"Cuando nos dimos cuenta, el fuego ya rodeaba nuestra casa": el relato de los vecinos evacuados por el incendio
Los testimonios recogidos por SER Almería reflejan el miedo, la incertidumbre y las horas de angustia vividas por quienes tuvieron que abandonar sus viviendas sin saber si aún siguen en pie

Vecinos evacuados en el tanatorio de Lubrín, uno de los municipios cercanos a la zona afectada.
El Tanatorio Municipal de Lubrín se ha convertido en las últimas horas en un improvisado refugio para decenas de vecinos evacuados por el incendio forestal declarado en Los Gallardos y que ha afectado a territorios de Bédar y Antas. Allí esperan noticias sobre el estado de sus viviendas mientras el operativo continúa luchando contra las llamas. La incertidumbre es absoluta y las conversaciones giran en torno a una única pregunta: ¿qué habrá quedado de sus casas?
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Mª Ángeles Arellano
Los compañeros de SER Almería, desplazados hasta este punto de acogida, han recogido algunos de los testimonios de quienes vivieron en primera persona el avance del incendio. Relatos marcados por el miedo, la rapidez con la que se propagó el fuego y la impotencia de tener que abandonar sus hogares.
María Fernández, vecina de Bédar, recuerda cómo una jornada de trabajo terminó convirtiéndose en una pesadilla.
"Estaba trabajando. Abrimos el balcón y vimos mucho humo. Pensamos que sería algo pequeño, que alguien habría quemado algo. Comentamos que no sería nada, pero al rato ya era enorme. El olor era muy fuerte. Era algo que no esperábamos".
Su preocupación aumentó cuando miró hacia la zona donde se encuentra su cortijo.
"Iba a ir a casa de otra usuaria, miré hacia donde tengo el cortijo y vi que las llamas estaban llegando. Cogí el coche para ir, pero la Guardia Civil ya no dejaba pasar. Nos evacuaron y nos trajeron aquí. Ahora solo nos queda esperar. No sabemos nada. No sabemos si podremos volver a nuestras casas".
Una incertidumbre que comparten decenas de familias evacuadas.
Francisco, otro vecino de Bédar, explica que las primeras columnas de humo no parecían representar una amenaza.
"Sobre las doce del mediodía vimos salir humo por la montaña. Llamé a mi cuñada y le dije que había humo. Me respondió que sí, que había un incendio, pero que estaba lejos, a unos quince o veinte kilómetros". Sin embargo, el cambio de viento transformó por completo la situación.
"Se levantó aire y el fuego vino hacia nosotros. Cuando nos dimos cuenta, la casa ya estaba rodeada por las llamas. Estábamos dentro y el fuego alrededor".
Durante varias horas permaneció en contacto telefónico con la Guardia Civil mientras esperaba la llegada de los agentes.
"Me decían: 'Francisco, no cuelgues, tenemos que estar en contacto. Cuando baje un poco el fuego subimos a por ti'". Mientras tanto, intentaron protegerse como pudieron.
"Rompimos el cristal de un ventanal. Cerramos la puerta de entrada y nos refugiamos en el garaje. Allí estuvimos unas dos horas esperando".
Finalmente pudieron ser evacuados, aunque todavía desconocen el estado de su vivienda.
"No nos dejan bajar. Creemos que la casa sigue en pie, pero no lo sabemos. Se rompió el cristal, se quemaron los sofás de la terraza y también muchos árboles de alrededor. Esta mañana nos han reunido para informarnos, pero solo nos han dicho que todavía no saben cuándo podremos volver".
Otro de los testimonios recogidos por Rocío Sánchez, de SER Almería, es el de Luis Cervero, vecino de Bédar desde hace poco más de un año, que todavía no sale de su asombro por la velocidad con la que avanzaron las llamas. "Fue toda una sorpresa. Oí que llamaban a la puerta y era mi vecino. Me dijo: 'Luis, ¿has visto lo que hay ahí fuera?'. Al principio pensé que era una polvareda, pero enseguida llegó el olor a humo y me dijo que saliera cuanto antes". Cervero recuerda que apenas transcurrieron cinco minutos entre aquella conversación y el momento en que comprendió la magnitud del incendio. "Subí a mi cuarto y, cuando pasé por delante de una ventana, la montaña que unos minutos antes estaba cubierta de humo era ya un muro de fuego de arriba abajo y de un lado al otro. En cuatro o cinco minutos había cambiado todo".
Sin tiempo para recoger pertenencias, tomó una decisión inmediata. "Dije: 'Ni equipaje ni nada'. Cogí las llaves del coche, metí a mi perro y me fui. A mi gata no pude localizarla". Con experiencia en incendios forestales durante su juventud, decidió no abandonar el núcleo urbano.
"No me atreví a salir por la carretera porque es muy estrecha y sabía que podía quedarme atrapado. Preferí quedarme en el centro del pueblo, donde las casas son de piedra y no hay árboles alrededor".
Desde allí llegó a contemplar cómo las llamas alcanzaban su vivienda. "Vi arder mi casa. Cuando pasó la primera ola del fuego comprobé que mi coche estaba bien y, cuando el viento dio un respiro, me vine hasta Lubrín. Ya vi que no había peligro para salir". Luis reconoce que compró la vivienda el pasado mes de mayo y que todavía tenía la mudanza sin terminar. "Aún había cajas y muebles por colocar. Ahora solo queda esperar para saber qué ha quedado de todo aquello".
Historias como las de María, Francisco o Luis ponen voz al drama humano que deja el incendio forestal de Los Gallardos. Detrás del balance oficial de víctimas, heridos y desaparecidos hay cientos de vecinos que aguardan con angustia una llamada o una autorización para regresar a unas viviendas cuyo destino todavía desconocen.