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La UE abre la puerta a una nueva generación de cultivos en Almería gracias a la edición genética

Bruselas levanta el freno a su uso en plantas, una medida que podría revolucionar la agricultura

Planta tratada en un laboratorio.

Planta tratada en un laboratorio.Freepik

Alberto Godoy
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Bruselas ha dado un paso histórico para la agricultura y la biotecnología: tras años de retraso tecnológico frente al resto del mundo, los agricultores europeos finalmente podrán utilizar plantas editadas genéticamente. Estas variedades están mejor adaptadas al clima, son más resistentes a las plagas y ofrecen un mayor rendimiento, una práctica que la mayoría de los países ya aplicaba desde hace años. Aunque el camino ha sido largo, este avance marca el inicio de una nueva etapa.

El punto de inflexión ocurrió el pasado mes de junio, cuando el Parlamento Europeo rechazó, una a una, todas las enmiendas que pretendían frenar esta regulación. Juan Capel, catedrático de Genética de la Universidad de Almería, destaca la importancia de este cambio normativo: según explica, la nueva ley permite diferenciar la edición genética de los transgénicos tradicionales, lo que abrirá una vía mucho más rápida y ágil para mejorar los cultivos.

La base del cambio

"La Unión Europea ha liberado las limitaciones porque ya no se considera transgénico", explica, en referencia a las plantas obtenidas mediante determinadas técnicas genómicas. Capel insiste en que la diferencia entre edición genética y transgénesis es clave. Según detalla, la edición genética permite introducir cambios muy precisos en el ADN y, una vez separado el componente transgénico utilizado para hacer la edición, el resultado puede ser indistinguible de una planta obtenida por mutación natural o por mejora clásica. "Una planta editada genéticamente es indistinguible de una que hubiese ocurrido por azar", afirma. Esa idea, según él, es la base del cambio regulatorio europeo.

El catedrático sostiene además que el marco anterior generaba un agravio competitivo. "En Europa no se estaba ni siquiera invirtiendo en ese tipo de mejora", lamenta, al comparar la situación comunitaria con la de otros países donde estas técnicas ya se estaban aplicando y comercializando. En su opinión, la nueva normativa puede reactivar la investigación y hacer más atractiva la inversión privada en mejora vegetal.

Impacto en Almería

Para Almería, el debate tiene una dimensión especialmente relevante. Capel lo vincula directamente con la agricultura intensiva de la provincia, muy expuesta a plagas, enfermedades, calor y escasez de agua. En ese contexto, explica que la edición genética puede acelerar la obtención de variedades más resistentes o mejor adaptadas. "La mejora va a ser más rápida", resume, porque, según señala, rasgos que en la naturaleza podrían tardar millones de años en aparecer pueden obtenerse mucho antes en un laboratorio.

El investigador pone ejemplos concretos para trasladar esa idea al campo. Recuerda que cultivos como el tomate son fácilmente transformables y que en otros países ya se han comercializado productos obtenidos por edición genética. "En Japón ya se están comercializando productos de edición genética", apunta, citando el caso de tomates con mayor contenido en GABA. Su lectura es clara: si ahora el producto final puede entrar en el mercado con una base regulatoria más definida, las empresas tendrán más incentivos para desarrollar nuevas variedades.

Capel también subraya que el cambio puede beneficiar a un sector que necesita respuestas rápidas. En sus palabras, la nueva normativa puede hacer que "se aceleren muchos programas que antes nadie quería hacer". Esa aceleración, añade, no solo afecta a los centros de investigación, sino también a las empresas de mejora vegetal y, a medio plazo, al propio agricultor.

"No hay que tenerle miedo"

Más allá del efecto económico, Capel trata de rebajar el ruido que acompaña a estas técnicas. "No hay que tenerle miedo a la edición genética", sostiene, porque, en su opinión, muchas veces el rechazo nace de confundirla con la transgénesis tradicional. Según explica, el problema es que la palabra "transgénico" arrastra connotaciones negativas que no siempre responden a un análisis científico riguroso.

También recalca que en la naturaleza se producen cambios genéticos de forma espontánea y que la mejora clásica ya ha aprovechado durante décadas esas variaciones. Por eso, en su planteamiento, la edición genética no rompe con la lógica de la mejora vegetal, sino que la acelera y la hace más precisa. 

Capel advierte, eso sí, de que la regulación europea mantiene límites. Entre ellos, menciona que no se podrán usar ciertas modificaciones relacionadas con la resistencia a herbicidas y que la agricultura ecológica sigue fuera de este marco. También explica que Europa conserva una fuerte exigencia de trazabilidad, algo que, a su juicio, protege al sistema comunitario frente a usos poco transparentes.

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