La Voz de Almeria

Almería

Llegó la hora de saber quién mató a Javier Verdejo

El Congreso acaba de autorizar la consulta del expediente de un caso similar en Málaga

Manifestación por el asesinato del almeriense Javier Verdejo en 1976.

Manifestación por el asesinato del almeriense Javier Verdejo en 1976.

Manuel León
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La invocada Transición no fue tan modélica para la familia malagueña García Caparrós. A su hijo Manuel lo mataron de un tiro el 4 de diciembre de 1977, cuando tenía 18 años, en una manifestación por la autonomía andaluza. Fue un tiro de un policía armada que le atravesó la piel con una bala de 9 milímetros. “¿Dónde está Manuel?”, preguntaban sus padres, cuando vieron que pasaban las horas y no volvía. El martes que viene, 48 años después de que cayera abatido en los adoquines, sus tres hermanas van a saber la verdad de lo ocurrido: la Mesa del Congreso ha dado luz verde por unanimidad para que la familia del malogrado adolescente pueda consultar íntegramente el expediente relativo a su asesinato que obra en poder de la Cámara, aunque continuará siendo secreto y no podrán divulgarlo. Desde que mató a Manuel, su asesino siguió con una vida normal; desde que murió Manuel, a sus padres y hermanos se les hundió la vida.

Poco más de un año antes, el 14 de agosto de 1976, alguien mató al almeriense Javier con la bala de un subfusil que le atravesó la garganta: alguien que después siguió con su vida escudado en el anonimato, mientras para la familia de Javier, la vida ya nunca volvió a ser igual. No, la Transición no fue tan ejemplar para todos.

Han pasado 48 años desde que aquel chiquillo, estudiante de biología, se quedó con la brocha a medias pintando Pan, T…, echando a correr como el Lute robando una gallina; no, Javier no robaba nada; Javier hacía, esa madrugada aciaga, lo que le salía del corazón -quien no es comunista con 20 años es que no lo tiene- pero se topó con un sanguinario, que creía que en El Pardo nunca se iba a apagar la lucecita. Javier huyó desde una caseta de baño de San Miguel, en El Zapillo, dirección a la playa, pero allí fue abatido a tiros por alguien que no penó ni un solo día por ello. Nadie denunció, las diligencias se cerraron y el informe se archivó por parte de un gobernador malandrín como un desgraciado accidente. Después llegaron las concentraciones en la Plaza de San Pedro, el funeral, las coplas de Rafael Alberti, la canción de José Sorroche, los versos de Juan de Loxa: “Qué mala pata no le saliera el tiro por la culata”.

Almería puede saber ahora, porque el Congreso lo autoriza, como lo ha autorizado a la familia García Caparrós, la verdad de lo que ocurrió aquella funesta madrugada agosteña de plomo y carajillo en la que mataron a un muchacho de Almería por pedir pan, trabajo y libertad, sin haber cumplidos siquiera los 20 años. 

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