Los almerienses de San Telmo: el hombre tranquilo y la inspectora que siempre sonríe
Toman posesión en el Gobierno de Juanma Moreno Ramón Fernández-Pacheco y Carmen Castillo que repiten en sus cargos de Agricultura y Pesca y Educación

Ramón Fernández-Pacheco, Juanma Moreno y Carmen Castillo en una imagen de archivo.
El refrendado consejero de Agricultura, aunque lo parezca a veces, no debe ser demasiado amante de las multitudes que suelen arrebolarse alrededor de un alto cargo político. La prueba es que un año después de debutar como miembro del Consejo de Gobierno de San Telmo, Ramón Fernández-Pacheco agarró el báculo y la concha de vieira e inició un camino de interior y al interior. Y cuentan que se le vio en pleno mes de agosto, cuando la ciudad que patroneó como alcalde bullía de feria y fiestas, cómo aparecía sentando en solitario en una taberna de Palas de Rey pinchando pulpo da feira con un palillo. Un niño almeriense lo vio y exclamó: “Papa, ahí está el alcalde”. Y él corrigió: “Ahora no, ahora consejero”. Acababa de empezar su responsabilidad con la Agricultura y la Pesca andaluza. Y ahora, tres años después de aquella singladura galaica, empezará de nuevo, tras ser confirmado en su puesto por el presidente Juanma Moreno, compartiendo también su quehacer de gobierno con el de presidente del PP en Almería. Ningún otro cargo ha acumulado antes tanto poder en la historia del Partido Popular almeriense. Quizá necesite de nuevo este verano rehacer el petate para peregrinar a la tierra húmeda de Santiago Apóstol.
Ramón seguirá, por tanto, al frente de la agricultura y la pesca andaluza, un sector primario esencial para el Producto Interior Bruto almeriense (el 40% si se le añade la industria auxiliar). El almeriense es uno de los bastiones del equipo de Gobierno que rodea a Juanma Moreno, recién investido presidente de Andalucía. Fernández Pacheco (Barcelona, 1983), nieto de Rafael Monterreal Alemán y bisnieto de Rafael Monterreal Alonso de Villasante, ambos exalcaldes de Almería, ha mamado la política desde muy joven y con solo 43 años ya colecciona cargos y responsabilidades políticas y administrativas.
Fue concejal de Cultura y de Urbanismo con Luis Rogelio Rodríguez Comendador y después sucesor de éste al frente de la Plaza Vieja. En 2019 se convirtió en el alcalde más votado del PP en todas las capitales de España. Ha sido también portavoz de la Junta de Andalucía en San Telmo y consejero de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Economía Azul.
Ramón se ha labrado fama de hombre tranquilo como el exboxeador John Wayne en la película del mismo nombre, en una jungla de golpes políticos, como un Zapatero de los populares, salvando las distancias, como un Bambi de la derecha, aunque su interior atesore el espíritu de un batallador político de raza. Era un personaje público rasurado este Ramón, hasta que descubrió la barba de la que ya casi nunca se apea.
Nació en Barcelona, ciudad en la que estaba destinado su padre, médico del Ejército, y con tan solo siete años, se trasladó a Almería, ciudad natal de su madre, donde continuó sus estudios en el Colegio Stella Maris y terminó en el Centro Educativo Agave. Se licenció en Derecho en la Universidad de Almería.
Este Ramón almeriense, por tanto, volverá a tener la obligación de recorrer Andalucía escuchando duelos y quebrantos agropecurios, prometiendo mejoras en el olivar, en la pesca de la chirla gaditana, en el invernadero almeriense. Desde Coag, una organización agraria no vinculada precisamente a la derecha, se ha celebrado el nombramiento de Pacheco, destacando la importancia de dar continuidad al trabajo continuo entre Administración y el sector primario para afrontar los retos del campo andaluz; y así lo ha hecho también la organización de cooperativistas andaluces.
No lo tendrá fácil el almeriense en esta nueva legislatura. Tiene ante sí los retos de hacer más sostenible y rentable el agronegocio almeriense y de tecnificar de una vez por todas el campo con la IA y la robótica si eso contribuye a hacerla más eficiente. La necesidad de seguir contando con agua como pilar que asegure los cultivos y el posicionamiento en Europa para frenar la competencia desleal de terceros países también serán otros de sus objetivos.
Es una obviedad que Andalucía, Almería, necesita un buen auriga del sector primario, que aquí no es tan primario, bajo más de 30.000 hectáreas de plástico. La agricultura en Almería es una agroindustria, como una fábrica de coches valenciana, y necesita de mucho tacto, el que ha demostrado hasta ahora Ramón para ser duro con las espuelas y blando con las espigas, nunca al revés, para no tener reveses.
Carmen Castillo: la sonrisa de la Educación
A ella, el fotógrafo de guardia no le tiene que rogar: “Por favor, sonría”; ella sonríe como uno camina, con toda la naturalidad del mundo. No se la conoce seria, quizá cuando duerme. Carmen Castillo nació en Almería en 1967, es el segundo eslabón almeriense de la cadena de consejeros andaluces bautizados ayer por Juanma Moreno para la próxima legislatura andaluza. Tiene pinta, esta Carmen, de negociar bien, de mano izquierda, aunque la derecha también esté ahí. Pero en un sector como el suyo, el de la Educación, el diálogo entre los distintos agentes- profesores, padres, alumnos etc.- es indispensable. Y la sonrisa limpia y da esplendor, como la Academia. Es funcionaria de carrera del Cuerpo de Inspectores de Educación de la Junta de Andalucía desde 2008 y del Cuerpo de Profesorado de Educación Secundaria en la especialidad de Administración de Empresas (1997). Entre otros, ha desempeñado el cargo de delegada territorial de Educación, Deporte, Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación en Almería.
Con amplio conocimiento de la administración pública y del sistema educativo, ha desempeñado las funciones de Asesora Técnica de Régimen Jurídico y coordinadora del área específica de Organización Escolar y Ordenación Académica de Régimen Jurídico, ambos puestos en la Delegación Territorial de Educación en Almería.
La educación, la enseñanza, no es una materia menor en una provincia como Almería. Del quehacer de una responsable política como ella, de cómo elija, de cómo decida, en la medida de sus responsabilidades, dependerá el futuro académico de las nuevas generaciones de almerienses; de cómo contribuya a apagar el fuego del fracaso escolar y de conciliar el aprendizaje con la revolución de la IA que viene, que ya ha venido y está aquí, dependerá el horizonte de muchos adolescentes de esta provincia.