“No es lo mismo estudiar el ébola que enfrentarse a él cara a cara”
La médico Mar Lago Núñez ha tratado en el Carlos III los casos de los misioneros y el de Teresa Romero

La médico Mar Lago Núñez es hija y nieta de almerienses.
Acaban de cumplirse dos meses desde que la auxiliar de enfermería Teresa Romero fuera dada de alta tras superar el ébola. Aún así, el equipo de sanitarios del Complejo Hospitalario La Paz-Carlos III-Cantoblanco de Madrid, sigue en alerta. Se mantienen las guardias localizadas y el contacto con sanitarios que, en cualquier punto del planeta, trabajan para sacar adelante a quienes padecen el virus. Mar Lago Núñez es médico internista en este complejo, hija y nieta de almerienses visita con frecuencia la provincia y estas vacaciones ha hecho repaso de la situación personal y profesional que ha vivido este 2014.
Médico de 50 años, pertenece a la Unidad de Medicina Tropical y ha vivido en primera persona la atención de los tres pacientes con ébola que, de momento, ha habido en España. La dura experiencia ha llevado al límite a muchos sanitarios, reconoce. Lo positivo, dice, que “se ha aprendido mucho de la enfermedad”.
Esta mujer, madrileña de nacimiento pero con raíces en Almería, a donde viene periódicamente, reconoce cómo la preparación profesional y también psicológica de todo el equipo les ha valido para superar la prueba.
En alerta Desde el primer trimestre de 2014 la Unidad de Medicina Tropical del complejo madrileño vivía en alerta (con guardias localizadas) en relación con posibles casos exportados de ébola. Fue en agosto cuando la alerta fue real y recibieron el aviso de que llegaba al centro un afectado por ébola.
“Estábamos muy entrenados y habíamos realizado varios simulacros de fiebres hemorrágicas. Claro que por mucho que uno estudie sobre ébola, nada tiene que ver con encontrarse la enfermedad frente a frente”, dice esta internista.
Conocida la noticia de la llegada del misionero Miguel Pajares, se habilitó “deprisa y corriendo” en el centro hospitalario una planta específica para albergar casos de ébola. El misionero falleció cinco días después. “La enfermedad estaba en un estado muy avanzado y no hay que perder de vista el dato de que el ébola es una patología con una tasa de mortalidad del 70%”, recuerda Lago.
Una vez fallecido, la unidad siguió adelante y en septiembre, volvió a repetirse la alerta. Llegó entonces Manuel García Viejo, repasa Lago, que explica cómo éste falleció también a los cuatro días porque, al igual que el primero, la enfermedad estaba ya en un estado muy avanzado.
El drama de Teresa El caso de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada en el propio centro, fue distinto, “más dramático”. Ha supuesto un mes de hospitalización “intenso” para ella, que ha estado “muy grave”, y para el personal que la ha tratado y la ha conocido como compañera, explica Lago.
“Era la primera vez que alguien se contagiaba fuera de África, es una compañera, se ha contagiado en nuestro centro,... Todo esto causó un gran desconcierto”, relata esta internista que señala cómo el caso se vivió con “tremenda ansiedad”.
“Uno sabe que la va a tratar, que la tiene que sacar adelante sí o sí. La presión es total. Interna y también externa, con toda la presión mediática sobre el caso”, repasa Lago, que insiste en que el mes de octubre fue “duro”. “Ha sido largo y todos los profesionales lo hemos vivido bajo una gran presión”, insiste. Y es que, en el caso de Teresa había agravantes. Ingresó después de días con fiebre en los que había hecho vida semi normal, lo que suponía que podría haber más contagios. “El riesgo era enorme y fueron más de 15 personas las que estuvieron ingresadas 21 días bajo vigilancia”.
“¿Que cómo lo hemos vivido? Yo muy mal. Teníamos apoyo psicológico por parte del equipo de psiquiatría del complejo, que es fantástico. Nos han tratado a diario a los sanitarios y también a los que tenían el riesgo de haberse contagiado. Uno sabe que si se contagia puede morir y eso, pesa mucho”.
Eso sí, tratar a la auxiliar ha sido “totalmente voluntario”, aclara Lago. “Éramos pocos y había muchas guardias así que hemos dormido poco, trabajado mucho y nos hemos involucrado al cien por cien”.
En positivo Eso sí, “lo positivo es que hemos aprendido mucho de la enfermedad. Cómo tratarla, cómo es en realidad. Hemos trabajado en red con sanitarios de todo el mundo. Todos los miércoles celebrábamos una teleconferencia con expertos, hemos aplicado todos los tratamientos experimentales que teníamos al alcance y, a veces, con miedo porque no sabíamos cómo iban a resultar los efectos secundarios”.
“Hemos aplicado suero porque teníamos el de dos misioneras que habían superado el ébola”, señala esta médico que apunta cómo después de esta crisis sanitaria mundial, las vacunas están “ya muy avanzadas”. Se ha aplicado todo lo que se tenía al alcance y todo lo que se ha aprendido, se ha dado a conocer para que en futuros casos o en casos actuales, se sepa cómo actuar, qué ha funcionado mejor, por qué y qué ha fallado y por qué.
A día de hoy, y todavía con la mirada puesta en África, los sanitarios especializados en Medicina Tropical (el presidente de la Sociedad Española es el almeriense Francisco Giménez) entienden que la epidemia se está terminando. Eso sí, “lo probable es que haya otras”.