La Voz de Almeria

Almería

José y Paz han convertido una calle de León en un rincón almeriense con un indalo de dos metros

El matrimonio lleva 62 años casado y ha convertido la puerta de su antigua panadería en un homenaje permanente a la tierra que un día José dejó por amor

Indalo pintado en la fachada de José y Paz en León.

Indalo pintado en la fachada de José y Paz en León.La Voz

Marina Ginés
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Hay historias que demuestran que uno puede marcharse de su tierra sin dejar de pertenecer nunca a ella. José Martínez Navarro lleva 65 años viviendo en León, donde formó una familia, crió a sus hijos y regentó durante cuatro décadas una de las panaderías más conocidas de la ciudad. Sin embargo, basta escucharle unos minutos para entender que Almería nunca dejó de acompañarle. "Soy muy almeriense, mucho", dice con una convicción que no admite discusión. 

Esa frase resume una vida entera marcada por el cariño a una tierra que dejó siendo apenas un veinteañero y que hoy sigue presente en cada rincón de su casa, en sus recuerdos y, desde hace unos meses, también en la puerta de la antigua panadería La Mallorquina.

Durante el proceso d creación.

Durante el proceso d creación.La Voz

Allí, en plena avenida de San Mamés, un enorme indalo rojo de dos metros sobre un intenso fondo azul llama la atención de cualquiera que pase por delante. A su lado puede leerse una frase que cualquier almeriense reconoce al instante: 'Almería, donde el sol pasa el invierno'. 

El mural se ha convertido en un pequeño reclamo para los vecinos del barrio, que se detienen sorprendidos para preguntar por el origen de aquel símbolo. La respuesta siempre conduce a la misma historia: la de un matrimonio que lleva más de seis décadas viviendo entre León y Almería.

Un permiso militar que terminó en una historia de amor

José nació en Almería en 1939. Paz Martínez Rodríguez nació en León, pero en su casa siempre se respiró Almería. Su padre había emigrado desde la provincia almeriense hasta tierras leonesas y nunca permitió que sus hijos perdieran el vínculo con sus raíces. "Siempre he sido educada en el cariño a Almería", recuerda ella.

José y Paz.

José y Paz.La Voz

Lo curioso es que José y Paz eran primos hermanos y, pese a ello, nunca se habían visto. En aquellos años las familias emigradas apenas tenían contacto y viajar de una punta a otra de España estaba al alcance de muy pocos. Fue el servicio militar el que cambió el destino de ambos.

José perdió a su padre cuando apenas tenía tres años y creció escuchando a su madre hablar de unos familiares que vivían en León. Cuando fue destinado a la Marina aprovechó uno de sus primeros permisos para conocerlos. No podía imaginar que aquel viaje cambiaría su vida para siempre.

"En el primer permiso vine a conocer a la familia de León... y entonces me enamoré", recuerda. Paz tenía entonces solo 16 años. "Él tenía 20 años y yo 16. No nos conocíamos. Ahí empezó nuestra historia", explica con una sonrisa.

Aquella visita fue el comienzo de una relación que ya suma 62 años de matrimonio. Ambos recuerdan que incluso hubo quien les advirtió sobre el hecho de ser primos hermanos antes de casarse, aunque nunca dudaron de su decisión. Formaron una familia con dos hijos y construyeron una vida juntos que hoy contemplan con orgullo.

La mayor locura: cambiar Almería por amor

José regresó a Almería para terminar sus obligaciones militares, pero tenía claro que su futuro estaba en León. "En el año 61 vine para quedarme", explica.

No fue una decisión sencilla. Significaba dejar atrás a su madre, a sus hermanos, el barrio donde había crecido y una ciudad bañada por el Mediterráneo para comenzar de cero a casi 900 kilómetros de distancia. Pero hay decisiones que solo se entienden desde el corazón.

Encontró trabajo, se formó como tornero mecánico y, con el paso de los años, él y Paz se pusieron al frente de la histórica panadería La Mallorquina, un establecimiento que durante cerca de cuarenta años fue uno de los comercios más conocidos del barrio leonés de San Mamés. Allí vieron crecer a varias generaciones de vecinos mientras Almería seguía ocupando un lugar privilegiado en sus conversaciones y en sus vacaciones familiares.

"Siempre hemos tenido mucha relación con la familia. Mi marido tiene allí una hermana y seguimos yendo siempre que podemos", explica Paz.

Un indalo para no olvidar nunca de dónde viene

La idea de pintar el indalo llevaba mucho tiempo rondando la cabeza de José. La persiana metálica de la antigua panadería necesitaba una nueva imagen y él tenía claro cuál quería que fuera.

Cuando conoció un proyecto del colegio Maristas San José, cuyos alumnos realizaban murales como trabajo de fin de curso, no dudó en ponerse en contacto con ellos. El resultado fue exactamente el que imaginaba.

"Se me ocurrió porque pensé que era la manera de que no me lo pintaran los grafiteros. ¿Qué símbolo más significativo de Almería puede haber que el indalo?", explica.

El mural se ha convertido desde entonces en un pequeño rincón almeriense en pleno León. Son muchos los vecinos que se detienen para fotografiarlo o preguntar qué significa aquella figura antropomorfa que sostiene un arco sobre la cabeza.

José disfruta contando su historia

Porque detrás del indalo no hay una moda ni una decoración llamativa. Hay toda una vida. Cinco mil carteles taurinos y una parada obligatoria. Quien tenga la suerte de encontrar abierta la antigua panadería descubrirá que el indalo es solo el principio.

La tarjeta de coleccionista de José con la fotografía de Manolete.

La tarjeta de coleccionista de José con la fotografía de Manolete.La Voz

José es un apasionado del mundo del toro y lleva décadas reuniendo una colección que ronda los 5.000 carteles taurinos, perfectamente clasificados y conservados. Más de 300 permanecen expuestos en las paredes del antiguo obrador, muchos de ellos correspondientes a ferias celebradas en Almería.

"La gente primero se para por el indalo y, si está la puerta abierta, luego se queda viendo los carteles. Hay una parada asegurada", cuenta Paz.

La Voz de Almería, cada mañana en León

Aunque hace muchos años que dejaron de vivir en la provincia, Almería sigue entrando cada día en casa de José y Paz. El hermano de José, que continúa residiendo allí, les envía puntualmente el periódico digitalizado para que no pierdan detalle de lo que ocurre en su tierra.

"Mis cuñados nos mandan el periódico de Almería todos los días", cuenta Paz. Ese gesto cotidiano mantiene viva una conexión que el paso del tiempo no ha conseguido romper. Siguen las noticias, hablan con la familia casi a diario y recuerdan con emoción cada viaje que han podido hacer al sur.

Ahora las cosas son distintas. José padece Parkinson y ambos reconocen que las largas horas de viaje y las complicadas conexiones ferroviarias hacen muy difícil volver con la frecuencia que desearían. Aun así, no hablan de Almería con nostalgia, sino con el mismo cariño con el que lo han hecho durante toda su vida.

Quizá por eso ese gran indalo rojo de la avenida de San Mamés tiene un significado mucho más profundo que el de un simple mural. Es el abrazo permanente entre dos provincias separadas por cientos de kilómetros, pero unidas para siempre en la historia de José y Paz. Porque él dejó Almería por amor hace más de seis décadas, pero Almería nunca se marchó de él. Y ella, aunque naciera en León, aprendió desde niña que hay lugares que también pueden heredarse. En su caso, ese lugar siempre fue Almería.

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