La Voz de Almeria

Almería

Una inoportuna nube opaca el clímax del eclipse del siglo en Almería

Los almerienses vivieron una tarde de expectación y astronomía colectiva hasta que una nube cruzó entre ellos y el sol

La nube impidió que los almerienses disfrutaran del eclipse en su máximo esplendor.

La nube impidió que los almerienses disfrutaran del eclipse en su máximo esplendor.Bernardo Claros

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Toda una vida esperando para medirse al Tourmalet, la bestia de los Pirineos, y cuando por fin llega el momento de acariciar la cima, un pinchazo arruina la fotografía soñada. Se cruza la meta, sí. Incluso se completa la hazaña. Pero queda la amarga sensación de no haber culminado del todo la conquista. Algo parecido ocurrió este miércoles 12 de agosto con el eclipse en Almería capital.

Durante casi dos horas, miles de ojos se alzaron hacia el cielo protegidos por las gafas homologadas. La Luna avanzaba puntual sobre el disco solar y la expectación crecía a medida que se acercaba el instante culminante. Sin embargo, cuando estaba a punto de desatarse la apoteosis, una nube solitaria comenzó a elevarse sobre el horizonte como un telón inoportuno. Bastó una sola. Una única mancha blanca, creciendo en vertical, para interponerse entre los almerienses y el momento más esperado de la tarde.

Allí estaba el eclipse del siglo, rozando su máximo esplendor. Y allí estaba también la nube que, caprichosa y perfectamente colocada, decidió eclipsarlo. No impidió que el fenómeno sucediera, pero sí que buena parte de quienes lo observaban desde la capital pudieran contemplar con claridad el instante en que la Luna cubría la mayor porción visible del Sol. Durante unos minutos que parecieron eternos, la decepción compartió protagonismo con la ironía, la broma y la astronomía.

Gafas homologadas sobre toallas

Si el cielo concentraba todas las miradas, la ciudad ofrecía múltiples escenarios para contemplarlo. Las playas de Almería desde el Palmeral hasta San Miguel; el Cable Inglés, la Plaza de las Velas o el Cerro de San Cristóbal se fueron poblando de curiosos conforme avanzaba la tarde. Pero el corazón del acontecimiento latía junto al mar. Entre el Paseo Marítimo y el monumental cargadero de mineral se concentraron centenares de personas dispuestas a ser testigos de un fenómeno que muchos llevaban años esperando.

La imagen era poco habitual incluso para una ciudad acostumbrada a mirar al Mediterráneo. Las sillas de playa daban la espalda al mar y apuntaban hacia Poniente. Sobre las toallas, junto a las neveras y las sombrillas, aparecía un elemento extraño en cualquier jornada veraniega: las gafas homologadas para la observación solar. Las mismas que se agotaron en cuestión de horas cuando salieron a la venta y que obligaron a muchos a recurrir a compras de última hora por internet.

Cada pocos minutos se repetía el mismo ritual: gafas arriba, mirada al cielo, comentario con el vecino y vuelta a esperar. El eclipse comenzó puntualmente a las 19:43 horas y desde ese instante la atención fue absoluta. La Luna iba ganando terreno poco a poco sobre el disco solar en un fenómeno llamado a ocultar cerca del 94% de su superficie visible desde Almería.

El Cable Inglés, una tribuna de lujo

El avance era lento, pero perfectamente apreciable para quienes no apartaban la vista del cielo durante más de unos segundos. El ambiente era festivo, casi de acontecimiento colectivo. Grupos de amigos, familias enteras y aficionados a la astronomía compartían espacio y conversación mientras el Sol descendía lentamente hacia el horizonte.

Entre todos ellos llamaba especialmente la atención una profesora que paseaba por el Paseo Marítimo mostrando orgullosa una cámara estenopeica, fabricada por ella misma con una caja forrada de negro en su interior y un vasito de natillas como visor. El Cable Inglés se convirtió en uno de los balcones privilegiados de la jornada.

Centenares de personas ascendieron al emblemático cargadero de mineral para recibir el eclipse con una panorámica inmejorable del Mediterráneo y del horizonte occidental hacia el que se dirigía el Sol. Hasta que la nube hizo acto de presencia, el escenario parecía perfecto: el perfil industrial más icónico de la ciudad convertido, por unas horas, en un observatorio improvisado desde el que seguir uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de las últimas décadas.

Historias llegadas de allende los mares

El eclipse también reunió historias humanas, y algunas llegadas desde muy lejos. Almudena celebró su cumpleaños con un regalo difícil de superar: contemplar el fenómeno junto al mar. Entre los asistentes se escuchaban además acentos de medio mundo. Había visitantes llegados desde Boston, Viena o Toulouse, algunos favorecidos por la casualidad de encontrarse de vacaciones en Almería justo en la fecha señalada. Otros habían viajado expresamente.

Era el caso de Guillermo, un ingeniero peruano afincado en Alemania y buen conocedor de la provincia, que convenció a su madre para cruzar medio continente y vivir juntos una experiencia que tardará décadas en repetirse. Y así fueron pasando los minutos, con más expectación conforme se acercaba el momento culminante.

Hasta que llegó la fatídica barrera de las 20:30 horas. Cuando la Luna estaba a punto de alcanzar su pico máximo de cobertura y el espectáculo prometía alcanzar su climax, la nube que llevaba un rato creciendo sobre el horizonte terminó por colocarse justo donde no debía.

El globo se desinfló de golpe. Los suspiros dieron paso a las bromas, las quejas resignadas y la retranca tan propia de la tierra. Tras meses de espera y una cuenta atrás seguida por miles de personas, la naturaleza decidió reservarse el último protagonismo. Una nube acababa de eclipsar al eclipse.

Día de Perseidas y retenciones en la carretera

Pero el eclipse no era la única cita con el firmamento. La noche reservaba un segundo acto con las Perseidas, las populares Lágrimas de San Lorenzo. Por eso, desde varias horas antes, las carreteras hacia Cabo de Gata comenzaron a llenarse de vehículos cargados con sillas, neveras y mantas. Las retenciones se sucedieron en algunos accesos mientras cientos de personas buscaban un rincón desde el que despedir el sol eclipsado y dar la bienvenida a una noche de estrellas fugaces. Para muchos, la aventura no terminaba a las 20:30 horas. Apenas acababa de empezar.

Satisfechos por la prevención

El eclipse también llegó precedido de una intensa campaña de recomendaciones para evitar daños en la vista. Durante días, instituciones, expertos y medios de comunicación insistieron en la necesidad de utilizar gafas homologadas y evitar la observación directa del Sol sin protección. El mensaje caló entre buena parte de la población.

De hecho, algunos de los asistentes reconocían que habían estado a punto de perderse la cita por miedo a sufrir algún problema ocular o por no encontrar a tiempo las codiciadas gafas certificadas. Otros, en cambio, afrontaron la experiencia con total tranquilidad. Era el caso de Mati, que acudió al Paseo Marítimo acompañada por toda su familia.

Mientras esperaba la llegada del momento culminante del eclipse, explicaba que se sentía segura gracias a toda la información difundida durante las semanas previas. "Lo han explicado muy bien en los medios y sabíamos perfectamente cómo verlo", comentaba, gafas en mano y pendiente del cielo.

Las gafas homologadas fueron casi tan protagonistas como el propio eclipse, omnipresentes en playas, paseos y miradores, en una tarde en la que Almería miró al cielo con cautela, expectación y una curiosidad que ni siquiera una nube logró apagar del todo.

Emisión en directo

Quienes no pudieron desplazarse a los puntos de observación, o más bien decidieron no abandonar el refugio de un ventilador o aire acondicionado, tuvieron también una ventana privilegiada al fenómeno gracias a la retransmisión en directo organizada por el Observatorio de Calar Alto. Desde las 18:55 horas y hasta la puesta de Sol, las cámaras instaladas en la cúpula del telescopio de 1,23 metros mostraron la evolución del eclipse tal y como se veía desde el mayor observatorio astronómico de Europa continental.

La emisión, comentada por el equipo de divulgación científica de Azimuth y realizada con la colaboración de la Universidad de Sevilla, permitió seguir cada fase del fenómeno desde ordenadores y teléfonos móviles. Incluso la nubosidad, que mantenía en vilo a los responsables del observatorio durante las horas previas, acabó respetando la retransmisión y acercó el eclipse a miles de espectadores que siguieron el acontecimiento sin salir de casa.

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