La Voz de Almeria

Política

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El día viene trufado de detalles pellejeros acerca del uso y el abuso que del dinero público hicieron en la Diputación Provincial de Almería sus antiguos responsables políticos. Facturas miserables, gastos bochornosos y despiporres facturados a cargo del contribuyente que deberían abochornar a quienes así se comportaron, por mucha justificación legal que pueda encontrarse, si es que se encuentra, a todo este nuevo capítulo de alardes. Cobrar por asistir a procesiones, por hacer de hincha del Barcelona en un partido de Copa contra el Almería o pasar dietas por ir de invitado a una paellada no parece que sean méritos cincelables en los mármoles biográficos de nadie, sino más bien un baldón o losa que debería acompañar de por vida a quienes así de magnánimamente entendieron su paso por la vida pública. No hay que olvidar que estamos hablando del mismo equipo de Gobierno que incluyó elevadas partidas de gastos manifiestamente cuestionables (menús de gran despliegue y reservas de carísimo descorche) en actividades como el Festival de Cortos. Y claro, siendo ésta una actitud escasamente presentable desde el punto de vista ético y estético, si pensamos que ese estilo suyo de entender la gestión ha acabado dejando como saldo una deuda de 200 millones de euros en la Diputación Provincial, puede que empecemos a considerar este asunto desde otro punto de vista. Y es que esta deuda inmoviliza compromete la capacidad actual de esta institución a la hora de dar servicios a los almerienses, como es su deber. Y esa deuda la vamos a acabar pagando usted y yo, y no los que hicieron de esa institución una paellada non-stop.

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