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Los americanos salen de Irak

Los americanos salen de Irak

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Los acontecimientos van al galope en el mundo árabe. La guerra de Libia concluye con la muerte de Guedaffi, el déspota ha sido derrocado con la ayuda de la Otan que sale airosa. La Alianza no ha tenido ninguna baja y el coste económico, más elevado, eso sí, de lo que dice nuestro gobierno, no ha sido ruinoso. En Túnez hay ya unas elecciones en las que los islamistas (¿ moderados, extremistas?) obtendrán un buen resultado, el Príncipe heredero de Arabia Saudita muere en un hospital americano, sigue la revuelta siria y, sorpresa, los americanos se marchan totalmente de Irak por un desentendimiento con el gobierno de Bagdad. Han transcurrido más de ocho años desde la invasión decretada por Bush, una intervención militar buscando destruir unas armas de destrucción masiva que luego resultó que no existían aunque la convicción generalizada en aquellas fechas en todos los gobiernos es que Sadam Husseim las poseía. La guerra, con claro éxito en su desarrollo inicial, ha tenido un enorme costo en Estados Unidos posteriormente. Acabadas las hostilidades nada se desarrolló como pensaban las autoridades de Washington. En resumen, 4.408 americanos han perdido allí su vida en estos años, hay unos 30.000 heridos y Estados Unidos ha enterrado un billón de dólares. Todo ello sin contar los miles de muertos iraquíes causados, si pormenorizamos las cifras, no ya por el ataque americano sino por las luchas intestinas desatadas en Irak entre los extremistas de los sunitas y el sector parecido chiita. Obama, que votó en contra de la intervención cuando era senador, había reducido sensiblemente, como prometió, la presencia militar yanqui. En estos momentos quedaban unos 39.000 soldados. Aunque pensaba retirar más antes de fin de año la intención del Pentágono era conservar allí un contingente de varios miles para reforzar la seguridad del país y continuar entrenando a tropas iraquíes. Las conversaciones para regular la presencia de esos efectivos han encontrado esta semana un escollo insalvable. Quedó patente después de una videoconferencia entre Obama y el primer ministro iraquí Al Maliki el viernes por la mañana. Obama anunciaba la marcha en la televisión horas más tarde. El Presidente ha hecho de tripas corazón declarando que cumplía su promesa de traer a casa los efectivos americanos. Es cierto, sólo que su Administración quería dejar por las razones apuntadas unos 10.000 y que estos gozaran, como hasta ahora, de un estatuto especial, es decir de inmunidad. El gobierno iraquí ha razonado que este tratamiento espe,cial, que un soldado extranjero violara la ley de cualquier forma y no pudiera ser juzgado en Irak, era algo que, con un país más o menos normalizado, las fuerzas políticas no podían aceptar. El Pentágono ha visto entonces el espectro de un proceso sin garantías en el que cualquier exceso, voluntario o no, de una patrulla americana persiguiendo a unos sospechosos de poner una bomba… acabase con media docena de sus soldados en la cárcel y ante un juez iraquí de dudosa filiación política. Ha preferido hacer las maletas. Aunque la forzada salida no es mala para Obama, cumple su promesa y hay menos jóvenes americanos con su vida en peligro, la oposición republicana se le ha echado encima. Su antiguo rival en la elección, McCain dice lamentar profundamente la decisión, los contendientes del mismo partido en la campaña para la del próximo año se han desmelenado también. Unos dicen que se ha negociado mal con lo iraquíes, otros que Obama no debería aceptar la marcha. Las acusaciones tienen algo de ingenuo. Aunque haya bastantes políticos iraquíes que pensasen que la presencia militar yanqui era aún buena para la estabilidad del país, la concesión del status especial para unas tropas extranjeras, fuerzas de ocupación para muchos, podía ahora ya ser explosivo para la opinión pública. Por otra parte, si Bagdad pedía la salida era absurdo que Obama pudiera oponerse. El tema no erosionará la desgastada imagen del Presidente, podría hasta favorecerle. Otro tanto puede decirse del final de la campaña de Libia en la que Estados Un

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