Sanean el solar del edificio del granero, que había sido invadido por los okupas
La Plaza de Castaños sigue esperando las reformas de sus edificios mas representativos

Los okupas se habían instalado en los recovecos de la fachada creando auténticos zulos.
Cuando tiraron la antigua casa del granero de la Plaza Castaños dejando en pie sus fachadas, se tomó la medida de adornar sus restos con retratos de personajes de barrio que se instalaron en los vanos de las puertas y de las ventanas componiendo una curiosa exposición fotográfica que fue bautizada con el nombre de ‘Almería en la Mirada’. La idea era mejorar la estética de la fachada mientras se ultimaban los detalles para poder construir el nuevo edificio que estaba proyectado, un moderno aparta hotel compuesto por dieciséis apartamentos en alquiler, con una espléndida azotea con vistas a la Alcazaba y a las murallas y dos locales comerciales en el piso bajo. Parecía que el comienzo de los trabajos iba a ser inminente, pero dos años después de colocar los murales los restos del edificio siguen sin ver la reforma, convertidos hasta hace unos días en un refugio de okupas que han ido habitando los recovecos de la casa, transformados en auténticos zulos. El pasado jueves, los operarios mandados por la empresa constructora estuvieron adecentando el lugar que estaba convertido en un auténtico basurero y retiraron los cúmulos de basura y de ropa vieja que los improvisados inquilinos habían ido amontonando en el recinto.
No estamos hablando de una casa más del casco histórico. Este edificio era el más representativo del barrio. Fue construido entre 1876 y 1878 sobre el solar del antiguo granero del Cabildo Catedral, del que solo quedó en pie la fachada lateral de poniente. La vivienda era propiedad de don José Molina Sánchez y su construcción fue dirigida por el arquitecto Trinidad Cuartara. Yo conocí el alma de aquella casona en sus días de esplendor. A finales de los años sesenta, sus seis viviendas estaban habitadas y frente a la entrada principal, en el mismo portal, había una pequeña habitación donde vivía la portera, que se buscaba la vida vendiendo caramelos sobre un pequeño mostrador de madera.

Aspecto del solar del antiguo edificio del Granero.
La casa no tenía ascensor y para acceder a los pisos de arriba había que subir una grandiosa escalera de mármol que a partir de la primera planta se abría en dos ramales y cambiaba la piedra por escalones de madera. Las viviendas, por dentro, se llenaban de luz a través de los amplios balcones que daban a la Plaza del Granero y a la calle Escusada. Cada casa disponía de un patio interior donde aparecía la puerta de acceso a las escaleras de caracol que recorrían el vientre del edificio hasta desembocar en el terrao. La fachada trasera, la que daba a la plazoleta de las calles del Niño y de Eusebio Arrieta, estaba llena de grietas, viejas heridas de la guerra civil, cuando uno de los bombardeos que castigaron la ciudad dejó su huella en el edificio. La casa del granero estaba llena de historia, desde los espléndidos balcones del costado de levante hasta los detalles de las fachadas menos visibles nos hablaban del esplendor del edificio. Conserva todavía, en su cara de poniente, algunas de las tolvas por donde salía el trigo que estaba almacenado entre sus muros. Es la parte más antigua del edificio, la que lindaba con el patio del antiguo colegio de San José. Hoy es el lugar de acceso al garaje del piso moderno que en los años ochenta ocupó el solar del citado colegio.
Cinco años después de que saliera la noticia de la compra de la casa del granero para construir en ella un edificio de apartamentos, la realidad nos lleva a un esqueleto de la fachada apuntalado que ha tenido que ser adecentado y desocupado por fuera y por dentro, mientras las obras se siguen retrasando.