Los evacuados cuentan sus relatos
Juani, de Lorca, se peinaba junto a su perra Negrita; El escocés Mr. Clegg recordaba su época de periodista

Residentes británicos en el Pabellón de Garrucha, en primer término, entre ellos el periodista jubilado Barry Clegg.
Estaba allí Juani, de Lorca, con su marido al lado, peinándose la cabellera con un peine de los chinos, como si el fuego no fuera con ella. A Juani la evacuaron como a otros 40 clientes más del Camping Miraflores de los Gallardos cuando ella y su marido se preparaban unos sandwiches para ver el partido Francia-Marruecos en su autocaravana. Y junto a ella, a su pies, en el pabellón de deportes Vista Alegre de Garrucha, estaba su perra Negrita.
Estaba ese recinto, junto al Palmeral garruchero donde habitualmente se juega a futbol sala o balonmano, tomado por medio centenar de evacuados del incendio de Los Gallardos y Bédar, con camas portátiles desplegadas y necesser por el suelo; estaba también Barry Clegg, un jubilado británico residente en el Pinar de Bédar antiguo periodista que no quería soltar a este otro periodista, contándole la altura de la lengua de fuego, la incandescencia de los llamas, la lujuria de las pavesas derramándose por la montaña de Bédar. Y esta también Macarena, asturiana, con su hija pequeña, a las que el fuego les ha hecho la faena de estropearle las vacaciones. “Aunque lo podemos contar, eso es lo importante, aquí no estamos tan mal, en Los Gallardos estábamos pasando unos días de vacaciones en un bungalow, pero aquí no están tratando bien”.
Frente a los evacuados, un mostrador de comida donada por Mercadona: bocadillos, zumos, botellines de agua y fruta y al mando Isabel Ramos, presidenta de la Cruz Roja de Vera: “Están llegando muchas donaciones, la gente es muy solidaria”.
Además de Garrucha, Lubrín también habilitó dependencias municipales para los desalojados de Bédar, incluso se tuvo que recurrir al tanatorio de la población. Y también Los Gallardos abrió un recinto para las familias, así como Antas, y en Mojácar, en el edificio de Usos Múltiples el Ayuntamiento montó un centro de ayuda a familiares con atención psicológica.
El Levante almeriense, una comarca que ha sufrido en sus carnes otros incendios de relevancia, como el de Mojácar de hace 17 años, como riadas de tinte histórico, está demostrando su saber estar en estas circunstancias tan adversas en la que han sido abrasados por el fuego 12 persona más ocho heridos y 23 personas ilocalizadas.
El ambiente en los pabellones, con los evacuados esperando el paso de las horas, rezando por la vuelta a la normalidad, se fue atemperando con resignación. Allí estaban también la concejala de Garrucha, Isabel Morales, y la de Turre, organizando la ayuda.
Mientras las llamas en la montaña seguían quemando hectáreas, los refugiados se seguían seguros en ese despliegue de seguridad. Rezan, de momento, para volver a sus hogares de donde salieron con precipitación, con los platos sin fregar y sin coger las medicinas. Antonio, un vecino de Bédar lo explicaba: “No puedo estar muchos días sin mis medicinas que son con receta”.
Almocáizar, Serena, Alvarico, campico y alfaix
En total se han evacuado estos días en torno a 500 personas de los núcleos diseminados de la sierra, de lugares y parajes a veces mágicos, colgados en la montaña, como Serena, Alvarico, Almocáizar o Campico. Los últimos evacuados llegaros al pabellón de Garrucha, más de 200, procedentes de la barriada gallardera de Alfaix, que fueron desalojados de sus viviendas ante el riesgo de que el fuego atravesara la autovía A7