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Almería

No llame a un abogado; busque un sexólogo

Dr. Manuel Lucas Mateu,  sexólogo del Hospital Mediterráneo.

Dr. Manuel Lucas Mateu, sexólogo del Hospital Mediterráneo.

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Los problemas son consustanciales a la vida en pareja porque, realmente, no existen las parejas perfectas. Como se suele decir, la paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad para resolverlos; por lo que una pareja sin conflictos sería “una pareja con el electroencefalograma plano”. Por ello, hay personal especializado en este ámbito tan amplio como es el de la sexualidad y la pareja, puesto que en cada una de ellas existen semejanzas y diferencias entre ambos miembros y estas últimas, a veces, pueden resultar un obstáculo casi imposible de superar. 
Dichos conflictos son inherentes a la convivencia de pareja por la errónea creencia de que en esta se comparte todo al 50%. Cuando una pareja avanza hasta acordar una convivencia conjunta, firma un contrato virtual que tiene mucha letra pequeña, la cual no se suele leer.
Resulta un complicado contrato. Un contrato familiar, en el cual hay que acordar las relaciones con las familias respectivas. Si se tienen hijos, un contrato pedagógico en el que hay que llegar continuamente a consensos sobre cómo educarlos, premiarlos o castigarlos. Un contrato lúdico, en el cual hay que ponerse continuamente de acuerdo en lo que se entiende por “unas buenas vacaciones”, qué hacer los fines de semana o cómo pasar el tiempo libre. Un contrato económico, mediante el cual se han de compartir ganancias y gastos, y ponerse continuamente de acuerdo en cómo hacerlo. Un contrato de poderes, competencias e intereses. Por último, pero no menos importante, un contrato amoroso; en el cual siempre habrá una de las partes que demande más que la otra tanto la cantidad, como la calidad y el tipo de demostraciones amorosas. 
Y finalmente, un contrato sexual, que como ocurre con el amoroso, resulta casi imposible que la calidad y el tipo de demandas sexuales sean totalmente iguales en los dos miembros de la pareja. Y en esto los problemas se agravan porque suelen vivirse mucho más en silencio que los demás.
Todo lo mencionado produce conflictos; a veces reales, cuando las razones que los causan no han sido convenientemente aclaradas y, no obstantes, no resueltas. Otras veces irreales, cuando se basan en malentendidos y en supuestos no comprobados, siendo estos los más frecuentes. Y otras veces, inventados por uno de los miembros de la pareja, que de forma más o menos consciente, intenta conseguir algo con ello.
Tanto por los problemas habituales que puedan surgir en una pareja, como por los menos mencionados, como ocurre en el caso de los problemas o diferencias sexuales, puede ser conveniente consultar con un especialista.


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