Sandra, la vecina que vio la primera columna de humo del incendio de Los Gallardos: "Fue como la pólvora"
La residente de la Venta del Chocolate relata a LA VOZ cómo vivió los primeros minutos del fuego y la angustia de ver las llamas acercarse a su casa

Sandra y su madre cuando vieron el fuego junto al antiguo bar Anita
El incendio forestal ya estabilizado, que desde la tarde del jueves arrasa el entorno de Los Gallardos, ha dejado imágenes difíciles de olvidar. Pero antes del humo visible desde kilómetros de distancia, de los medios aéreos, de las evacuaciones y de la tragedia que ya se ha cobrado trece vidas, hubo una primera columna de humo que advirtieron quienes se encontraban en las inmediaciones del lugar. Una de esas personas fue Sandra, vecina de 44 años de la barriada de la Venta del Chocolate, un pequeño diseminado situado junto a la pedanía de Almocaizar, en el municipio de Los Gallardos.
Desde el porche de su vivienda, ubicada a unos 400 metros de distancia del lugar donde los primeros indicios sitúan el origen del incendio junto al antiguo bar Anita, contempló cómo todo comenzaba sin imaginar que acabaría convirtiéndose en uno de los incendios más devastadores de la historia reciente del país. “Salí a al porche sobre las cuatro y media, miro hacia abajo, porque desde aquí tengo visibilidad hacia la rotonda donde sucedió, y entonces veo un humo negro”, recuerda en declaraciones a LA VOZ.
Su primera reacción, sin embargo, fue pensar que se trataba de un incidente de tráfico. “Yo en un primer momento pensé que era alguna rueda de algún camión, porque pasan muchos camiones por aquí, por la carretera nacional 340. Era un humo muy negro”. En ese instante todavía no era consciente de la magnitud de lo que estaba ocurriendo. “En realidad yo no pensaba que iba a pasar lo que pasó”.

Sandra en su casa en la Venta del Chocolate, junto con su madre y su hijo
Defender la casa
Al comprobar que el humo no cesaba, llamó inmediatamente a su hermano para que saliera a mirar. “Le dije: ‘Nene, ven, mira el humo negro que está saliendo de la rotonda del bar Anita’”, relata. Fue entonces cuando ambos observaron cómo el fuego comenzaba a propagarse. “Él bajó hacia su casa en Almocaizar porque ya el fuego lo veíamos. De un momento a otro vimos cómo cruzó para el cortijo que hay encima del Anita. Ahí ya fue como la pólvora. Eso tardó segundos en extenderse”.
Sandra insiste en que todo ocurrió con una rapidez difícil de describir. Mientras ella observaba el avance de las llamas, el incendio comenzaba a ascender por los barrancos, impulsado por el fuerte viento, una combinación que complicó desde el primer momento las labores de extinción.
A medida que el incendio avanzaba, el miedo fue cambiando de lugar en el domicilio de la almeriense. Aunque el foco inicial se encontraba al otro lado de la carretera, el fuego terminó descendiendo hacia una rambla próxima a la vivienda familiar. “Nosotros cuando temimos por nuestra casa fue cuando el fuego bajó hacia la rambla. Pensábamos que si subía por las cañas ya no teníamos salvación aquí”.
Lejos de pensar en abandonar la vivienda, toda la familia comenzó a prepararse para intentar protegerla. “Nosotros en ningún momento pensamos en irnos. Lo que queríamos era apagar el fuego”. Para ello dejaron listas las mangueras y pusieron en funcionamiento el pozo. Reconoce que aquellos fueron momentos de enorme incertidumbre. “Son unos momentos muy difíciles, sin saber qué hacer, sin saber hacia dónde tirar”.

El kilómetro cero del incendio.
Refugio para vecinos
Mientras las llamas seguían avanzando por el lado opuesto de la carretera, varios vecinos desalojados de Almocaizar buscaron refugio en la vivienda de Sandra. Muchos de ellos eran residentes extranjeros, una realidad habitual en este municipio del Levante almeriense. Los Gallardos cuenta con 3.110 habitantes y cerca del 40 % de su población es de origen extranjero, principalmente británicos jubilados, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA).
Además de sus cinco núcleos principales —Almocáizar, Alfaix, Huerta Nueva, Los Collados o La Perulaca—, casi 900 vecinos viven en diseminados repartidos por barrancos y caminos rurales, una dispersión que complicó tanto las evacuaciones como las labores de extinción. “Algunos vecinos vinieron aquí porque nos conocen. Uno de ellos es australiano y fue bombero. Estuvo toda la tarde pendiente del fuego, viendo cómo trabajaban los aviones con el agua”, recuerda.

La Venta del Chocolate desde una imagen satélite
Sin luz desde el jueves
Aunque las llamas finalmente no alcanzaron su vivienda, las consecuencias han continuado durante el fin de semana. Sandra explica que, desde las seis de la tarde del jueves y hasta las 13:15 horas de este domingo, permanecieron sin suministro eléctrico.
En la vivienda conviven actualmente cuatro menores y cuatro adultos, entre ellos su madre, que precisamente cumple hoy 79 años. Ante esa situación, la familia tuvo que alquilar un generador para evitar perder los alimentos almacenados. “Tuvimos que alquilar un generador. Lo único que teníamos enchufado son los congeladores y las neveras”. Como explica, este tipo de hogares son casas despensa o de bastimento, es decir, viviendas construidas en zonas rurales o de montaña, alejadas de los núcleos urbanos. Por tanto, cuando se baja al pueblo se suele comprar en grandes cantidades para poder almacenar.
Sucesos
Persiste el riesgo extremo y muy alto de incendios en casi toda la provincia de Almería
Mª Ángeles Arellano
Pero más allá de los daños materiales, Sandra reconoce que lo más difícil está siendo asumir lo cerca que estuvieron de convertirse en víctimas del incendio. En algunos momentos sigue sufriendo nerviosismo y ansiedad: “Estoy muy nerviosa. Tengo ataques de ansiedad, una presión en el pecho. Estamos pasando unos momentos muy difíciles”.
Sandra asegura que hay una imagen que no consigue quitarse de la cabeza cada vez que sale de casa: el paisaje negro que ha sustituido al monte. También tiene un recuerdo para las víctimas y sus familias, especialmente para el cercano municipio de Bédar. “Nos unimos al dolor de ese pueblo. Sentimos de corazón todo lo que ha sucedido”, afirma emocionada.
Después, vuelve a mirar hacia el monte calcinado y resume en unas pocas palabras lo cerca que estuvieron de la tragedia: “Esta mañana, cuando he salido a andar y he visto todo lo quemado, decía: ‘Lo hemos tenido aquí. Hemos estado en la boca del lobo’”.