La Voz de Almeria

Tal como éramos

El barrio de Los Ángeles y su mercado

La barriada, desde su origen, tuvo un mercadillo callejero que se celebraba todos los días

Solar que hubo que expropiar para levantar el edificio del Mercado del barrio de Los Ángeles.

Solar que hubo que expropiar para levantar el edificio del Mercado del barrio de Los Ángeles.

Eduardo de Vicente
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El popular barrio de Los Ángeles se fue convirtiendo en una pequeña ciudad cuando en los años sesenta sus cuestas, sus cerros y sus antiguos cortijos se transformaron en calles y en bloques de edificios. El crecimiento fue tan vertiginoso como desordenado, sin que nadie fuera capaz de establecer un orden para que el lugar no se convirtiera en un absoluto caos arquitectónico.

En menos de diez años, la barriada se había llenado de vida y formaba ya otra ciudad al norte de la Carretera de Granada. Creció tanto y en tan poco tiempo que los bloques de pisos y las familias llegaron antes que los servicios públicos. Había calles que eran de tierra, futuras plazas aún sin asfaltar, sembradas de edificios y de vecinos, que en muchos casos vinieron de los pueblos para establecerse en la ciudad.

En medio de aquel desorden primitivo, Los Ángeles inventó su propio mercado, al margen de los oficiales que manejaba el ayuntamiento. Uno de los rincones elegidos por los mercaderes ambulantes para establecer sus puestos fue la calle Campo Verde, que se convirtió en un zoco con aire medieval, donde los vendedores acudían todas las mañanas con sus géneros, instalaban cajas de madera en el suelo y comenzaban el negocio. Allí vendían de todo, desde ropa interior y artículos de limpieza, hasta fruta, verdura y pescado. Fue tanta la fuerza que fue cogiendo el mercadillo que las autoridades se vieron impotentes para poder frenarlo, ya que se hacía necesario para el abastecimiento diario de un barrio que en los años setenta rozaba ya los diez mil vecinos empadronados.

Aquel mercadillo callejero, que era un alivio para muchos también se convirtió en un problema para otros. Generaba suciedad y una imagen de subsistencia, casi tercermundista, impropia de una ciudad que quería abrazarse a los tiempos modernos. Fue entonces cuando desde el ayuntamiento se plantearon la necesidad de que una barriada con tanta densidad de población y tan alejada del centro pudiera contar con su propio mercado municipal en unas condiciones dignas. Había que construir un Plaza de Abastos acorde al crecimiento del barrio.

La tarea no fue fácil a la hora de encontrar los terrenos adecuados, ya que las negociaciones con los dueños de las parcelas se fueron enquistando y se tuvo que recurrir a la vía de la expropiación forzosa. El lugar elegido para la construcción del mercado fue un solar de más de dos mil metros cuadrados entre la calle Campo Gris y el cauce de la Rambla de Belén. Tras meses de negociaciones, por fin se pudieron adquirir los últimos terrenos y comenzar los trabajos. El 26 de junio de 1984 entraron las máquinas y se puso la primera piedra del Mercado de Los Ángeles. Cuando ya parecían solucionados los problemas, aparecieron nuevos obstáculos que fueron atrasando el ritmo de las obras y alargando su tiempo de ejecución. Tuvieron que pasar más de dos años para que los vecinos pudieran ver hecho realidad el sueño de tener su propia Plaza. El jueves 16 de octubre de 1986 abrió sus puertas el nuevo complejo comercial que significaba un paso adelante para la barriada. Contaba en su interior con ochenta y cinco mesas para la venta, catorce barracas, un espacio destinado a bar, un cuarto de la basura, dos aseos, una sala de control y despiece y un salón de máquinas. El edificio tenía un piso alto donde se ubicaron dos despachos de policía, un aseo, un laboratorio y una habitación para los veterinarios.

Cuando se inauguró el gran Mercado, el barrio de Los Ángeles superaba ya los doce mil habitantes. Era otra ciudad al otro lado de la rambla.

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