La reforma del entorno de la Alcazaba saca a escena el antiguo caño de la Polka
El Ayuntamiento exige a los propietarios de la vivienda el saneamiento de la fachada

La fuente de la Polka se ha hecho más visible tras el derribo de las casas de la calle Hércules
El antiguo caño de la Polka ha ganado protagonismo después del derribo de las viviendas de la calle Hércules. Ha pasado del olvido del callejón en el que se encontraba a ocupar la primera línea en ese nuevo escenario que se acaba de abrir después de la última reforma. La familia propietaria de la casa en cuya fachada lateral se encuentra el antiguo caño ha recibido ya notificaciones por parte del Ayuntamiento de Almería exigiéndole el saneamiento de las paredes externas del inmueble, que a juicio del organismo municipal presentan un estado cercano al de ruina.
La fuente de la Polka es el caño de agua más antiguo que se conserva en Almería. Su sombra, sellada en una pared, ha mantenido vivo el espíritu de la vieja fuente que se resiste a desaparecer y que ha estado presente en la vida de varias generaciones de vecinos que han convivido con ella, aunque nunca han visto salir el agua de sus caños. Los niños de hace medio siglo decíamos “vamos a jugar la fuente de la Polka” sabiendo que de la fuente solo quedaba su huella destacando en un suave relieve de la pared. Para nosotros ese viejo manantial seguía teniendo vida y la sigue teniendo ahora cada vez que un grupo de turistas o de caminantes pasan por la esquina y se detienen a echarle una fotografía. Lo que queda del caño nos cuenta una historia, la de un barrio que necesitaba el agua de la fuente para sobrevivir cuando las casas no tenían agua potable.
El profesor Mariano José de Toro y Gordón, ilustre Catedrático del Instituto y célebre notario de la ciudad, ya escribió a mediados del siglo diecinueve, en un tratado sobre fuentes, pozos y aljibes, de la existencia del caño de la Polka. En aquel tiempo, debió de ser de los más importantes porque abastecía de agua a un barrio tan poblado como era el norte de la calle de la Reina y de la Almedina, una gran manzana que empezaba en la Plaza Vieja y se extendía hasta las murallas de La Alcazaba, formando un entramado de callejuelas, patios y plazoletas con una gran densidad de población.
En septiembre de 1885, cuando la fatídica epidemia de cólera dejaba un reguero de muerte y miseria en la ciudad, las autoridades municipales tuvieron que intervenir en el caño de la Polka ya que las aguas estancadas que se iban quedando sobre la tierra después del lavado de la ropa habían creado un foco de suciedad y podredumbre que perjudicaba las severas medidas sanitarias que exigía la lucha contra la epidemia. A comienzos del siglo veinte la fuente de la Polka seguía siendo el caño de agua que le daba vida al barrio, en una época en la que la gran mayoría de las viviendas no tenían agua potable. De los cerca de cuarenta mil vecinos que vivían en la capital de Almería, tan sólo mil cien tenían toma de agua en sus casas, según el censo oficial que elaboró el Ayuntamiento. En marzo de 1899, un vecino de la calle Hércules, don Salvador Torres Aguilar, presentó una demanda en el Ayuntamiento quejándose porque las aguas del depósito del caño de la Polka, al estar completamente lleno, se dirigían constantemente hacia los cimientos de la fachada de su casa, causándole graves desperfectos. Dos años después, en abril de 1901, otra vecina de la calle Hércules, doña Rosa Roca Navarro, se querelló por el mismo motivo, obligando a intervenir a la comisión de ornato, que comprobó los daños que provocaban las aguas acumuladas sobre el terreno. El arquitecto municipal, don Trinidad Cuartara, después de examinar el estado de los caños, realizó un informe en el que para evitar nuevos problemas, ordenó el cambio de emplazamiento de la fontana desde su lugar de origen, en la calle de Hércules, a la placeta que existía delante de la antigua alhóndiga, a espaldas de la Plaza Vieja.