Las lavadoras que sorteaba Ecoprix
El economato de la Cuesta de los Callejones vino con una nueva forma de comercio

Los primeros años de Ecoprix fueron intensos, con aquellas lavadoras New Pol que sorteaban entre sus clientes.
Aquel gran economato de la Cuesta de los Callejones llegó y sembró el miedo en los pequeños comerciantes de la ciudad, en los negocios familiares que sobrevivían con mucho esfuerzo y no tenían posibilidad de hacerse publicidad con anuncios en los periódicos ni repartiendo regalos entre sus clientes.
Ecoprix irrumpió con fuerza, con páginas enteras en la prensa donde anunciaba no solo una tienda, sino el comienzo de una nueva economía y también de un tiempo nuevo. Estábamos a punto de empezar la Transición política cuando nos llegó la transición comercial que trajeron los supermercados. Recuerdo que ser socio de Ecoprix era como un pequeño lujo de la clase media que les permitía a las familias situarse un par de escalones por encima del resto. Se hablaba mucho entonces de los regalos que sorteaba el economato, de aquellas lavadoras de la marca New Pol que por tener un nombre extranjero nos parecían las mejores del mundo aunque las fabricaran en Cataluña.
Ecoprix empezó pisando fuerte el acelerador y poniendo en jaque las viejas formas de entender el comercio. Su aparición en escena fue un acontecimiento en la ciudad y una amenaza para los pequeños comerciantes que lo miraban como a un temible enemigo. Llegó como el primer economato moderno de Almería, anunciando los precios más competitivos en todos sus productos, sembrando de preocupación a los negocios familiares del centro de la ciudad.
Ecoprix surgió en el verano de 1975 con el eslogan “ven al economato de las definitivas soluciones”. Se trataba de una sociedad anónima que en los meses previos a la apertura desarrolló una intensa campaña de publicidad para buscar socios por el módico precio de doscientas pesetas al mes, con el atractivo de poder comprar a precio de costo.
El lugar elegido para su instalación fue la Cuesta de los Callejones, un rincón apartado de la ciudad donde la gente pudiera ir con sus coches y encontrar aparcamiento sin ningún problema.
En aquella época, se trataba de un paraje en expansión. En 1974, el ayuntamiento lo había dotado de alumbrado público y empresas como el almacén de Magefesa y el de la cerveza El Águila, habían levantado allí las primeras naves industriales. Además, se contemplaba como una zona de crecimiento de la ciudad que en poco tiempo contaría con el hospital de Torrecárdenas y con un campo de fútbol, el Franco Navarro, que ya se había empezado a construir.
Ecoprix se inauguró el 28 de julio de 1975 y fue acogido como una señal de modernidad que anunciaba la llegada de nuevos tiempos, con otra forma de concebir el comercio.
El día de la inauguración fue un acontecimiento en la ciudad. Aunque en principio el almacén era de uso exclusivo para los socios, se abrieron las puertas para que todo el público pudiera ver las instalaciones. Fue tanta la expectación, que la empresa organizó un servicio de autobuses gratuitos que salían cada hora desde la puerta del colegio de La Salle. Fueron muchos los almerienses que pasaron allí la jornada disfrutando de aquel gigante que en una sola nave reunía secciones de confección, ferretería, zapatería, juguetería, artículos de regalo, alimentación, droguería, perfumería y carnicería.
Ecoprix fue, sobre todo, el supermercado de las tardes de los sábados. Era el día clave de la semana, cuando la gente hacía del acto cotidiano de la compra un ritual con carácter familiar. Al Ecoprix iba toda la familia como si fuera a presenciar un gran espectáculo.
Uno pasaba la tarde del sábado recorriendo pasillos y hurgando en las estanterías en busca de las últimas novedades y de las gangas de cada temporada, con la misma sensación del que va a distraerse a un cine. Al anochecer, se formaba una gran caravana de coches que cargados de gente y con la compra para toda la semana, regresaban a la ciudad. Eran los socios los que tenían el privilegio de comprar allí, pero también podían llevar a los familiares y a los amigos, por lo que el gran economato privado se fue convirtiendo en un centro comercial sin fronteras.
Llegaban muchos clientes del barrio de Nueva Almería, que en aquellos años de la Transición era también una zona de expansión, habitada en su mayoría por profesionales importantes: médicos, abogados, arquitectos, profesores, que encontraron en el supermercado de la Cuesta de los Callejones su centro de confianza.
Cuando llegaba el mes de julio Ecoprix se vestía de gala para celebrar su aniversario y se exponían grandes promociones sin competencia. También en Navidad se vivían días grandes en el economato. La nave se adornaba para la ocasión y la encargada de la megafonía, Isabel Molina, llenaba el ambiente de villancicos desde la primera semana de diciembre.
Ecoprix fue perdiendo relevancia hasta que cerró a finales de los años ochenta. El vacío que fue dejando su decadencia y su definitivo cierre, lo cubrió el hipermercado Pryca, que en el verano de 1987 empezó a instalarse en un solar de la Avenida del Mediterráneo, prometiendo dos mil millones de pesetas de inversión y más de trescientos puestos de trabajo.