El locutor que se comía el mundo
Andrés Caparrós fue un claro ejemplo del joven autodidacta que a fuerza de lucha se forjó un oficio y un nombre

El adolescente Andrés Caparrós en el chalet del Gitano de la Plaza de Santa Rita, fotografiado por su amigo Fausto Romero.
Manejaba una elegancia sencilla que le daba un atractivo especial. Detrás de una apariencia de muchacho tímido recién duchado y recién peinado, aparecía una personalidad arrebatadora, una fuerza firme sostenida sobre una fe ciega en sus posibilidades. Quería comerse el mundo, sabía lo que quería ser y quizá también dónde podía llegar. Por eso crecía tanto frente a un micrófono y se transformaba para sacar esa vocación de artista a la que no podía renunciar.
Andrés Caparrós fue un claro ejemplo del joven autodidacta que a fuerza de lucha y de trabajo se fue forjando un oficio, un nombre, un lugar en la vida. Empezó de cero, sin rumbo fijo, navegando a veces a la deriva, esperando un viento favorable. Tenía tanta inquietud que no dudaba en subirse a las tablas para representar una obra de teatro o para probar suerte como cantante en un tiempo, allá por los primeros años sesenta, donde muchos adolescentes soñaban con triunfar en el difícil mundo de la canción.
Sus primeros pasos en la radio fueron fundamentales. El contacto con profesionales de la talla de Sigifredo Ortega y Emilia Martín le indicó el camino y fue su gran aprendizaje. En aquellos años, la radio tenía una fuerza imparable y era la banda sonora de las casas. La radio era el consuelo de nuestras madres cuando por la tarde los niños nos íbamos al colegio y ellas se quedaban recogiendo la mesa y fregando los platos. Sonaba la radio en el fondo de las casas, en los patios interiores y en los huecos de las escaleras, y las voces de nuestras madres se confundían con la de la artista que cantaba, porque ellas se sabían de memoria todas aquellas coplas que fueron el aliento de tantas mujeres de aquella época. Radio pegada a la calle, abierta al público, esperando siempre una llamada para mezclarse con la gente. La radio formaba parte de sus vidas como uno más de la familia y cualquier suceso que ocurriera en la ciudad se convertía en gran acontecimiento si pasaba por las ondas de la radio.
En 1962, el nombre de Andrés Caparrós empezaba a sonar con fuerza en Almería gracias a la radio, por las buenas maneras que mostraba como locutor en Radio Juventud y por su desenvoltura encima de los escenarios cuando tenía que cantar. Ese verano fue uno de los participantes en la gran final de ‘Onda de Medianoche’ que se celebró en la Plaza de Toros. En octubre, volvió a las tablas, en aquella ocasión en un gran festival artístico que se celebró en el cine Roma de la calle de la Reina a beneficio de los damnificados en un temporal que había azotado con dureza Barcelona. Andrés Caparrós hizo doblete aquella noche, primero como presentador y después como intérprete, compartiendo la velada con otro notables artista de la época como Paco Urrutia, que también estaba empezando.
En agosto de 1963 le llegó su primer éxito importante dentro del Primer Festival de la Canción en la Costal del Sol que fue retransmitido por todas las emisoras nacionales de Radio Juventud. Sus interpretaciones de ‘Recuerda’ y ‘Plaza Vieja’ fueron lo más destacado del certamen.
Eran años de intenso trabajo en los que el joven Andrés Caparrós supo aprovechar su momento para dar el salto y marcharse lejos. Aquella carrera vertiginosa que había comenzado en los estudios de Radio Juventud de Almería al lado del director Roberto García del Río, empezó a saborear las mieles de la fama cuando en el otoño de 1966 debutó junto a Bobby Deglané, uno de los grandes monstruos de la radio difusión española, en el programa ‘Radio Sábado’ que se retransmitía a casi toda España por las cincuenta y dos emisoras de la Cadena SER.
Trabajar codo con codo con el que entonces era el locutor más popular del país fue su confirmación definitiva. Aquella primera emisión fue su presentación oficial como locutor a nivel nacional y también su primera experiencia como realizador. Acababa de nacer una estrella.