Tres meses de hierros eclipsando la monumental fachada de La Catedral
En noviembre empezaron a montar el castillo navideño que se ha retirado esta semana

Los operarios han terminado esta semana de retirar el montaje del castillo.
Allá por las primeras semanas de diciembre, una tarde que cruzaba por la Plaza de la Catedral, me encontré con un grupo de turistas jóvenes de Sevilla que trataba de echarse una fotografía con la monumental fachada del templo como telón de fondo. Fue imposible porque los hierros del castillo navideño lo impedían. Tras pedirme que les echara yo la foto para que pudieran salir todos, uno de los excursionistas me comentó que en su ciudad sería impensable que al ayuntamiento se le ocurriera colocar ningún invento, por muy navideño que fuera, tapando la vista del edificio de La Catedral.
Yo le dije que en Almería somos diferentes, que aquí llenan de hierros la plaza y eclipsan el monumento durante tres meses y nadie protesta, ni los laicos ni los religiosos, como si todo nos diera igual. Es más, ese conformismo tan típico de esta tierra llega hasta el despacho principal del Obispado, donde al parecer ven normal que la fachada del segundo monumento más importante de la ciudad quede completamente absorbida por el protagonismo de un castillo de hierros y luces que no tiene más interés que el ruido de la música y el brillo de las miles de bombillas que lo decoran.
El montaje, que comenzó allá por el mes de noviembre, ha permanecido en pie, tapando La Catedral hasta esta misma semana en que han retirado, por fin, las últimas columnas. La pregunta es si merece la pena renunciar a la belleza del edificio catedralicio por instalar un espectáculo sin un gramo de originalidad ni belleza que solo sirve para que el personal se haga doscientas fotos por cabeza. No estaría mal que los responsables de esta idea, es decir, nuestros ilustres políticos, empezando por la concejalía responsable, se planteara cambiar el decorado para los próximos años y respetar todo lo que se pueda la grandeza de un monumento del que nos deberíamos de sentir orgullos y al que tendríamos que respetar sin concesiones.

La torre de La Catedral entre los hierros navideños.
¿Cuánto dinero ha costado este castillo que nos ha decorado las fiestas dos años seguidos? ¿No sería mucho más rentable invertir una parte de ese dinero en dotar a todas las fachadas exteriores de La Catedral de una iluminación extraordinaria para que luciera como nunca en Navidad? Quizá lo más fácil, a la hora de planificar las fiestas, sea echar mano del catálogo y recurrir a los montajes que se colocan como rosquillas por los pueblos y ciudades de toda la geografía española, que es lo que están haciendo los responsables de festejos. Se puede estar de acuerdo o no con esta forma de planificar y de hacer el trabajo, pero lo que no es admisible y no se puede repetir un año más es que uno de estos artilugios nos los coloquen en una de las plazas principales, tapando la impresionante mezcla de estilos de nuestra Catedral. Además, se suma un problema que también agrava el montaje del castillo, el del estado del pavimento, el sufrimiento de las losas cada vez que montan y desmontan el dichoso fortín navideño. Cualquiera que se dé una vuelta por la plaza podrá comprobar el estado lamentable en el que se encuentra ya una parte del suelo, que está pidiendo a gritos una renovación que pasaría, ineludiblemente, por ser mucho más rigurosos a la hora de hacer montajes en este recinto doblemente sagrado.