Juan Aguilera Ruiz, pasión por la vida: adiós a un gran aficionado taurino
La iglesia de San Pedro acogerá el viernes 6 de noviembre a las 19 horas una misa funeral en su recuerdo

Juan Aguilera Ruiz, junto a su hijo, Juan Aguilera, y María del Mar Vázquez, hoy alcaldesa de Almería, recibiendo en 2013 una distinción por su aportación de carteles a una muestra del Foro Cultural 3 Taurinos 3.
Cuando aún no había despertado la mañana del 5 de octubre de 2026, Juan Aguilera Ruiz exhaló su último suspiro, marchándose su alma a la dimensión de la plenitud de la vida eterna: fue creyente y así lo tuvo por gala en la casa en donde vivimos nuestra infancia y adolescencia con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
Nacido en el primer tercio del siglo XX, 23 de agosto de 1928, entre las vetustas calles y plazas de la feligresía de las campanas de San Sebastián y Santiago y el albero del coso de la Avenida de Vilches entre sonidos de timbales y clarines.
Vivió regímenes políticos antagónicos en sus 98 abriles, pero nunca olvidó de su niñez la memoria del atronador ruido de las bombas, el racionamiento y el hecho de los ‘paseíllos’ y las ‘sacas’, viendo como a su padre le salvó la Providencia cuando comenzaba el camino. Esconderse con la familia en las cuevas al final de la calle Duimovich formaba parte del rescoldo de su corazón.
Estudió en el Instituto Nacional Masculino, ahora instituto ‘Celia Viñas’, a quien tuvo como profesora junto al fundador de la Cofradía de los Estudiantes Francisco de Asís Saiz Sanz. Tardíamente, por una foto de la Esperanza entre sus libros supimos que salió de nazareno en esta Hermandad.
Su servicio militar en Cerro Muriano, en la milicia universitaria como Sargento de complemento. De ahí, a la Escuela de Comercio de Almería para graduarse como Profesor de Mercantil, su profesión principal y de la que realizó un libro sobre supuestos contables que les ponía a algunos de sus alumnos, después bancarios, que nunca publicó.
Obra literaria
Más tarde, llegaría a publicar cinco libros de temática taurina relacionados con la plaza de toros de la capital de Manuel Cuesta, Vélez Rubio, Berja, Huércal-Overa y de Vera, en la que recordamos aquellos principios de los 70 organizando como empresario festejos taurinos y musicales, yendo con él en un SIMCA 1000 para difundirlos. También publicó el libro bibliográfico de Julio Gómez ‘Relampaguito’. Todos editados por él mismo, sin ayudas, en la imprenta Gutenberg y presentados en la Diputación y en Cajamar.
Sentados en el Tendido 2, nos ilustraba de este mundo tan singular e identitario de la tradicional España (entre el arte y la divina belleza y el drama y los sentimientos contrariados), fundando en los 60 la peña taurina ‘Juanito Jimeno’. Estuvo yendo a los toros hasta los 97 años -2025-, todo pundonor y raza. Siempre recordaba el día de la cogida de Manolete en Linares.
De pequeños viajábamos en un SEAT 124 amarillo, visitando a familiares en Tabernas, Gérgal, El Ejido y a su tía la Abadesa, Madre Sacramento, en Las Clarisas. Fue amigo del sacerdote José Fajardo Medina, prefecto del Diocesano y del monasterio.
Un buen hijo
Nuestro padre, hijo mayor de Juan y Carmen, tuvo dos hermanos, Rafael y Leopoldo, fallecidos y velados en la calle de Las Judías como de antaño se realizaba y realizando su misa ‘in corpore’ en la iglesia de San Sebastián del barrio de las Huertas. Un recuerdo para su hermana Carmen que marchó a Barcelona, sus hermanas políticas Rafaela, María y Francisca y su sobrino Juan José.
Fue un buen hijo de comerciantes que asumió continuar con la empresa de aceites y hostelería (Bodegas Morenito), entre sus otras pasiones, como opositar al Cuerpo de Contadores de Hacienda y matriculándose en la recién creada Facultad de Económicas. El deporte (atletismo en el Estadio de La Falange) y los toros, sus grandes pasiones. Después fue entrenador y llevó al equipo de empleados de la Caja Rural en la liga de Grupos de Empresa con resultados brillantes.
Casado con nuestra madre, Dolores Martínez Oña (fallecida hace cuatro años) en Las Claras, nos tuvo a nosotros, Juan Rafael y Rafael Leopoldo. Después, junto a sus nueras María José y Nina, nietos y bisnietos. Le gustaba asistir a misa en San Pedro y, también, al que fue convento de Los Jesuitas, hoy Esclavas del Santísimo.
En Caja Rural, especializado en Cooperativas, se preocupó del bienestar de los compañeros, hechos no siempre bien entendidos y que afectan a la carrera profesional, ayudando a cuantos le pedían consejo sindical y profesional. Desafecto e indiferente a cualquier opción ideológica dogmática, aunque estuvo como interventor y apoderado en el referéndum de la OTAN, cuando el AP era de los ‘siete magníficos’. Por encima de todo y todos, rectitud de principios morales y deontológicos.
Ya jubilado se matriculó en la Escuela de Artes, realizando obras de carpintería que han quedado para el recuerdo. Gran amante de la filatelia y numismática, a lo que se sumaba su biblioteca de libros de economía encuadernados y enciclopedias, las cuales nos ayudaron en nuestro saber. Su gran preocupación era que estudiáramos para ser hombres de provecho. En fin, un hombre trabajador, muy trabajador, siempre estudiando (nunca dejó de estudiar, ni en vacaciones) y leer los periódicos locales y nacionales, junto a los Diarios Oficiales que estuvo suscrito, como a la revista de ‘El Adalid Seráfico’.
En sus últimos años tuvo el gozo de haber visto hecho realidad, junto a su consuegro José Piedra, el Museo Taurino en la Plaza Careaga, bendecido por el canónigo archivero Francisco Escámez y con presencia de la concejala Eloísa Cabrera. El Foro ‘3 Taurinos 3’ le entregó una distinción a su trayectoria.
Tras la muerte de nuestra madre Lola, la fragilidad se apodera poco a poco de su energía, precisando el acompañamiento del obispo, sacerdotes y comunidad diocesana en la casa residencia ‘San Juan de Ávila’ en donde pasaba sus horas, yendo y viniendo de su despacho, lugar de reencuentro con la memoria y sus recuerdos personales. Sus últimos actos sociales familiares, el enlace de su nieta Alicia y el bautizo de su biznieta María del Mar.
En fin, padre, nos volvemos a despedir en la Misa de Funeral del 6 de noviembre, a las 19 horas en San Pedro bajo la dirección espiritual del canónigo archivero Escámez Mañas. En un tiempo indeterminado de Miércoles de Ceniza, no muy lejano de un Domingo de Resurrección, nos volveremos a reencontrar con el alma en el Cielo con el pasodoble ‘Puerta Grande’ y la marcha procesional ‘Siempre Esperanza’. Un abrazo al Cielo.