Juanma Górriz, catedrático: "La inteligencia artificial ve más que nosotros, pero aún no comprende"
El catedrático almeriense ha sido nombrado embajador de Granada y participará en Starmus Tenerife, uno de los grandes encuentros internacionales de divulgación científica

Juan Manuel Górriz, científico e investigador almeriense.
Mientras medio mundo debate sobre los riesgos y posibilidades de la inteligencia artificial, el almeriense Juan Manuel Górriz prepara su participación en Starmus Tenerife, uno de los congresos científicos y divulgativos más importantes del planeta. Lo hace en un momento especialmente significativo de su carrera, después de haber sido reconocido como Embajador de Granada por el Granada Convention Bureau por su contribución a la proyección internacional de la ciudad.
Pero más allá de los reconocimientos, Górriz tiene clara cuál es la idea que le gustaría transmitir a los más jóvenes: la ciencia puede ser una aventura apasionante. "Sería genial que un niño almeriense que juega al fútbol soñando que es Messi o Lamine Yamal también soñara con ser científico", explica.
Entrevistas
El almeriense que ha entrado en la élite de los investigadores más influyentes del mundo
Jaime Molero
Catedrático de la Universidad de Granada, docente en la Universidad de Cambridge y referente internacional en inteligencia artificial aplicada a la salud, Górriz asegura que una carrera científica permite algo que pocas profesiones ofrecen: descubrir el mundo, conocer personas extraordinarias y participar en proyectos capaces de mejorar la vida de millones de personas.
Los límites de la inteligencia artificial
En Starmus, donde coincidirán investigadores, divulgadores y algunas de las figuras más relevantes del panorama científico internacional, el investigador andaluz abordará uno de los temas que más interés despierta actualmente: la inteligencia artificial.
En pleno auge de herramientas capaces de generar textos, imágenes o resolver problemas complejos, Górriz cree que existe una cuestión fundamental que suele malinterpretarse. A quienes afirman que la inteligencia artificial ya piensa como una persona, responde con una sola frase. "La inteligencia artificial todavía no tiene comprensión y con los modelos actuales no puede llegar a ella", sostiene.

Nuevas herramientas para comprender el alzhéimer: comparación entre SPM y SAM, desarrollado por Juan Manuel Górriz, que permite identificar patrones conjuntos de alteraciones cerebrales.
Eso no significa que no sea extraordinariamente útil. De hecho, una de sus principales líneas de investigación consiste en aplicar estas tecnologías al diagnóstico médico. Según explica, los sistemas de IA pueden ayudar a detectar detalles que el ojo humano difícilmente percibe.
"Nosotros vemos unas pocas tonalidades de gris; una máquina puede analizar miles", señala. Esa capacidad permite mejorar la detección de enfermedades y reducir errores diagnósticos en momentos en los que un profesional puede estar cansado o atravesar una mala jornada. Sin embargo, también advierte de los límites de la tecnología, ya que en ocasiones puede identificar patrones inexistentes y generar falsos positivos. La clave, insiste, no es sustituir a los médicos, sino ofrecerles una herramienta de apoyo que aumente la precisión de sus decisiones.
Un científico que nunca quiso encerrarse en una sola disciplina
Cuando habla de su trabajo, Górriz reconoce entre risas que se siente "como un adolescente". La razón es simple: le interesan demasiadas cosas. La inteligencia artificial puede aplicarse a ámbitos tan diversos como la medicina, la energía, la industria o la investigación básica. Esa amplitud de posibilidades ha marcado una trayectoria que le ha llevado a colaborar con instituciones internacionales sin perder nunca el vínculo con su tierra.

El científico fue incorporado en el doctorado de la Universidad de Concepción como docente invitado.
Actualmente reside en Almería y asegura que le gustaría que sus logros se vivieran también como éxitos de la provincia. "Soy un andaluz que va a Starmus", afirma con orgullo. Y con razón, porque es uno de los pocos españoles que han sido invitados como ponentes en este gran acontecimiento.
Del niño que abría el colegio al catedrático más joven de España
La historia de Juan Manuel Górriz comenzó mucho antes de los congresos internacionales y los reconocimientos académicos. De pequeño era un apasionado del ajedrez y, según recuerdan sus padres, era el alumno que llegaba tan temprano que prácticamente abría el colegio.
Hubo además una figura decisiva en su camino: Adela Carbonell, la profesora que le descubrió la belleza de la física y despertó una curiosidad que acabaría marcando su vida. Años después se convertiría en el catedrático más joven de España.
Pequealmería
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Con apenas 24 años ya daba clases en la Universidad de Cádiz y a menudo ocurría una escena que hoy recuerda con humor: algunos estudiantes eran mayores que él y más de una vez lo confundían con un alumno. Desde entonces ha visto pasar generaciones enteras por las aulas y ha observado cómo cambian las aspiraciones, las inquietudes y la forma de entender el mundo: "Los alumnos de antes no eran mejores que los de ahora. Solo distintos".
Granada como escaparate mundial de la ciencia
Su reciente nombramiento como Embajador de Granada está ligado también a otro gran acontecimiento. La ciudad acogerá en noviembre el IEEE Nuclear Science Symposium, Medical Imaging Conference and International Symposium on Room Temperature Semiconductor Detectors, una cita que reunirá a más de 3.000 investigadores de todo el mundo.

JUNTA DE ANDALUCÍA - Archivo
Para Górriz, este tipo de eventos tienen un doble valor. Por un lado, generan conocimiento científico. Por otro, atraen inversión, actividad económica y talento joven. Y existe además un tercer factor que considera fundamental: la experiencia humana.
"Granada, igual que Almería, es una ciudad que ofrece muchísimo. Quien viene a un congreso también descubre su cultura, sus calles y su forma de vivir". Miles de jóvenes investigadores tendrán la oportunidad de conocer una de las ciudades más visitadas de Europa mientras intercambian ideas con algunos de los mayores expertos de sus disciplinas.
Ciencia para entender mejor el mundo
Quizá por eso, cuando se le pregunta qué le ha aportado dedicar su vida a la investigación, no habla primero de publicaciones ni de premios. Habla de una forma distinta de mirar la realidad. "Los científicos intentamos discernir la verdad de la mentira mediante el método científico", explica.
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Esa mirada crítica y reflexiva, asegura, ayuda a comprender mejor el mundo. Y también a descubrir algo que a menudo se olvida: que detrás de cada avance científico hay personas curiosas, inconformistas y dispuestas a hacerse preguntas.
Justo como aquel niño almeriense que un día descubrió la física gracias a una profesora y decidió dedicar su vida a entender cómo funciona la realidad. Ahora, desde uno de los escenarios científicos más prestigiosos del mundo, lanza un mensaje sencillo a las nuevas generaciones: la ciencia también puede ser un sueño. Y merece la pena perseguirlo.