador ejerciendo su trabajo, y otros tronos donde la fuerza se ejercía desde abajo, desde el anonimato del vientre de los carros donde había que ir empujando para que el paso se moviera.

En los primeros años setenta, cuando desapareció la figura del cargador profesional del puerto y del alhóndiga dentro de las procesiones, se pusieron de moda los estudiantes, mano de obra barata que contrataban para empujar el trono y facilitar la labor del conductor que llevaba el volante. 

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Fueron muchos los jóvenes que por quinientas pesetas y un bocadillo se pasaban las noches llevando los santos y las vírgenes de nuestra ciudad. Hubo casos de pandillas que colaban debajo del trono botellas de ginebra para hacer más llevadera la travesía. Aquella forma de llevar los pasos acentuaba la frialdad de la Semana Santa de Almería, donde las procesiones eran más desfiles que actos de fe.

La década de los ochenta trajo esa gran revolución que vino de la mano de la eclosión del fenómeno costalero, que fue el germen de una nueva forma de entender la Semana Santa. En una ciudad sin apenas tradición cofrade, donde los barrios vivían al margen de las hermandades y donde la gente miraba pero no participaba, la moda de los costaleros supuso un cambio brutal.

En pocos años, cientos de jóvenes se integraron en las cofradías con la ilusión de cargar debajo de un paso. Aquella cuadrilla que vino de Chiclana contratada por el Prendimiento en abril de 1984 sembró una semilla profunda. 

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Aquellos costaleros de la peña ‘la Ilusión’ que llevaron en volandas el trono de la Virgen de la Merced nos enseñaron otra forma de entender la pasión, dándole un toque festivo a su trabajo y esa pincelada de exhibicionismo que necesitaban las procesiones para abrirse al gran público y convertirse en un espectáculo de verdad.

Los primeros costaleros de los años ochenta fueron los héroes de un tiempo, cuando salir cargando debajo de un trono estaba rodeado de un glamour especial, el que le daba esa mezcla de fe y folclore que los convertía en ídolos por una noche. Año tras año las cuadrillas se fueron multiplicando y su presencia se hizo tan imprescindible que aquellas hermandades que salían sin costaleros se quedaron estancadas.

La figura del costalero ha llegado a ser tan importante como las propias imágenes. Una buena cuadrilla es un espectáculo para la gente, que ha visto como su papel dentro de las procesiones también ha sufrido un cambio profundo. Alentado por el empuje costalero, el público empezó a participar en los desfiles, coreando, aplaudiendo cada movimiento de los valientes que iban debajo.

A finales de los años 80 empezó la revolución costalera en Almería. Entonces comenzaron a mezclarse dos formas de cargar: los portadores que iban por fuera del trono y los cargadores que iban por dentro.

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