Ibáñez dibuja ya la coral de desnudos sobre su gran lienzo de la alegría
Ibáñez dibuja ya la coral de desnudos sobre su gran lienzo de la alegría
“Para mí es un hecho trascendental. Como pintor, por lo que supone el reto, y como reflexión intelectual, me parece muy importante pues añado mi granito de arena a una larga lista histórica de creadores y pensadores que claman por los valores de igualdad, libertad y fraternidad, recogidos después en la declaración de los derechos humanos. Es algo que desde el primer día, cuando se produjo el posado de las 36 personas, he sentido de una forma muy fuerte, y ellos -y los que siguen esta aventura- creo que también”.
De esa forma se refiere el pintor Andrés García Ibáñez a uno de los capítulos más fascinantes de su carrera, el de plasmar sobre un lienzo gigante el significado de la ‘Oda a la alegría’ de Schiller, poema en que se inspiró Beethoven para componer la Novena Sinfonía, basándose en un desnudo de la formación política EQUO.
El artista dibuja desde hace unos días la coral de 36 hombres y mujeres que cantan en hermandad y armonía del mundo. Valores que Ibáñez halló en el programa del partido de reciente creación y que contiene el poema de Schiller. De ahí la idea del posado de EQUO, quien protagonizó el gesto más original de la campaña electoral del 20N, como símbolo de la fraternidad universal.
Un alegato contra la injusticia
Según el pintor olulense, la obra resultante debe ser “un alegato contra la desigualdad y la injusticia en el mundo. El sueño de hermanamiento, de una vez por todas, entre los hombres y de éstos con el medio físico. El triunfo de nuestra razón sobre nuestra voluntad animal cruel y exterminadora”.
El lienzo, titulado La fraternidad universal, estará listo en unos tres meses y será ubicado en la sala número 16 del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río, centro donde se produjo el posado. Allí ocupará el lugar de la versión primitiva de la Oda que Ibáñez pintó en sus inicios y que ahora ha quedado cubierta por esta pintura definitiva. “Será la última obra que se contemple en el recorrido por todo el edificio”, expresa.
Armonía que impregna todo
En una de las primeras sesiones de trabajo, descubrió que al dividir en mitades sucesivas la superficie del lienzo para dibujar con exactitud, resultaban 42 cuadrados perfectos. Un hecho que el artista interpreta como “un ejemplo de la armonía que desprendía la composición de las fotos preliminares para el cuadro”. “Todo se organizó pensando en que la imagen definitiva iba a ser un poco más apaisada, pero al final descontamos por abajo una cartela de veinte centímetros para inscribir el poema original de Schiller”, explica.
Ibáñez acompaña el trabajo ante su gran lienzo de la alegría con las anotaciones de ideas y pequeñas reflexiones en un diario. “Dibujar, dibujar, dibujar, como decía Zuloaga” y “Sentir la forma, sacar el máximo partido a la expresión, deformar el dibujo impuesto por la foto para mejorar en gracia y vigor” ya forman parte del cuaderno de bitácora de este artista universal que siempre dibuja a puro sentimiento. “Siempre dibujo a ojo, a puro sentimiento, proporcionando tan sólo con la confianza en la destreza de mi ojo”.