El amigo del Barrio Alto de Lorca
Se llamaba José Segura Cortés y compartió muchas tardes de juego con el poeta en Almería

El almeriense José Segura Cortés era tío del ya fallelcido pescador deportivo Fernando Roba Segura. José aparece en esta foto a la derecha del grupo.
Fernando Roba fue un vecino del Barrio Alto que entre las muchas historias que contaba le gustaba recordar la de un tío suyo que fue amigo del poeta Federico García Lorca en los años de infancia, cuando ambos coincidieron en el Barrio Alto.
Roba nació en 1929, en la calle Luis Salute, a unos metros de donde tenía el estudio Jesús de Perceval. Su padre era maestro albañil, uno de los que trabajaron en la construcción de los refugios de la costa, los búnkeres que sirvieron para vigilar la bahía y refugiarse de los bombardeos durante los años de la guerra civil.
Al terminar la guerra regresó al colegio Calvo Sotelo, en la calle Granada, donde destacó como un buen alumno. En las horas libres cogía la bicicleta de su amigo Matías, se echaba la caña al hombro, colgaba el cubo del manillar y se perdía por los rincones del muelle buscando pescado para la cena.
Estudiaba, pescaba y le echaba una mano a su tía Josefica en la tienda de comestibles que ésta regentaba en la calle Real del Barrio Alto, frente a la confitería La Giralda. Fernando, que tenía entonces doce años, era el niño de los recados. Allí iba con su carrillo de tres ruedas dando viajes a la Plaza, a los almacenes, a las casas de los parroquianos. Aquella tienda le dio para comer y él fue el hombre del negocio mientras que el marido y el hijo de su tía Josefica estuvieron presos en el Ingenio. Cuando con catorce años tuvo que dejar la escuela, Fernando Roba entró a trabajar como aprendiz en el taller de ‘Muebles Rabriju’, donde aprendió a manejar la madera con Juan Martínez, Rafael Calatrava y Brígido Martínez, los tres socios que entonces llevaban el negocio. Estuvo cuatro años aprendiendo hasta que al cumplir la mayoría de edad decidió montar su propio taller de ebanistería, el que le ha dado de comer durante más de medio siglo, en un esquina de la calle San Lorenzo, junto a la Carretera de Granada.
Fue ebanista de profesión y pescador de vocación. La pesca forma parte de su vida y a ella le debía muchos amigos que podría contar por centenares. Llegó a participar en un campeonato del mundo y en 1979 lo nombraron presidente de la Federación Almeriense.
En aquellas intensas jornadas de trabajo que Fernando Roba pasaba en la carpintería, una de las historias que solía contar era la de un personaje de su familia por el que sintió una atracción especial sin llegar jamás a conocerlo personalmente. Era su tío José Segura Cortés, el hermano de su madre, el muchacho culto que fue amigo de Federico García Lorca y de Manuel de Falla. La figura de José estuvo envuelta siempre en una aureola de misterio y leyenda. Fernando sabía que su tío se crió en el Barrio Alto, que fue uno de los amigos del poeta cuando Federico estuvo viviendo y estudiando en Almería. Aquella amistad infantil continuó con el paso de los años cuando su tío José se marchó a trabajar a Barcelona. Cada vez que su profesión de impresor se lo permitía, acudía a actos culturales donde coincidía tanto con su amigo Federico como con Manuel de Falla. En 1922, José Segura Cortés fue uno de los invitados a los actos de homenaje que se celebraron en Granada con motivo de la visita de la artista polaca Wanda Landowska, concertista de piano y amiga personal de Falla. Se conserva una imagen del grupo de amigos que estuvieron aquellos días en Granada (foto de la página), donde se ve al almeriense rodeado de músicos y poetas.
A Fernando Roba le hubiera gustado conocer a su tío. Lo poco que sabía de su vida fue lo que le contó su madre: que nació en la calle Real del Barrio Alto, que su padre era jornalero, que eran seis hermanos, que aprendió la profesión de impresor, que emigró a Cataluña, que estuvo preso después de la guerra y que un día se marchó a Argelia huyendo de la dictadura y del hambre. Allí le perdieron la pista, aunque saben que, como Lorca, murió joven sin dejar descendencia.
De aquellos días de infancia en los que José Segura y Lorca se hicieron amigos en el Barrio Alto, Fernando Roba solo conocía algunas anécdotas de las que le había ido contando su madre, que formaban parte del inventario familiar. Contaba que José Segura y los demás niños del barrio, entre los que estaba el poeta, solían jugar en una huerta que existía cerca del callejón del Cairo, al lado de donde estaban las pilas para lavar la ropa y que muchas veces se escapaban hasta el badén de la Rambla que era el campo de juegos donde se juntaba la chiquillería que llegaba del Barrio Alto, de la calle Murcia y de la calle Granada.