"100 metros al minuto": así fue la violencia con la que se expandió el incendio en Los Gallardos
Las llamas llegaron a propagarse con una rapidez capaz de devorar un terreno de fútbol en sesenta segundos

El ministro Félix Bolaños durante su intervención en Turre.
Todos los vecinos evacuados y que fueron testigos del incendio coinciden. "En unos minutos lo que parecía un pequeño conato ya eran unas llamas que no nadie podía controlar", decía una vecina desalojada desde el Tanatorio Municipal de Lubrín.
Esos testimonios ahora están respaldados por las cifras, como las que ofreció ayer el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. Desde el centro avanzado de operaciones, no ocultó la gravedad de la situación, poniendo números a un fenómeno que ha desbordado los manuales de extinción tradicionales. Las llamas han llegado a registrar una velocidad de propagación vertical y horizontal capaz de devorar un terreno de fútbol en apenas sesenta segundos.
"Estamos conociendo incendios forestales que no se han conocido nunca en la historia de nuestro país", advertía el ministro antes de detallar estos hechos. "El incendio de los Gallardos ha tenido momentos donde se estima que ha podido avanzar 100 metros al minuto, lo cual supone una virulencia y una gravedad que no se ha conocido nunca", subrayó el vicepresidente del Gobierno español.
Una velocidad inédita y aterradora
Esa velocidad de 100 metros por minuto no es una casualidad; es el síntoma de una realidad mucho mayor que los expertos llevan tiempo vaticinando y que Almería empieza a sufrir en primera línea: los incendios de sexta generación impulsados por el aumento de las temperaturas.
El ministro fue tajante al vincular directamente el comportamiento de las llamas con las transformaciones globales que sufre el planeta. Para Bolaños, lo vivido en Los Gallardos es la manifestación más violenta y peligrosa del calentamiento global. "El cambio climático y la emergencia climática es evidente", sentenció Bolaños, insistiendo en que esta crisis "es evidentemente consecuencia de la emergencia climática que sufre el mundo".
Las altas temperaturas acumuladas en el Levante de la provincia, unidas a una humedad relativa extremadamente baja y a una masa forestal reseca, actúan como el combustible perfecto para generar incendios extremadamente violentos.