García Ibáñez rebasa el ecuador de su oda a la fraternidad universal
García Ibáñez rebasa el ecuador de su oda a la fraternidad universal
Andrés García Ibáñez es un pintor incansable. Y esa perseverancia se aprecia en la rapidez con la que avanza en su gran lienzo de la alegría. A mediados de noviembre, sorprendió al mundo con una iniciativa sin precedentes. EQUO posó para él como símbolo de la fraternidad universal. Así logró la coral de desnudos que necesitaba para plasmar su visión de la ‘Oda a la alegría’ de Schiller. Y la joven formación política reivindicó la tolerancia cero contra la corrupción durante la campaña de las Elecciones Generales del pasado 20 de noviembre.
En diciembre, el artista de Olula del Río ya dibujaba los 36 hombres y mujeres que protagonizan una de las obras más significativas de su carrera, ‘La fraternidad universal’. En la actualidad, ya rebasa el ecuador del lienzo. “Tengo casi terminadas 24 figuras, aunque me queda aún toda la primera fila, que es la más importante y contundente para el carácter visual del conjunto y su tridimensionalidad”, apunta en una entrevista a LA VOZ.
Ibáñez trabaja a destajo y su labor entraña una complicación mayor de lo que a priori se puede imaginar. “Me está costando un esfuerzo enorme, pues no se trata de copiar una foto sin más, sino de reproducir el carácter e individualismo de cada personaje. Cada uno es un retrato y un ser diferente, irrepetible”, indica.
Para esa titánica tarea, el pintor se vale de multitud de fotografías captadas durante la sesión, ya que cada figura es la síntesis de varias tomas. También juega con la deformación de los rasgos. “Es una deformación comedida, no para hacerlos caricaturescos, sino para incidir en la personalidad de cada uno”, expresa. “Hay una pequeña inclinación expresionista que marcará el carácter del cuadro y su capacidad de emoción”, añade.
La obra requiere una enorme dedicación también en lo que a pintura se refiere. “Tiene mucho trabajo de pasta pictórica, con mucho color y diferencias de matices que dan al conjunto una riqueza dentro de la aparente monotonía de tanto desnudo junto”, argumenta.
El lienzo de desnudos incluirá una franja en la parte inferior donde García Ibáñez escribirá el estribillo del poema de Schiller, “la parte que cantan los miembros del coro”, matiza. “Si mis previsiones no fallan, en un mes y medio puede estar acabado. Veremos”, señala el pintor.
Sala número 16 del museo
‘La fraternidad universal’ será ubicado en la sala número 16 del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río, centro donde se produjo el posado de EQUO. Ocupará el lugar de la versión primitiva de la oda que Ibáñez pintó en sus inicios y que ahora ha quedado cubierta por esta pintura definitiva. “Será la última obra que se contemple en el recorrido por todo el edificio”, dice.
En una de las primeras sesiones de trabajo, el pintor descubrió que al dividir en mitades sucesivas la superficie del lienzo para dibujar con exactitud, resultaban 42 cuadrados perfectos. Un hecho que el artista interpreta como “un ejemplo de la armonía que desprendía la composición de las fotos preliminares para el cuadro”. “Todo se organizó pensando en que la imagen definitiva iba a ser un poco más apaisada, pero al final descontamos por abajo una cartela de veinte centímetros para inscribir el poema original de Schiller”, explica.
Ibáñez acompaña el trabajo ante su gran lienzo de la alegría con las anotaciones de ideas y pequeñas reflexiones en un diario. “Dibujar, dibujar, dibujar, como decía Zuloaga” y “Sentir la forma, sacar el máximo partido a la expresión, deformar el dibujo impuesto por la foto para mejorar en gracia y vigor” ya forman parte del cuaderno de bitácora de este artista universal.