La Voz de Almeria

Almería

El retratista de don Vito Corleone

José David Arqueros es un especialista en el retrato sobre la piel

José David Arqueros en el local donde ejerce  su oficio de tatuador profesional, en la calle de Regocijos.

José David Arqueros en el local donde ejerce su oficio de tatuador profesional, en la calle de Regocijos.

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Está convencido que su oficio es un arte, que no se puede ejercer su profesión sin implicarse de lleno, sin disfrutar como si fuera un niño y sin sentir  como en su propia piel el dibujo que está grabando en el cuerpo de un cliente.  Para él, un tatuaje no es un  capricho pasajero, sino su mejor forma de  expresión y una manera de ver el mundo. Entiende el tatuaje como la forma de contar una historia y de expresar un sentimiento, más allá de la estética o de la extravagancia de una moda.


“A mí me gusta tatuarme algo que haya marcado una etapa en mi vida. No me suelo tatuar una figura por el simple hecho de que me guste el dibujo, sino por lo que significa para mí. Suele pasar que si te dejas llevar por las modas después corres el riesgo de arrepentirte”, asegura José David Arqueros, uno de los jóvenes artistas del grabado corporal que están pegando con fuerza en la ciudad.


Si hace apenas diez años había que salir fuera de Almería para encontrar un tatuador profesional de garantías, hoy abundan como flores de un tiempo en el que llevar el cuerpo tatuado se ha convertido en un elemento de distinción, en una manera de expresar la elegancia.


Los que éramos niños en los años setenta conocimos la mala prensa del cuerpo tatuado, cuando grabarse un detalle en el cuerpo, aunque solo fuera una fecha, te condenaba a las galeras de los proscritos. Entonces los únicos que llevaban tatuajes en Almería eran los legionarios que venían de Melilla y los pescadores del puerto que tanto frecuentaban el norte de África, y que como los piratas antiguos, se tatuaban el nombre de la novia en el hombro para estar acompañados en las madrugadas de  soledad.


Aquellos eran tatuajes primitivos donde no había posibilidad para el arte, dibujos rudimentarios como corazones atravesados por flechas y aquella frase tan repetida de ‘amor de madre’. “No se puede decir que haya pasado de moda. A mí me siguen pidiendo el amor de madre y ese  tipo de tatuajes más talegueros que han  pasado a formar parte de la mitología en este oficio”, me cuenta José David.


Él vive del tatuaje y lo vive. Es su oficio y también su vocación. Tatúa y se tatúa. Lleva a su hermana grabada en el cuerpo en un homenaje al arte del retrato, su especialidad. “Disfruto mucho haciendo la técnica del retrato. Siempre he tenido inclinación por el dibujo y hubo un tiempo en el que ejercí de grafitero”, asegura.


Entre sus clientes hay muchos que buscan caras de leyenda, mitos del cine como Marlon Brando o Al Pacino, que parecen estar de moda. “Me gusta mucho retratar mafiosos. Son personajes que requieren una habilidad especial pero que después resultan muy agradecidos en el momento en que están terminados”.


El amor Cada vez son más los que acuden a su taller de la calle de Regocijos buscando una cara, un gesto, una mirada. Hay quien le pide el retrato de su novio o de su novia, una decisión que lleva implícito un riesgo evidente, ya que si el tatuaje tiene la certeza de que es para toda la vida, el amor, está demostrado, suele ser pasajero. “Yo no pongo ninguna pega cuando me piden que les dibuje la cara de  su pareja, pero si lo que quieren es que les grabe el nombre completo les suelo recomendar que lo hagan en un sitio poco visible”, advierte.


José David Arqueros es un maestro de lo que llaman el realismo en blanco y negro. Si usted quiere tener el rostro de don Vito Corleone en su pecho o la mirada de Al Capone, este joven artista puede ser su mejor destino. La figura de el Padrino nunca pasa de moda.También domina con sello personal el retrato del cura  con la cruz del anticristo, una ilustración que suele tener muchos adeptos. Cuenta que hace poco estuvo trabajando en una escultura del dios Poseidón con un barco sobre una pantorrilla. “Suelen ser trabajos muy exigentes en los que llegas a echar varias jornadas de trabajo. Yo tengo por norma no estar más de ocho horas seguidas por sesión”.


El tatuaje pasa por sus mejores momentos, empujado por una moda que ha llegado a través de los medios de comunicación. La presencia en las televisiones de ídolos del deporte y mitos de la música tatuados hasta las cejas ha democratizado esta pasión por la que hoy suspiran miles de jóvenes de ambos sexos. “Es cierto que cada vez son más las mujeres que se  animan a hacerse un tatuaje, aunque mi experiencia personal, al menos lo que vivo en mi taller, me inclina a pensar que todavía son mayoría los hombres en este terreno”, asegura este joven artista de la tierra que decidió colgar el spray de grafitero de calle para buscar el toque artístico de una mirada profunda o la complicidad de un gesto de la boca.


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