El mapa de los municipios bajo la amenaza del incendio en Los Gallardos
El fuego avanza por un territorio de complicada orografía, viviendas dispersas y miles de residentes extranjeros
El incendio forestal declarado este 9 de julio a las 18:16 horas en la barriada de Almocáizar, en el término municipal de Los Gallardos, mantiene en alerta a buena parte del Levante almeriense. El fuego se originó junto a la carretera N-340a y, favorecido por el viento y las altas temperaturas, avanzó en dirección noroeste hacia Bédar, en un entorno especialmente complicado por la abundancia de barrancos, fuertes pendientes y viviendas dispersas.
El mapa de la proyección del incendio se concentra principalmente sobre los términos municipales de Los Gallardos, Bédar, Sorbas, Antas y Lubrín. Se mantiene la vigilancia en una zona caracterizada por una orografía muy compleja y por la dispersión de la población, en núcleo y diseminados, que dificultan tanto las labores de extinción como la evacuación de los vecinos.
Núcleos y diseminados
- Núcleos de población: Conjunto de al menos 10 edificaciones que forman calles, plazas u otras vías urbanas. Se consideran dentro de esta categoría las viviendas aisladas que distan menos de 200 metros de los límites de ese conjunto.
- Diseminados: Son edificaciones aisladas o pequeños grupos que no cumplen los requisitos para ser un núcleo (tienen menos de 10 viviendas o están excesivamente separadas).
Diseminados y población extranjera
El municipio de Los Gallardos, donde comenzó el incendio, cuenta con 3.110 habitantes, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y concentra cinco núcleos principales: Almocáizar, Alfaix, Huerta Nueva, Los Collados o La Perulaca. Además, cuenta con numerosos diseminados, aquellas viviendas o edificaciones aisladas pertenecientes a una misma entidad de población que no cumplen los requisitos para ser consideradas núcleo. Cerca del 40 % de su población es extranjera, según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), con una importante presencia de ciudadanos británicos jubilados, lo que convierte al municipio en uno de los de mayor porcentaje de residentes internacionales de la provincia. Además, 887 habitantes residen en diseminados. Su relieve supone la transición entre la Sierra de Bédar y la vega del río Aguas, con numerosos barrancos y zonas de difícil acceso.
Hacia el noroeste se encuentra Bédar, un municipio de 973 habitantes que también destaca por el elevado peso de la población extranjera, con alrededor de 570 residentes internacionales, más de la mitad del total, y 357 en diseminados. El fuego amenaza sus ocho pedanías, como Los Albaricos, La Serena, Los Pinos o Los Matreros y diseminados. La combinación de fuertes pendientes, barrancos y urbanizaciones dispersas convierte esta zona en una de las más complejas para combatir un incendio forestal.
Otro municipio, en la parte suroccidental del Levante, es Sorbas, el cual limita con Bédar. Posee 2.564 habitantes, entre ellos 578 extranjeros y 232 que viven en diseminados. Su término municipal presenta una de las orografías más abruptas de la provincia, con profundos barrancos, terreno kárstico y más de 30 pedanías y cortijadas, factores que obligan con frecuencia a apoyar las labores de extinción con medios aéreos cuando se producen incendios forestales.
También figura dentro del área de influencia Antas, en la parte central de la comarca del Levante, con 3.472 habitantes, de los que unos 870 son extranjeros y unos 809 viven en diseminados. Este municipio está compuesto por unas cuatro pedanías y hasta ocho diseminados. Su relieve, marcado por ramblas, laderas y monte bajo, favorece la rápida propagación de las llamas, mientras que la dispersión de cortijos y viviendas complica las tareas de protección de la población.
Más al interior se encuentra Lubrín, un municipio de 1.434 habitantes, con alrededor de 430 residentes extranjeros y 190 residentes en diseminados, distribuido en una veintena de pedanías. Su ubicación en las estribaciones de la Sierra de los Filabres y la presencia de barrancos profundos y laderas expuestas al viento convierten el terreno en un escenario especialmente difícil para los equipos de extinción.
Dificultades por la orografía
La orografía del Levante almeriense supone uno de los principales desafíos para la extinción del incendio. La sucesión de barrancos, laderas escarpadas y ramblas favorece el conocido efecto chimenea, un fenómeno por el que el aire caliente asciende con rapidez por las pendientes, impulsando las llamas cuesta arriba y acelerando su propagación. A ello se suma un clima mediterráneo muy seco, con escasas precipitaciones, altas temperaturas estivales y baja humedad, condiciones que resecan la vegetación y aumentan el riesgo de incendios.
La dispersión de viviendas y cortijos, junto con una red de caminos estrechos y de difícil acceso, complica además el trabajo de los medios terrestres y obliga, en muchos puntos, a depender del apoyo aéreo. En este escenario, cualquier cambio en la intensidad o dirección del viento puede alterar el comportamiento del fuego en cuestión de minutos.
Plan de Emergencia
La preparación de los municipios también es desigual. Bédar y Lubrín cuentan con un Plan Territorial de Emergencia Local (PTEL), el documento que organiza la respuesta municipal ante situaciones de grave riesgo, como incendios forestales, inundaciones o fenómenos meteorológicos extremos.
Sin embargo, Antas y Sorbas todavía no disponen de este instrumento adaptado a la normativa andaluza, mientras que Los Gallardos se encuentra en proceso de redacción y renovación de su PTEL. La existencia de estos planes facilita la coordinación entre administraciones, la movilización de recursos y la adopción de medidas de protección para la población en caso de emergencia.
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En conjunto, el incendio pone bajo amenaza a un territorio que suma más de 11.500 habitantes, de los que casi 3.700 son residentes extranjeros, muchos de ellos establecidos en urbanizaciones, cortijadas y viviendas aisladas repartidas por el monte. Esa dispersión, unida a la compleja orografía del Levante almeriense y a las condiciones meteorológicas, explica la dificultad de las labores que desarrollan los equipos de emergencia desde que se declaró el fuego.