La Voz de Almeria

Almería

La cárcel de El Acebuche celebra el Día de la Merced con 40 años de vida y un mensaje: "La reinserción es posible"

La celebración del día de la patrona reúne a autoridades, trabajadores e internos, coincidiendo con el 40 aniversario del centro penitenciario de Almería

Foto de familia de autoridades y premiados en el día de la Virgen de la Merced, en El Acebuche.

Foto de familia de autoridades y premiados en el día de la Virgen de la Merced, en El Acebuche.La Voz

Elena Ortuño
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Hay algo desconcertante en escuchar canciones de amor dentro de una cárcel. Podría haberlo escrito Manuel Vincent en su Balada de la cárcel: cuatro hombres fornidos del coro penitenciario de el Acebuche cantaban lírica romántica este jueves por la mañana, después de que, al llegar, varias puertas de seguridad se abriesen y cerrasen detrás de los periodistas y políticos invitados, con un sonido seco que les recordaba, desde el primer momento, dónde estaban entrando.

Pero no hace falta literatura para que el lector perciba que la escena está llena de contrastes. Los internos cantan canciones de amor, y lo hacen bastante bien. Y durante unos minutos cuesta pensar que quienes ponen voz a esas letras están cumpliendo una condena. Quizá ahí, entre una canción y otra, aparece la idea que ha atravesado toda la jornada de este 24 de septiembre, Día de Nuestra Señora de la Merced: que una persona no es únicamente el delito que cometió y que, detrás de un error, también puede haber una segunda oportunidad.

El coro penitenciario de El Acebuche, durante su actuación.

El coro penitenciario de El Acebuche, durante su actuación.Elena Ortuño

Un alegato a la reinserción

El recorrido por El Acebuche tiene algo de metrónomo: abrir la reja, pasar, cerrar. Una y otra vez. Una manera sonora de recordar que aquello sigue siendo una prisión. Y, sin embargo, al otro lado aparecen un jardín lleno de vegetación y mosaicos, un gimnasio, aulas, talleres multicolores y paredes con trabajos realizados por los propios internos.  La contradicción está en todas partes. 

El Acebuche es un lugar de puertas cerradas y, al mismo tiempo, de puertas que intentan abrirse hacia fuera. De vigilancia extrema, pero también de educación y formación. De personas privadas de libertad y de profesionales que trabajan para que algún día puedan recuperarla en mejores condiciones. 

Este 24 de septiembre, día de la patrona de Instituciones Penitenciarias, el centro cumple además 40 años. Cuatro décadas en las que han cambiado las instalaciones, los métodos de trabajo y el perfil de quienes pasan por sus módulos. El acto celebrado este jueves ha servido para reconocer a trabajadores, colaboradores e internos, pero también para mirar hacia atrás y, sobre todo, hacia delante.

Una de las puertas de El Acebuche.

Una de las puertas de El Acebuche.Elena Ortuño

Y es que, según Nahum Álvarez, director del Centro Penitenciario de Almería, la prisión tiene dos grandes responsabilidades: custodiar a quienes están privador de libertad por orden judicial y trabajar para que puedan regresar a la sociedad. La Constitución orienta las penas privativas de libertad hacia la reeducación y la reinserción social. En El Acebuche esta última palabra aparece en las aulas, en los cursos, en los talleres y también en los pequeños reconocimientos que han recibido algunos internos durante la celebración de La Merced.

Durante el acto, el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, ha dejado una de las frases que mejor resume la jornada: "En una vida caben muchas vidas". También ha recordado a los internos que cumplir una condena no borra su dignidad ni su capacidad para construir un futuro diferente.

El subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, durante su intervención.

El subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, durante su intervención.Elena Ortuño

Según los datos aportados por el director, alrededor del 80% de quienes cumplen una pena de prisión no vuelven a delinquir. Álvarez también ha puesto sobre la mesa otros porcentajes para defender la progresión hacia la libertad y el trabajo de los equipos técnicos: ha situado en el 12,6% la reincidencia entre quienes acceden a la libertad condicional, frente al 25% entre quienes no lo hacen, y ha cifrado en un 0,21% los quebrantamientos de permisos. Son datos manejados por la dirección del centro para reivindicar la preparación progresiva de los internos antes de su regreso a la calle.

Son datos manejados por la dirección del centro para reivindicar la preparación progresiva de los internos antes de su regreso a la calle. En ese contexto, el director ha cuestionado que tres de cada diez propuestas favorables para conceder permisos, elaboradas por los profesionales del centro, terminen siendo rechazadas, algo que considera difícil de justificar teniendo en cuenta el seguimiento que realizan estos equipos.

Una cárcel con memoria

El Acebuche de hoy tiene poco que ver con el de sus primeros años. Así lo demuestra un vídeo que se pone al comienzo del acto en honor a La Merced. En el documental, se cuenta que cuando el centro abrió sus puertas, la capacidad rondaba el millar de internos, aunque llegó a albergar a más de 1.300, con hasta tres personas por celda. 

Fueron años convulsos. El centro funcionó como prisión de máxima seguridad y por sus módulos pasaron presos de ETA y del GRAPO. El 30 de mayo de 1988, diez funcionarios fueron secuestrados durante un violento episodio protagonizado por internos de régimen especial. También hubo huelgas de hambre y algunos de los episodios más duros asociados a aquella época de la historia penitenciaria española. 

Antigua cárcel de Almería, demolida hace décadas en la Carretera de Níjar.

Antigua cárcel de Almería, demolida hace décadas en la Carretera de Níjar.La Voz

Han pasado 40 años desde entonces. El centro llegó a atravesar la epidemia del suda, la violencia ligada a la drogodependencia y, más recientemente, una pandemia que volvió a poner a prueba a quienes trabajan tras sus muros. Hoy la cifra de internos ronda los 780, a los que suman alrededor de un centenar de personas en el Centro de Inserción Social Manuel Pérez Ortega, destinado al régimen abierto. 

"El descenso de población en El Acebuche no responde a una menor actividad policial, sino a los traslados a otros centros, especialmente de quienes tienen dificultades para adaptarse a las normas de El Acebuche", explica el director, Nahum Álvarez. 

Necesidades de El Acebuche

A pesar de las románticas letras cantadas por el coro, la cárcel sigue siendo la cárcel. Las puertas continúan cerrándose y la vigilancia sigue siendo imprescindible. El propio director habla de un ligero incremento de episodios violentos y agresiones a trabajadores, aunque señala que la mayoría de las lesiones no han sido graves. Pero lidian con más problemas.

Los teléfonos móviles se han convertido en uno de los grandes retos de seguridad del centro. El director sostiene que El Acebuche es la prisión española en la que más terminales se incautan y anuncia la creación de una unidad canina propia para reforzar la lucha contra estos dispositivos y contra las drogas, cuya entrada también preocupa a los responsables de la prisión.

Aula creativa en El Acebuche.

Aula creativa en El Acebuche.Elena Ortuño

En el otro frente está la sanidad: Álvarez ha denunciado durante su intervención que, por primera vez, el centro se encuentra sin médicos operativos y que el peso de la atención está recayendo sobre el personal de enfermería, con el apoyo del Hospital Universitario Torrecárdenas: "Necesitaríamos la integración de la sanidad penitenciaria en el sistema sanitario autonómico".

Reconocimientos a los trabajadores

En el acto también hubo tiempo para mirar hacia quienes han hecho de la prisión una profesión durante décadas. Nueve trabajadores celebran este año 25 años de servicio. Para ellos, el aniversario del centro tiene un significado distinto: es un cuarto de siglo viendo cambiar a las personas, los módulos, los procedimientos y las dificultades.

También fueron reconocidos Juan Antonio Molina Navarro, coordinador del CIS Manuel Pérez Ortega, con la medalla de bronce al mérito penitenciario, y el Centro de Educación Permanente Retamar, distinguido con la medalla de bronce al mérito social penitenciario por su colaboración educativa.

Manuel Hernández Murcia y Francisco Javier Martínez Domínguez recibieron una mención honorífica por su intervención para salvar la vida de un interno que se intentó suicidar. María del Mar Cantos Soler y José Luis Ortega fueron reconocidos igualmente por su trayectoria y dedicación. El centro distinguió además a representantes de la Justicia, Policía Nacional, Guardia Civil y entidades sociales que colaboran con la prisión.

Entre los homenajeados estuvo también, de manera póstuma, Ginés Capel, fallecido este mes. Su recuerdo se sumó al de todos aquellos que han formado parte de estos 40 años y que han vigilado, educado, atendido, limpiado, acompañado, enseñado y trabajado para que el tiempo de una condena no sea únicamente tiempo perdido.

Al otro lado

Antes de marcharse hay que volver a cruzar las puertas. Se abre una. Se pasa. Se cierra. Y vuelta a empezar. Desde fuera, quizá lo más fácil sea imaginar una cárcel como una suma de barrotes, cámaras de vigilancia y uniformes. No nos engañemos: lo es. Pero este jueves, El Acebuche también ha sabido mostrar otra geografía: la de un jardín bien cuidado, un aula de arte repleta de obras coloridas y la de un coro cantando gorgoritos. 

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