La Voz de Almeria

Historias de Almería

El riojano que revolucionó el campo de Dalías

Marcos Eguizábal llegó a Almería en 1974, cuando estaba casi todo por hacer: fue un torbellino en el Poniente almeriense y en Cabo de Gata;

Marcos Eguizábal Ramírez (1919-2029) en un acto público en Almería como patrocinador deportivo.

Marcos Eguizábal Ramírez (1919-2029) en un acto público en Almería como patrocinador deportivo.

Manuel León
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Tenía nombre de evangelista y a su manera -una manera espontánea, impulsiva, quizá abrupta- evangelizó parte del majestuoso Campo de Dalías. Llegó pronto, muy pronto, cuando aún estaba casi todo por hacer en ese erial casi virgen, aunque ya se hubieran hecho cosas; llegó Marcos Eguizábal Ramírez (El Villar de Arnedo, 1919 (La Rioja), un pueblo tan pequeño como Turrillas) a Almería en 1974, con 56 años, casi rico ya, con más de media vida hecha pero con el ímpetu de un colegial; llegó con su estatura pequeña, con su pañuelo anidado al cuello, con un traje de alpaca de 5.000 pesetas, que no ocultaba su raíz rural y plebeya; llegó este prohombre A El Ejido -cuando no existía como municipio- y revolucionó el campo; llegó para unas cortas vacaciones y se quedó casi veinte años comprando todo lo que se le ponía por delante, hasta reunir 6.000 hectáreas en el Poniente, entre otras propiedades, viendo las posibilidades que se abrían en esas tierras de promisión que principiaba a escribir una leyenda bajo plástico; llegó antes que Tierras de Almería (Banesto y Quash) y fue un homo antecessor de la colonización privada repartiendo tierra entre los nuevos colonos que llegaban a cultivar verduras sobre arena y bajo plástico.

Recién llegado a esa tierra, antes de morir el Caudillo, en vez de ver un secano salobre cerca del mar, lo que veía Eguizábal era un futurible jardín de Babilonia. Miró a las alturas del paisaje llano de tierra cobriza como las laderas riojanas y avistó los montes de Sierra Nevada cubiertos de nieve. Y se preguntó: dónde están los ríos, dónde está todo ese agua y se trajo Marcos a unos geólogos holandeses para encontrar veneros, abriendo varios pozos en La Aldeilla. En ese tiempo, aún bragado don Marcos, como lo llamaban los campesinos, cogía la azada, habría caballones y comía con ellos en los balates. Su negocio era comprar e inmatricularse tierra en diversos rajes como los del Algarrobo, Puesto del indiano, Loma Blanca, Callejones, junto a tierras de Cosensa, de José Fornieles, del Irida o de don Francisco Colomer. También se hizo con fincas rústicas de naranjos, limoneros y parras en Benahadux.

Después aparcelaba y vendía a familias para que hicieran el invernadero con el material que él mismo les suministraba, desde el alambre hasta el guano. Hasta mil agricultores llegaron a comprarle terrenos de una hectárea para cultivos extratempranos que se convertirían campaña tras campaña en la despensa de Europa, empezando a salir como ejemplo de 'milagro' en los telediarios de Pedro Erquicia aún en blanco y negro.

También atesoró 200 hectáreas en Níjar donde, como un conejillo de indias, cultivó los primeros espárragos de Almería con semilla holandesa y también lechuga y apio. Fue en Almería donde Eguizábal aquilató su fortuna para asumir ambiciosos proyectos posteriores relacionados con el negocio del vino. La historia de este patrono arrancó en su pequeño pueblo riojano como hijo menor de una familia de 14 hermanos. Su padre y antes su abuelo se ganaron la vida vendiendo vino a granel con un carro mulero. Marcos se libró de la Guerra porque ya tenía tres hermanos en el frente. Antes, de chaval, ya recorría los fielatos de La Rioja acarreando pellejos de vino de la familia. Con 17 años empezó Químicas para convertirse en enólogo, pero la Guerra truncó su aspiración y se hizo maestro de escuela. Por poco tiempo, Eguizábal llevaba los negocios en la sangre. Invirtió en el cultivo de patata unos ahorros, pero las inclemencias de tiempo le jugaron una mala pasada, perdió toda la cosecha y se quedó ‘con la chaqueta puesta’. No se rindió y abrió un almacén de sacos -La Yutería riojana- pero el nylon y el plástico lo volvió a arruinar, el mismo plástico que después muchos cientos de kilómetros al sur fue su tabla de salvación con el surfeó las huellas de los fracasos pasados.

El desarrollismo de los 60 le cogió bien colocado y metió una pierna y luego la otra en el negocio de la construcción: abrió negocios inmobiliarios primero en Logroño, después en Madrid, hasta que desembarcó en Almería y vio tanto negocio en tanto terrón de tierra que arrinconó el bañador con el que vino y abrió una oficina inmobiliaria en el Paseo de Almería, que después amplió con una agencia de viajes en Rueda López. Al poco de llegar a Almería, donde fue criando a cinco hijos junto a su esposa Josefa Alonso, se hizo con la propiedad del Cortijo Romero (actual Casa del Cine) y compró también la finca El Chorrillo, en Pechina, la de los rodajes cinematográficos.

Todo ese caudal de ganancias le hizo estar ojo avizor en 1984 ante la oportunidad de su vida, cuando salieron a subasta las centenarias bodegas Lan, Franco Españolas y Paternina, del intervenido imperio Rumasa, y se las adjudicó en dura competencia por 600 millones de pesetas. Para cuidar ese gran negocio del vino, Marcos empezó ya a pasar más tiempo en Rioja que en Almería, complementado con la compra del equipo de fútbol del Logroñés que pasó a presidir, llevándolo a Primera División. En Almería también patrocinó un equipo de pelota y de ciclismo, dio terrenos para la Asociación Astronómica Orión y para una depuradora en Cabo de Gata y también tuvo el gesto de donar un valioso códice sobre la Vida del Beato Liébana de su tierra a la Universidad de Almería.

Eguizábal, en el canasto de Almería seguía teniendo muchos huevos, además de hacer yoga con un monje tibetano en Cabo de Gata. Por ejemplo, Eguizábal volvió al candelero provincial cuando se peleó con Juan Callejón y Francisco Espinosa, ediles de El Ejido, a la hora de querer hacer 1.000 viviendas en La Estrella, junto al polígono La Redonda. Compró la finca estatal Entusa de 1.400 hectáreas en Níjar, donde veraneó Adolfo Suárez, y presentó, junto a la Diputación de Antonio Maresca un macrocomplejo turístico -Operación Bahía- que no llegó nunca a ejecutarse. Tuvo también sus hieles: fue procesado por estafa por el juez Garzón de la que salió impune, igual que de la acusación de haber dañado la flora del Cabo de Gata con una tubería. Falleció en 2009 en Madrid, con 90 años, después de una vida sin descanso, muy ligada a la Almería de la Transición.

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