Los últimos rincones con alma del viejo barrio de La Caridad
A pesar del ladrillo la barriada del cerro de Las Cruces sigue manteniendo su esencia

La casa más antigua del Barrio de La Caridad, construida antes de la inundación
El Paseo de La Caridad nace en la esquina de la Plaza del Quemadero y termina a los pies de la Rambla de Belén, en la esquina de la finca de Santa Isabel. Era uno de los barrios que mejor conservaba su alma hasta que la fiebre constructora, que no conoce límites, empezó a erosionarlo. La ciudad siguió extendiendo sus brazos como tentáculos de cemento sin dejar un hueco libre y alcanzó hasta los lugares que parecían estar a salvo. Si hace medio siglo las antenas de televisión que se levantaban en los terraos eran el símbolo del progreso que llegaba, ahora son las grúas que inundan el cielo de Almería anunciando más ladrillo, menos espacios libres, más negocio. No existen obstáculos a esta forma de progreso. Se construye cerca del mar, sobre los cerros desprotegidos que formaban parte del paisaje, sobre los barrios antiguos que eran la esencia de la ciudad.
Uno de esas zonas con solera que fue perdiendo su identidad es el barrio que se creó tras la inundación, que se va quedando arrinconado en medio de los nuevos edificios y las urbanizaciones de dúplex y tríplex que lo rodean. De las viviendas de puerta y ventana que concibió el arquitecto Trinidad Cuartara en 1891, apenas quedan diez en pie, algunas de ellas rehabilitadas. El barrio de La Caridad fue proyectado sobre el Paseo que lleva el mismo nombre, en una superficie libre que quedaba entre el Quemadero y la Rambla de Belén. En aquel lugar rodeado de cerros, desde donde se podía ver el mar con nitidez, sólo existía en pie el Cortijo de Fischer. Tras las inundaciones que sufrió Almería en septiembre de 1891, nació este nuevo barrio para acoger a las familias más afectadas que se habían quedado sin viviendas. En noviembre se puso la primera piedra y en el mes de marzo de 1892 se entregaron las primeras veinte casas. Desde su creación, esta zona estuvo limitada por la frontera de los cerros próximos que impidieron que el barrio pudiera ir creciendo hacia el norte, el único espacio libre que le quedaba.
Pero los cerros dejaron de ser un obstáculo y sobre ellos se levantó el nuevo barrio de La Caridad. Las antiguas casas de Cuartara se han ido quedando arrinconadas, aunque todavía es posible encontrar rincones de gran belleza que recuerdan como tuvo que ser el barrio hace un siglo. Aún se mantienen en pie, escondidos entre las piedras del cerro de Las Cruces, el paraje conocido como el Hoyo de los Coheteros y Las Tres Marías, donde uno tiene la sensación de volver atrás en el tiempo. Encima del cerro aparece una urbanización moderna que ha cambiado la fisonomía del barrio. Se trata de cientos de viviendas, dúplex y tríplex, que fueron concebidas hace veinte años como una zona de alto standing. De hecho, el precio de las viviendas más asequibles no bajó de los 35 millones de las antiguas pesetas. Su construcción supuso la urbanización de esa parte de la montaña que ofrece una panorámica privilegiada de toda la franja norte de la ciudad. Desde allí se domina la manzana de la Plaza de Toros, la Rambla y las montañas de La Molineta, el Quemadero y La Fuentecica, así como el Camino de Marín y la Autovía que cruza la ciudad por la Carretera de Enix.
A pesar del avance imparable del ladrillo, a medida que uno se acerca a las inmediaciones del cortijo de Fischer, el Paseo de la Caridad vuelve a mostrar una parte de su esencia, con sus fachadas originales y sus pequeños callejones como el de la Armonía y el Once de Septiembre, con sus viviendas construidas sobre las mismas piedras del cerro y su esencia rural.